Todavía estamos en shock.
Todos. El duelo no ha sido elaborado. De modo que era previsible que
el Boca que saliera a cumplir en la cancha de Lanús iba a ser un
grupo disperso, vacío, entregado a su suerte. Estuvimos para el
desastre y haber terminado llevándonos un punto obsequiado por el
rival no dio más que para dar las gracias e irnos silbando bajito,
manos en los bolsillos.
Un minuto y ya
estábamos abajo. Por añadidura, como consecuencia de una cagada
enorme. No se puede entender qué quiso hacer el Chiqui Pérez ante
ese pelotazo fácil de Gómez, si la quiso dejar pasar o si calculó
mal, lo cierto es que por detrás apareció el Laucha Acosta, con
Marín y Orion muy desarmados y nos vacunó de entrada.
Mientra estuvo en la
cancha, se nos hizo un problema insoluble, el Laucha. Pensar que ese
muchacho, en el tiempo que estuvo con nosotros, se desgarraba cuando
bajaba del micro y no le hacía un gol ni al Arco Iris.
Seamos conscientes de
que en los noventa minutos, se jugó como quiso Lanús. Cuando
apretaron, daba la sensación de que nos pasaban por arriba. Cuando
nos dejaban la pelota, estaba latente la posibilidad de que nos
acostaran con el primer contraataque bien urdido.
Nosotros tuvimos, en el
primer tiempo, una en la que el Chapa Fuenzalida recibió en el área
pero giró al revés, se enredó y perdimos. Después, un arranque de
Jony Calleri por derecha, centro pasado, el Pachi Carrizo demoró una
barbaridad en acomodarse y decidir qué iba a hacer y al final, el
Puma Gigliotti disparó una masita.
Jony y el Chapa fueron
de lo más rescatable que tuvimos. Pachi fue el que más se movió pero eternamente acelerado, confuso.
En cuanto al Puma, en fin, se entiende que el Vasco haya querido
darle una revancha pronta. No es que uno avale esa bandera que le
pusieron en Casa Amarilla pero va a ser difícil que el Puma encuentre
el camino del retorno, tuvo una “gaffe” de esas de las que no se
vuelve. Trascendió que lo pretende el propio Lanús. ¿Lo envolvemos
en celofán y lo atamos con una cinta azul, moño grandote?
Nos habían volteado en
el primer round y nos aplicaron lo que parecía el KO, el tiro de
gracia en otro momento clave, al borde del final del primer tiempo.
Es verdad que Lanús movió muy bien la pelota con participación de
varios jugadores pero... ¿dónde estaban los nuestros? Y, se habían
quedado en el vestuario visitante del Estadio Antonio Vespucio
Liberti (también llamado maliciosamente “Estadio Teniente General
Jorge Rafael Videla”). Romero nos apareció por la derecha sin
nadie que lo molestara, la puso al medio y llegó otra vez el Laucha.
¡Dos goles en 45 minutos nos hizo el Laucha! ¡Y no se desgarró!
En la segunda mitad
Lanús pensó en eso que les encanta a todos los equipos del mundo:
nos prestó la bola para que nos desgastáramos y esperó para
clavarnos la última banderilla. Anduvimos cerca del área de ellos
por mucho tiempo y algunas tuvimos pero de ellos fueron las más
claras. Por ejemplo, esa que el Laucha tiró por arriba del
travesaño. La mejor nuestra, la más elaborada, fue esa que mandó
Insúa desde la izquierda, dejó pasar Jony y terminó con zurdazo
bajo de Pachi al lado de un palo. También, poco antes, un cabezazo
desviado de Fuenzalida. La más difícil que tuvo Orion fue... ¡un
cabezazo del Chiqui Pérez! Gran esfuerzo le demandó a Agustín
mandarla al corner. ¡Ay, mamá!
Los ingresos de
Cristaldo y sobre todo de Luciano Acosta fueron, en cierto modo, un
revulsivo. Se fueron el barullero Pachi y el siempre inexpresivo, el
frígido Castellani. Pueda ser que Lucianito retome el buen camino,
últimamente nos había desencantado. Hasta estuvo cerca del gol con
un cabezazo, Luciano, tras una mala salida de Marchesín.
La jugada del primer
gol nuestro la comenzó Luciano, la siguió bien Calleri, con
diagonal hacia afuera, pausa y descarga. Muy buen zurdazo de Pochito
Insúa, después de fabricarse el espacio con una finta. Linda
definición. Lástima lo que iba a pasar después con Pochito. A
continuación del gol contamos con un tiro de Cristaldo desde afuera
que sacó al corner Marchesín.
El dato fundamental del
segundo tiempo, la primera explicación del resultado final fue el
cambio que metió Guillermo a los 34 minutos: adentro Somoza, afuera
el Laucha. Mensaje inequívoco, bajamos la persiana, aguantamos, no
se juega más. Puede salir pero cuando no sale, el técnico queda
como el boludo de la película, querido Guille.
El partido pudo haberse
terminado con ese tiro de Romero en el palo, después de que Cubitas
tocara para atrás con todos los del fondo yendo hacia adelante,
forzando la salida desesperada de Orion. En los últimos días más
de un cofrade me ha hecho conocer su opinión en cuanto a que contra
River debió haber estado Cubas. La idea sí que era seductora pero
implicaba un riesgo para el propio chico, Cubas es muy nuevito,
recién está saliendo del cascarón. En Lanús vimos la peor versíón
de Cubitas que hayamos conocido, el partido se lo llevó puesto.
Imaginemos que ese regalito que le hizo a Romero lo hubiese hecho en
la cancha de River y hubiese finalizado en gol, ahora estaríamos en
presencia de un caso de mortalidad infantil.
Quedamos adentro del
microondas con la expulsión de Insúa por un patadón a Benítez.
Impotencia, descarga de tensiones, exceso de revoluciones, es humano
pero nos dejaste con diez, Pocho. Si te bajás de la moto, estarás
en condiciones de ser un jugador mucho mejor del que sos.
Por cierto, no era de
esperar que un minuto más tarde, a los 41, empatáramos. Muy buena
corrida de Luciano, aprovechando el espacio que le dejaron Araujo y
Somoza para irse derechito al área. Es de valorar que no sucumbió a
la tentación de terminarla él sino que miró y la tocó al medio
para que Jony, que llegaba, nos abrazara a ese 2-2 ni soñado y ya
inamovible.
….........
El sábado fui a la
cena anual del Departamento de Cultura en que se celebraban los 50
años del título del 64 (estuvieron el Rata, Silvio y el Loco
Pianetti) y los 25 de la Supercopa del 89 (estuvo Juan Simón).
Martucci habló en nombre de la conducción del club con una euforia
que por un momento me hizo pensar que nos habíamos clasificado
finalistas de la Sudamericana. Y un periodista partidario de
discutida reputación casi que le arrebató el micrófono a Tato
Aguilera, maestro de ceremonias, arengó a cantar por “el Vasco y
su ballet” y prometió que en 2015 ganamos la Libertadores. Le tomo
la palabra.
EL
BOLETÍN: ORION 5, MARÍN 3, CHIQUI 2, FORLÍN 4, INSÚA 4,
FUENZALIDA 5, CUBAS 3, CASTELLANI 3, CARRIZO 4, CALLERI 6, GIGLIOTTI
3 (FI), CRISTALDO 5, LUCIANO ACOSTA 6, JOEL ACOSTA NC.
Siguen prometiendo boludeces, no aprenden más.
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