Les tenía ganas, a estos. Los tenía atragantados. En la Copa Sudamericana les perdonamos la vida en La Bombonera, en un partido que tendríamos que haber liquidado por dos goles y después nos quedamos afuera. Hacía mucho que no les ganábamos de locales. Y además, por sobre todo, antes de morirme a estos los quiero ver en la B. Me faltan estos y el Real Madrid de Liniers (estuvo en la B pero me lo perdí, no había nacido).
Reincido en un concepto expresado semanas atrás: partido bárbaro pero preferiría que los partidos fueran un poquito peores y Boca, más confiable. El equipo es demasiado irregular a lo largo de un mismo partido y queda muy expuesto. Argentinos ya había descubierto que el negocio es atacar a Boca a espaldas de Albín e Independiente repitió la receta, con el agravante de que Ferreyra es un tipo muy peligroso si se le dan tantas ventajas. El uruguayo es mejor yendo que volviendo pero el problema no es sólo él. No se complementó bien con Rivero, que no lo cubría y entonces, tal como en el primer tiempo con Argentinos, tenía que cruzar el Flaco Schiavi. Y el Flaco, que siempre fue lento, ahora está al borde de los cuarenta años. Hay que evitarle los espacios grandes, él tiene que imponer presencia en el área pero salir lo menos posible. Ese es un problema táctico.
Independiente se perdió varios goles en el primer tiempo. Agradezcamos que Farías y Rosales estaban torcidos, agradezcamos ese tiro de Battion que le pegó providencialmente a Schiavi después de una muy mala salida de Ustari, apenas comenzado el partido. Al final, el gol de ellos lo tuvo que hacer Caruzzo en contra. Y llegó por donde tenía que llegar, Ferreyra se metió por la izquierda de ellos, la derecha nuestra e hizo un desastre.
Menos mal que, como contra Argentinos, empatamos enseguida. Gran centro del Gordo Sánchez Miño, implacable cabezazo del Tanque Silva.
Sánchez Miño volvió a jugar un partido imponente. Las hizo todas. Ya en los primeros minutos había tenido esas dos, la primera que le picó a Navarro y que salvo Ferreyra y poco después, esa que le tapó Navarro, porque tardó un poquito en afirmarse para patear. Arrancó el segundo tiempo, robó esa pelota que le dejó servida Fredes y no dudó, se fue derecho al arco y resolvió con un latigazo. Sánchez Miño es la mejor noticia de 2012, un jugador que no para de crecer.
En general, en una primera lectura muy superficial, podría decirse que Boca atacó bien y defendió mal. Y quede claro que tanto la función ofensiva como la defensiva son responsabilidad de los once jugadores. En el fondo se sintió la falta de Burdisso, Caruzzo no es lo mismo y en esto nada tiene que ver el gol en contra, que fue una desgracia. Ya nos hemos ocupado del agujero que teníamos en la zona de Albín-Schiavi-Rivero y eso se mejoró en el segundo tiempo, cuando el uruguayo salió menos desde el fondo y Rivero jugó más cerca de él.
Movió la estantería Falcioni e hizo lo que desde aquí proponíamos la semana pasada, porque parecía lo más seguro: pasar al 4-4-2. Pablito Ledesma y Pochi Chávez tenían que salir. Ahora bien, más allá del resultado, está claro que el equipo no tuvo solidez. Somoza, que lo mejor que tiene es su condición de jugador táctico, que se para bien, que cierra espacios, no está pasando por un buen momento. Y sigue dividiendo muchas pelotas. Erviti fue doble cinco pero muy suelto. La mitad de la cancha, en el primer tiempo, la manejaron ellos. Boca equilibró en imagen, precisamente, porque atacó bien. Porque fue con Albín y Rivero por un lado, porque fue con Sánchez Miño y Clemente por el otro, porque Viatri se movió muy bien (metió dos pelotas estilo Román) y porque el Tanque obligó siempre.
En el segundo tiempo hubo correcciones y hasta los veinte minutos Boca parecía tener la situación bajo control pero en el tramo final se desacomodó. Cedió mucho la pelota, retrocedió muchos metros, los dejó crecer. Se complicó. Pero bueno, ganamos y seguimos mirándolos a todos desde arriba.
Semana movidita. ¡Cómo les damos pasto a las fieras! No hay nadie -nadie- más riquelmista que este gil que escribe. Pero por si quedaba alguna duda, el viernes nos convencimos todos de que Román se fue para siempre. Ya lo lloramos, hay que seguir. Yo me resisto a creer que Falcioni se las tenga jurada a los amigos de Román, no puede ser tan boludo de moverse el piso solo. Hay que tener cuidado. Las declaraciones de Clemente, el otro día, no ayudan. Yo también creo que en el plantel hay gente, como el propio Clemente o Viatri, que tendrían que ser subcapitanes antes que Somoza pero bueno, la designación del capitán es facultad del técnico y lo que se tenga que decir, que se diga de las puertas para adentro, nada más. Me gustó lo de Somoza: “yo soy jugador de Boca, no de nadie. Yo vengo, me entreno y juego”. Eso, viejo.
Quiero creerle a Falcioni, me esfuerzo por creerle que la salida de Clemente fue un malentendido. Pero también, Clemente se ve que está intranquilo. No es que lo sacaron en el primer tiempo en un partido que se estaba perdiendo, lo cual, en los códigos futboleros, significa incendiar a un jugador. No, salió en el rato final de un partido que Boca ganaba. ¿Cuál es el problema? ¿No puede salir nunca, Clemente? ¿El técnico no puede haberlo visto cansado? Pero está claro que Clemente viene cargado.
También, Román se podría dejar de joder. No era necesario que saliera a decir que Clemente “es el mejor jugador del país”. Quiero creer que lo dijo sin segundas intenciones. Quiero creer que fue una casualidad que, dos días después, Falcioni lo sacara a Clemente antes de terminar el partido. Quiero creer que el hecho de que Paredes no estuviera en el banco no tiene nada que ver con que Román lo proclamara su sucesor. En realidad, para enganche, en el banco, estaba Chávez. Quiero creer que todos actúan de buena fe. Quiero creer…
lunes, 17 de septiembre de 2012
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