lunes, 29 de octubre de 2012

DE LA GALERA

   ¿Por qué no perdimos este partido? Porque ellos son River, nada más. Inútil será buscarle causas más racionales, acudir a la lógica, analizarlo intelectualmente para llegar a conclusiones inteligentes. Les empatamos a los 91 minutos un partido que teníamos perdido desde que empezó porque ellos son River y nosotros somos Boca. Así de fácil.

   ¿Y qué? ¿Vamos a desmenuzar ahora que, una vez más, no jugamos a nada? ¿Qué salimos dormidos? ¿Qué al minuto estábamos 0-1 porque ni Orion ni Falcioni deben haber visto el gol que le hizo Ponzio a Godoy Cruz, igualito, hace veinte días? ¿Qué estuvimos todo el tiempo al borde del precipicio? ¿Qué si ellos hubiesen tenido un Riquelme que les manejase la caja de cambios nos mataban? ¡Noooooo! Les empatamos el partido que esperaban desde hace un año y medio y ahora, como dijo Pochi Chávez, van a tener que esperar seis meses, por lo menos. A otra cosa.
   Si se avivaban de tirarle más y mejor la pelota larga a Mora para que el Flaco Schiavi lo corriera, era goleada y el Flaco se iba a bañar antes. La defensa era un tembladeral, como se decía antes. Los volantes no la protegían, tal como viene siendo constante. Y de armar juego, bueno, mejor ni hablemos. ¿Cómo vamos a jugar si nunca tenemos la pelota?
   El primer tiempo fue todo de ellos pero ojo: fuera del gol, el único peligro concreto fue ese corner en que Orion salió como el orto, le quedó a Trezeguet y providencialmente (otra antigüedad de esas que me gustan) le pegó al Flaco Schiavi y terminó en otro corner. Después, todas insinuaciones, jugadas que pudieron haber sido y no fueron. Iban siempre a 120, no tenían pausa y entonces, claro, tampoco tenían precisión.
   ¿Y nosotros? Esa que le quedó atrás al Gordo Sánchez Miño, porque él también se pasó de revoluciones, y el cabezazo de Viatri que fue una masita.
   Se creyeron que en el segundo tiempo nos liquidaban de contra. Es lo más fácil. Es una tentación que rara vez resiste cualquier equipo del mundo, quizá la excepción sea el Barcelona. Vení, exponete, gastate y dejame espacios. Ponzio, que en el primer tiempo era el patrón del medio de la cancha, metió la colita veinte metros más atrás. Y nosotros con pelota y setenta metros de cancha, como si estuviésemos jugando contra San Martín de San Juan en La Bombonera.
   ¿Qué hacemos? Mejoró mucho Pochi Chávez, antes desaparecido. Se movió, la pidió, se la dieron. Pero chocábamos. Si ya sabemos que nos cuesta una barbaridad quebrar a los equipos que nos esperan. Entró el Laucha Acosta por Clemente, el Gordo Sánchez Miño quedó con toda la franja izquierda para él pero no había soluciones. Apenas ese cabezazo de Viatri, por centro de Pochi, a poco de la reanudación. El Laucha no tenía juego, me hizo acordar al Chelo Delgado contra Bayern Munich en el 2001, se tiraba, lo hizo dos veces, no se le ocurría otra cosa.
   El segundo gol de ellos fue demoledor no sólo porque la diferencia de dos parecía inalcanzable a veinte minutos del telón, sino porque fue una jugada con todas las luces, seguramente la única bien combinada y terminada de toda la tarde. Somoza perdió con Trezeguet, Colazo perdió con Sánchez y Orión perdió con Mora. Otra vez a Nico Colazo, cuando salió Sánchez Miño por lesión, lo mandaron al muere, de lateral. Recién había entrado, para colmo, estaba frío y por el lado de él llegó el gol. Hubo otra en que entre él y Burdisso se las arreglaron, sobre un rincón, para perder la pelota y que Mora se les fuera. Nico no puede jugar de lateral, Falcioni.
   El penal que nos devolvió la vida, que reconectó el respirador y que llegó a poco del segundo de ellos se produjo porque ellos se distendieron, ya estaban festejando. El patadón de González Piriz a Acosta lo pega de boludo, estaba distraído, ni se había dado cuenta de que el Laucha andaba por ahí y le iba a aparecer de atriqui. Lo pateó bien, el Tanque, sin dubitaciones pero igual, no servía para nada. Perdíamos en todos lados.
   No entendí bien por qué Falcioni lo sacó a Pochi. Tal vez lo vio cansado. Perdido por perdido, este gil que escribe hubiese apostado por Blandi. En una de esas, con un bochazo, quién te dice… En cambio, otra vez Leíto Paredes, que no venía resolviendo nada en ninguno de los últimos partidos que le dieron… Pero se equivocó este gil que escribe, nobleza obliga. Leíto manejó muy bien, pero muy bien la última pelota del partido. No se apuró, se tomó todo el tiempo necesario. La tentación era la bocha frontal al área y seguramente la hubiese sacado Pezzella, como a lo largo de toda la tarde. Leíto esperó, amagó dos veces y la abrió para el Laucha. Ya ahí era otro cantar porque el Laucha estaba más de costado, así fue que pudo poner la pelota para que el Tanque ganara de arriba y la bajara. El Tanque no hizo mucho pero fue capital en las jugadas de los dos goles. ¡Y apareció Erviti! Corre como un condenado, Walter, no se para nunca. Uno siempre pretende que corra menos y juegue más, que él puede pero bueno, por esta vez, ese Usain Bolt que lleva dentro le permitó surgir como un fantasma en el área de ellos (que se ve que ya estaban con la cabeza puesta en la joda posterior), llegar antes que Barovero y dejarlos mudos.
   ¡Cómo quedaron! Toda la tarde de ellos, un solo minutos para nosotros y empate final, a cantarle a Gardel. El campeonato pareciera que se nos terminó. Cómo vamos a hacer para ganarle a San Lorenzo y a continuación, en seguidilla mortal, a Colón en Santa Fe, Newell’s, Vélez en Liniers, Racing, ése es otro tema. Ni hablar de 2013, quién se queda, quién se va, a quién traemos. Por ahora, gocemos con este módico polvito de levantar dos goles y empatar a los 91, tras estar perdiendo desde el 1, en el gallinero. Es lo que hay.
   Fui temprano a la cancha, a ver la Reserva (rico aperitivo el gol de Orfano). Subte hasta Cabildo y Congreso y después, caminata en medio de la marea humana ataviada de blanco y rojo. Me fascina infiltrármeles, observarlos, escucharlos. Mi cara de viejo boludo es ideal a tales efectos. ¡Iban tan esperanzados, tan gozosos! A la salida me esperaba un remís. Nos quedamos hasta que estuvo el camino despejado. Se iban alterados, crispados, desencajados. Un gilito que iba con la novia, para descargar, no tuvo mejor idea que putear a una mina de la policía porque no lo dejaba pasar. Le metieron ese pimentón en aerosol en los ojos, lo cagaron a palazos y se lo llevaron de los pelos. ¿Cómo habrá pasado la noche? Y bueno, que se joda por gallina.

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