Empecemos por los penales, que al cabo fueron lo más importante. Salvo Albín, que pateó realmente mal, muy bien todos. Seguros, firmes. Barovero no estuvo ni cerca en ninguno. Ustari había elegido la izquierda, acertó con el primero, sólo cambió para el quinto para ir a la derecha y estuvo muy cerca. El último, el de Rojas, lo atajaba yo. El volante de ellos se perfiló de modo que era casi imposible que la mandara a la derecha, estaba cantado, tomó muy poca carrera, le salió una masita.
Sigamos por las formaciones. Ellos con los titulares, nosotros con los suplentes. Los aguantamos y después, les ganamos en los penales. Salió redondo.
Continuemos con las propuestas. Boca salió, en primer término, a que no le llegaran. Lo logró. Salvo la primera jugada del partido, que desperdició Funes Mori y que tomó a Boca muy mal parado, ellos no encontraron la fórmula jamás. Sólo puede contarse como de cierto riesgo ese cabezazo desviado del primer tiempo y un remate desde lejos que Ustari controló muy bien. River quiso jugar pero no pudo, no lo dejamos. Vale.
La certeza de que la premisa era mantenerlos lejos del área nuestra la dan dos hechos. Bianchi puso sobre la derecha dos cuatros, Albín y Aguirre, como para que Vangioni y Bottinelli no nos crearan los problemas que habíamos tenido en Mar del Plata. Del otro lado, Nico Colazo, que es un volante de todo el carril, esta vez casi nunca pasó tres cuartos de cancha.
Se jugó como Boca quiso que se jugara. Solamente en un tramo del comienzo del segundo tiempo perdimos el control, tuvimos que correr detrás de la pelota, pareció que Sánchez nos podía complicar por el lado de Evangelista. Rápidamente se volvió a lo anterior, el equipo muy bien parado por detrás de la línea de la pelota, compacto, achicando hacia atrás, sin dejar espacios.
Buen trabajo de Pichi Erbes, que desechó un vagón de guita para no ir a cagarse de frío en Rusia, sabe que va a tener oportunidades y que si no le pasa nada malo, en un futuro próximo podría tener otra posibilidad europea pero con un destino más atractivo. Pichi, como en el final del año pasado, sigue jugando mejor que Somoza. A Pol, como doble cinco, le costó encontrar la posición pero lo compensó con esfuerzo. Después, cuando pasó a la banda, se sintió más cómodo.
Bianchi viene dándole pista al Yagui Bravo. Cuando juguemos sin enganche, porque Carlos ya avisó que el único que tiene en el plantel es Paredes, va a haber lugar para Bravo, un cinco prolijito, armador, tipo Gago o Banega.
Llegamos una sola vez en los noventa minutos. Esa del segundo tiempo. Pol no definió porque no la esperaba, no pensó que iba a fallar Vangioni ante ese centro llovidito que mandó Evangelista desde la izquierda y permitió que Barovero se la manoteara. A continuación, Pichi le pegó como tenía que pegarle, Vangioni se la sacó en la línea.
En el resto del partido, nada. Bianchi dijo después que le había gustado el primer tiempo de Nico Blandi. Él sabrá. Para este gil que escribe, Viatri y Blandi fue como si no estuvieran. Puede que Nico haya tenido más participación pero el mismo peso, cero. La responsabilidad no ex exclusiva de ellos. El equipo estaba formado para la espera y a los dos delanteros les quedó el partido a contramano.
En fin, con poco nos llevamos una satisfacción. Nadie podrá discutir que fuimos con suplentes a jugarles a los titulares de ellos y nos trajimos la Copa. A Córdoba, el sábado que viene, seguramente irá la base que jugó contra Independiente en Mar del Plata. Queremos volver a ver al Burrito Martínez en ese nivel, a un Boca que sea profundo en ataque pero que mantenga la consistencia defensiva que mostró en Mendoza y que no había tenido en ninguno de los tres partidos anteriores. ¿Será mucho?
miércoles, 30 de enero de 2013
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