¿Cómo dijo que se sentía Román? ¿Vacío? Bueno, vacío se siente uno después de un partido -otro partido- como el de ayer. Un desastre. En los noventa minutos Boca no contó con una sola situación de gol que surgiera de una maniobra bien pensada, elaborada con prolijidad, con asociación de jugadores, con coordinación de movimientos.
En el segundo tiempo el arquero de ellos tuvo bastante trabajo pero fue por zapatazos desde afuera (el de Sánchez Miño, el de Albín) o por centro y cabezazo (los de Viatri, el de Silva, el de Schiavi). Recursos tan válidos como cualquier otro pero por sí solos, insuficientes. Porque si no se encuentra la fórmula para desequilibrar a una defensa jugando por abajo, juntándose, haciendo correr la pelota, nunca se va a llegar muy lejos.
Estamos mal pero vamos peor. Podemos pensar que perdimos sólo dos partidos de nueve, que en La Bombonera estos fueron los primeros puntos que se escaparon, que estamos a dos puntos del primero. Pero no nos mintamos. Jugando como lo ha venido haciendo a lo largo de todo el torneo, Boca no tiene chapa.
Otra vez, como con Argentinos y con Independiente, empezamos perdiendo y tuvimos la suerte de empatar relativamente pronto. El Flaco se sacó la mufa y lo gritó a los cuatro vientos, después de cometer ese penal de bruto y después de patear afuera el suyo por querer apretarla demasiado contra el palo. Nos quedaba todo el segundo tiempo y estábamos once contra diez, de locales cotra uno de los peores equipos de la categoría (digamos las cosas por su nombre). Y nada, no pudimos.
Falcioni hizo bien los dos primeros cambios. Chávez y Paredes para ver si la pelota empezaba a correr como se debe. Afuera Somoza, algo que viene siendo reclamado por muchas voces. Afuera el Burro Rivero, que desde que volvió a la titularidad no aportó ninguna solución. Erviti de cinco, una apuesta a la que va a haber que darle más continuidad porque no hay mejores soluciones a mano. La intención de que habló Falcioni, de juntar a Albín-Pochi por un lado y a Clemente-Sánchez Miño por el otro se vio clara pero no produjo nada. Porque se terminó siempre con un centro o con un bombazo desde lejos. No hubo circuitos colectivos que sirvieran para desacomodar a los que defendían. Los sanjuaninos esperaron siempre bien paraditos, tranqui.
El tercer cambio no se entiende bien o sí, perdón, se entiende demasiado bien. Colazo era otra posibilidad de romper por afuera pero Albín estaba jugando mucho mejor que Clemente. Claro, sacar a Clemente por tercer partido consecutivo iba a crear otro problema, otro foco de incendio, le iba a dar pasto a las fieras. Por ese lado, sólo por ése, podría aceptarse la decisión de Falcioni.
Mientras veía el partido, lo escuchaba por radio Del Plata. Cima-Latorre. Indignante. En el concepto de este gil que escribe, el penal que hizo el Flaco Schiavi de ninguna manera era jugada de roja directa. Lo volví a ver por televisión y si alguna duda me quedaba, la despejé. El Flaco no comete la infracción para cortar una acción de gol inminente, la comete porque va con la gamba muy arriba y muy a destiempo. Una torpeza, una imprudencia, era amarilla que Pezzotta no sacó. Osorio ni siquiera tenía control de pelota, así que si el Flaco no lo bajaba, lo más probable no es que la jugada hubiese terminado en gol, lo más probable es que la jugada hubiese terminado en nada.
Ahora bien, se puede opinar distinto, por supuesto. Se puede tener la convicción de que era jugada de “último recurso”, como habitualmente decimos. Pero agarrarse de eso, descalificar al árbitro porque lo interpretó de otra manera y desde ese momento hasta el final del partido machacar y machacar dejando sobrevolar la idea (sin decirlo con todas las letras, of course) de que Pezzotta se había propuesto perjudicar a los sanjuaninos es de hijos de puta. Cima y Latorre son dos hijos de puta (Latorre ya había dado muestras de ello en otra ocasión, ¿remember?). El periodismo está lleno de hijos de puta, lo dice un gil que les conoce las taras y las miserias desde adentro y desde hace 37 años.
Desde la buena leche, no se puede comparar la acción del penal del Flaco con la del penal para Boca que le costó la expulsión a Caprari. Lo de Caprari sí, es una mano intencional que aborta una acción de gol inminente. No hay segunda interpretación posible. Alguien podría opinar que la mano no fue intencional -difícil de sostener- pero desde el momento en que se la sanciona como intencional, no hay segunda lectura posible.
A los del noticiero de TyC Sports, que vi esta mañana (lunes), también les pareció que tenía que ser expulsión del Flaco pero lo plantearon correctamente, sin excesos, sin pretender que la interpretación propia es la única que cabe, sin mala leche, no hay nada que reprocharles. Los otros medios no los quiero ni mirar ni escuchar pero alguna sospecha tengo por lo antedicho, porque los conozco. Demasiado, los conozco. Que se vayan a la puta que los parió, me tienen los huevos llenos, los periodistas. Un porcentaje que no creo que baje del ochenta por ciento no sirve para nada.
No estuve en la conferencia de prensa. Me rompe las bolas, me queda más cómodo grabarla del televisor que está en la oficina de prensa de Boca. Cuando Falcioni dijo que el segundo tiempo fue bueno, ahí ya era como para que todos se cagaran de risa o bien se fueran a la mierda o todo junto (que se fueran a la mierda cagándose de risa).
Está mal, Falcioni y lo peor es que no lo admite. Se lo ve tenso, contracturado. Por segundo partido consecutivo las cámaras lo pescaron fumando a hurtadillas. Es un síntoma. Otro síntoma, más claro, es que casi no se paró a lo largo de todo el partido. Le preguntaron si se sentía con fuerzas como para seguir y su respuesta fue “aquí estoy”. Insatisfactoria.
Estamos mal pero mal en serio. Si hasta Pablito Ledesma, que siempre ha sido un modelo de discreción, salió a boquear. Inoportuno, Pablo. Como había sido inoportuno Clemente cuando disparó con el tema del capitán. Claro, hay heridas abiertas. ¿Podrán cerrarse? ¿Hay retorno? Hmmm… Se huele irreversibilidad, se percibe ciclo cumplido, por más que estemos a dos puntos, invictos de locales y todo eso. Por de pronto, la salida del equipo y del propio Falcioni es un indicativo: reprobación, silbidos, puteadas, botellitas revoleadas y el inevitable grito de guerra: “Ri-queeeeel”… Desde todos los sectores excepto, obviamente, el de los profesionales del hinchismo.
lunes, 1 de octubre de 2012
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Lo que yo quiero saber es cuándo fue que se abandonó el dogma boquense de asfixiar al rival los primeros 20 minutos de cada tiempo. Boca sale a la cancha sabiendo que si gana queda puntero y resulta que el primer tiro al arco es pasando los 35 minutos. ESTA MAL. Sanchez Miño releva a Clemente cuando este sube y Rivero hace lo propio con Albín. MAL. Ervitti presiona en 3/4 mientras Somoza espera a la altura de Schiavi y Burdisso. MAL.
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