Está claro que va a ser muy difícil, por no decir imposible que Boca juegue a algo sin Román en cancha. Simplemente porque nadie sabe qué hacer. Tiene su gracia la conspiración de hijos de puta que se permiten cuestionar a Román, sólo a él. ¿Y los otros? Sin Román no hay quien tenga la fórmula para producir asociaciones, abrir espacios, sorprender, desequilibrar, llegar limpio y claro alguna vez. Entonces pasa como ha pasado en tantas ocasiones y volvió a pasar con Argentinos: aburridos partidos en que llevamos la bola hasta las inmediaciones del área rival, la perdemos, la recuperamos y la llevamos de nuevo.
“¡Los metimos en un arco!”, dijo Chiqui Pérez (sic). Pero no, amigo, se metieron solos. Hicieron lo que podían hacer y les salió bien porque delante tenían a un equipo inoperante hasta la exasperación como Boca. Argentinos venía de perder, perder, perder y perder y a nosotros nos empató en La Bombonera. Ya había ocurrido y peor con Unión. Resucitamos a cualquier muerto.
De puro limitados que son, ese tal Vázquez le cometió un penal a Ribair en una pelota que Ribair no iba a poder alcanzar jamás, que se iba afuera sola. Esta vez el Tanque Silva le erró al travesaño y le acertó al arco. Bien. Once minutos y ya ganábamos 1 a 0 contra un equipo en terapia intensiva. Mesa servida para que nos tranquilizáramos, le diéramos la bocha a los compañeros sin apuros, que se desgastaran ellos y en alguna, definir. Pero no, nos empataron.
Habían pasado 35 minutos, es decir, exactamente 24 desde el gol de Boca y Argentinos ni mu, con el 0-1 se les había agotado el libreto y sabían, ellos mejor que nadie, que estaban para perder. Pero de pronto, empezamos a regalarles oportunidades. Primero, esa bola que Pablito Ledesma jugó incomprensiblemente hacia el medio del área nuestra y que terminó con un fierrazo de Hernández en el travesaño. Poco después, Matías Martínez cabeceó solo en un corner y atajó Orion. Alerta. Alerta del que no tomamos registro, porque el siguiente corner fue gol de Matías Martínez.
La aparición de Anangonó en el primer palo descolocó a Orion, sí, pero también es verdad que la pelota le pasó por delante de las narices. Faltó reacción. La bola cruzó toda el área chica antes de que llegara Martínez para empujarla. Agustín había andado bien en Uruguay pero ahora volvimos a fojas cero. Ni el mejor de los equipos puede tener pretensión alguna si su arquero no agarra alguna difícil.
El segundo tiempo fue como para ponerse a llorar de impotencia. Nada. Transcurrían los minutos y todos sentíamos que no se iba a poder. Sí, hubo un penalcito al pibe Palacios pero no podemos depender de que el pito vea o no un penal. Por otra parte, se reitera lo ya expresado en este mismo foro después de Rafaela: ¡Qué nos van a dar dos penales en un partido, Crespi!... A los 48 minutos tuvimos ese corner que cabeceó el Chiqui Pérez y que agarró el arquero. Chau, a otra cosa.
Uno le sigue teniendo toda la veneración a Bianchi pero cuesta entender el primer cambio. Adentro Palacios, sí pero… ¿Afuera Colazo? Los pocos, muy pocos y ciertamente insuficientes intentos de elaboración de juego con pelota por el piso, cambio de ritmo y último pase vertical habían tenido lugar por la izquierda, con algunos encuentros que invariablemente tuvieron por protagonista a Colazo, con Zárate, con el Burrito Martínez, con Erviti.
Por el otro costado, Pablito Ledesma volvió a jugar tan mal como ha venido haciéndolo de modo inalterable a lo largo del año y en cuanto a Sosa, le pasó lo peor que le puede pasar a un jugador: en sus últimas intervenciones hubo gente que ya ni siquiera lo puteaba sino que se cagaba de risa de él. Así pasó con una en que se fue solo con la pelota afuera de la cancha pero no fue la única.
Rescatable Ribair, que se para bien, mete y procura no complicarse con la pelota. El Burrito, algunas veces que apareció por la izquierda, insinuó que podía producir algo pero definitivamente no está para armar. Cuando es él quien tiene que conducir la jugada, por lo general termina eligiendo mal, va hacia donde hay más rivales, choca, se enreda. El Tanque Silva sigue jugando a Titanes en el Ring, hubo una en la que llegó antes que el arquero, logró sacarlo de posición y que el arco quedara vacío pero después descargó para cualquier lado y la acción se diluyó.
También se hace difícil entender que el Gordo Sánchez Miño, después de lo visto en Rafaela, no haya estado de entrada. Habrá sido porque viene de una inactividad muy larga y se lo quiere llevar despacio, en fin. Tampoco se comprende, pese a la explicación que dio Bianchi en la conferencia, que Blandi haya tenido tan pocos minutos. ¿Cuánto más lo vamos a esperar al Tanque? Verdad es que si Bianchi cuelga al Tanque, los putitos periodistas van a desatar un circo infernal pero bueno, somos Boca y tenemos que absorber situaciones de ese tipo.
Cuatro partidos al hilo en La Bombonera sin que ganáramos ninguno. Esta vez, al menos, empatamos porque en las anteriores habíamos perdido con Toluca, Unión y Nacional. Dentro de dieciséis días tenemos un partido, con Barcelona, que no podemos darnos el lujo de dejar pasar. Lo dijo Bianchi, pareciera que nos cuesta más de locales. Algo cada vez más común a muchos equipos del mundo porque jugar de contra, jugar al error del rival es lo más fácil y tentador. Al final, nos vamos a creer que tiene razón Angelici. ¿Será que tenemos que hacer una cancha nueva?
lunes, 18 de marzo de 2013
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Tal cual lo de Franco Sosa. En esa que se cayó me empecé a cagar de risa y medio que me alegró un poco la noche.
ResponderEliminarRaul, invariablemente, habrá que esperar a junio...
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