La mejor noticia es que, futbolísticamente,
este verano está terminándose. Y la peor, al margen de la nueva derrota ante
los que te Jedi, que el domingo próximo empieza el campeonato.
Bianchi dice que “jugamos mejor
que River” porque se quedó con ese buen pasaje del primer tiempo en que
presionamos bien, recuperamos rápido y llegamos. Pero sigue la flojedad de la
defensa y así, ni se puede ni se va a poder.
El mejor jugador de Boca a lo
largo de todo el año pasado, Orion, se come un gol antes de los diez minutos de
juego. Le puede pasar a cualquiera pero en fin, si empieza a fallarnos Agustín,
estamos fritos. Por otra parte, siguen cabeceándonos demasiado, siguen doliéndonos
demasiado las pelotas paradas (poco después del primer gol casi nos meten
otro).
Tenemos dos marcadores de punta
que no paran a nadie. A Grana, lo encaran y lo pasan. No marca bien y además,
como jugamos con dos cinco y el que tiene que achicar delante de él es un
delantero, queda desprotegido (eso no lo excusa).
Lo que hizo Zárate previo al
segundo gol es un horror. Era pelota de él y permitió que Carbonero lo pasara
por arriba. Encima, desde el suelo miró al referí como pidiéndole auxilio
(porque foul no hubo). Bianchi ha decido darle la titularidad a Paquito pero
está muy lejos del pibe que pintara bien cuando apareció.
Más allá del imperdonable error
de Zárate, ni el Cata ni Forlín pudieron solucionar el problema, la jugada los
tomó mal parados y terminamos comiéndonos un gol muy parecido al de Menseguez
en Córdoba, con un delantero solo ante el arquero nuestro y los defensores
totalmente fuera de combate.
Bien el Burro Martínez, de lo
mejor que le hayamos visto en Boca, sobre todo en el primer tiempo. Por fin
hizo lo que necesitamos de él: encarar y pasar. Tiene que ir más seguido por
afuera, sin diversificarse tanto en la lucha por el medio. Porque hubo un largo
pasaje del primer tiempo en que quien apareció por el lugar donde lo queremos al
Burro fue Sánchez Miño. Tibiecito, el Gordo. Le faltó decisión para aprovechar
un par de ocasiones que tuvo.
Gago, en el segundo tiempo, le
puso una asistencia a Fragapane que fue magistral. Fue lo mejor de él. Pero
sigue apareciendo poco, Gago. No se hace dueño, no marca el compás. En
definitiva, hace el mismo trabajo que Pablito Ledesma, correr y meter cando de él,
lo primero que queremos, es que juegue.
Todos coincidimos
en que a Gigliotti se le está haciendo difícil porque, con este sistema, suele quedar
muy solo. Pero se lo ve contrariado, no se mete en el partido, no la pelea, se resigna
fácil.
Cuatro partidos
en el año (contando el de Estudiantes) y al equipo no se lo ve por ningún lado.
Defensivamente es débil y en ataque, bueno: en 360 minutos llevamos dos goles, uno
de tiro libre (el de Sánchez Miño a River en Mar del Plata) y este de anoche, buena
idea del Cata patear desde afuera como venía
pero se lo comió Barovero, para no ser menos que Orion.
Entró Fragapane, se movió mucho
pero cuando pisó el área, se diluyó. No deja de ser una señal a tener en cuenta
que Bianchi haya hecho un solo cambio en un partido que perdíamos. Pero esto
también ya lo expresamos: miramos e3l banco y no encontramos a nadie que pinte
como para salvarnos, como para revolver un partido.
El torneo
Final nos espera, Newell’s en Rosario es una materia de las más bravas y el Boca
que queremos parece una utopía. Somos los que estamos y habrá que arreglárselas. No hay razón para ser optimistas.
Una de las cosas buenas de ayer fue el enroque de bandas entre Sanchez Miño y Martinez. Una cagada el resultado, estábamos bien justo antes de cada gol de ellos. Me quedo con la vergüenza que demostró el equipo, pero siguen habiendo errores individuales absurdos.
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