No da para más. Boca sale a la cancha como quien cumple con un trámite, como un oficinista que marca su tarjeta de entrada. Uno no quiere bajarse y saca cuentas: si le ganamos a Newell’s, Vélez y Racing… Pero es que, por más que el fútbol siempre sea una caja de sorpresas, no se ve la luz al final del camino. Es verdad que contra Arsenal jugamos peor que con Colón pero no vayamos a quedarnos con las palabras de Erviti y de Viatri, que precisamente, pusieron el acento en que se había mejorado. No, muchachos, no alcanza, se necesita otra cosa.
Si hablamos de fútbol propiamente dicho, la deuda sigue siendo el llamado “volumen de juego”, por más que Leíto Paredes vaya creciendo y ejercite su muy buen remate de media distancia. Prácticamente, el único argumento ofensivo que tuvo Boca porque salvo esas dos que le sacó Pozo (una de izquierda y otra de derecha) más el que salió apenas desviado al principio… ¿Qué? En mente tengo un cabezazo del Flaco Schiavi en el primer tiempo y esa del final de Blandi, que quiso hacerlo él y si se la dejaba a Colazo era mucho mejor.
Si vamos más allá del fútbol propiamente dicho, se nos escapaba el tren del campeonato y el equipo seguía transmitiendo la misma sensación, rutinario, esquemático, sin el plus que se necesita cuando lo que está en juego realmente importa. Lo mismo que se transmite desde el banco aunque esta vez, por lo menos, a Falcioni se lo haya visto más activo, parado por más tiempo que en la mayoría de los partidos anteriores.
Aguantamos el cero en arco propio porque Orion anduvo bien, porque Grazini le pegó al travesaño en ese muy buen remate que tuvo pero no nos engañemos porque solidez en el fondo tampoco hubo. Curuchet nos creo demasiados problemas. Como con San Lorenzo, el mejor del fondo volvió a ser el Flaco porque Burdisso sigue sin parecerse al de sus primeros partidos, porque Sosa es el de siempre (su desprecio por la pelota es irritante) y porque el pampeano Evangelista (como Sánchez Miño, como Colazo, como el propio Clemente y hasta como Albín) es mejor para salir que para marcar.
El jueves, con Newell’s, se renovará la esperanza pero nada más que porque queremos, porque es lo último que se pierde, porque no nos olvidamos de nuestra tradición campeona. Desde la razón, no hay nada que permita creerle a este Boca que deambula por las canchas al garete, sin brújula, sin timón, sin comandante y sin tripulación.
lunes, 12 de noviembre de 2012
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