lunes, 9 de septiembre de 2013

PENA SOBRE PENA Y PENA

  Finalizado el primer tiempo, un colega tuvo la deferencia de preguntarle a este gil, por radio, qué le había parecido Boca. “Penoso”, fue el calificativo que surgióle a este gil. Menos mal que la consulta no se repitió terminado el juego, porque la respuesta debió haber sido “penoso al cuadrado”. O bien “penoso al cubo”, porque nos clavaron tres.
   Hay algo que subleva, ya había pasado con Estudiantes. Empieza el partido y la primera comprobación es que ellos corren más que nosotros, meten más, nos imponen superioridad numérica, llegan antes, ganan las divididas. Es como si Boca arrancara presumiendo de que tiene resto, que le sobra, que puede guardar, que puede dar changüí, como se decía antaño. Y sabemos perfectamente que no es así, de ninguna manera.
   En ese ahogo inicial a que nos sometieron ya estábamos 0-1, con apenas siete minutos jugados y ya severamente condicionados para el resto del partido. Una interpretación superficial podría llevar a concluir que tuvieron suerte, porque a Pérez Guedes le quedó servido un rebote fortuito. No. Había un escenario en que ya prevalecía Olimpo con claridad. El rebote se produce como consecuencia de que, en la jugada, Boca venía defendiendo apurado, sofocado, incómodo, corriendo atosigado detrás de la pelota.
   Bianchi había tomado una decisión cuestionable desde el principio: rompió la zaga central que había respondido bien contra Vélez, le respetó la titularidad a Burdisso, regresó a Ribair al medio para tapar el agujero de la ausencia de Gago. No se trata de pegarle con el diario del lunes (para ello no faltarán entusiastas voluntarios) pero bueno, lo concreto es que el fondo volvió a ser un flan con crema. Como con Estudiantes, como con Newell’s, como con Belgrano.
    Peor, porque por la zona donde Pichi Erbes jugaba de falso cuatro, Olimpo nos tiró la velocidad de Cerutti y nos abrió un foco de incendio. Pichi no sabía dónde tomarlo, el Cata no llegaba a los cruces en tiempo y forma, Burdisso e Insúa tenían que cerrarse y por el opuesto quedaba un lado ciego, porque Sánchez Miño no bajaba. Sí, por ahí, por donde apareció Pérez Guedes.
   Si Cerutti parece el Piki Ferrero, si Vuletich parece Batistuta, si Paulo Rosales parece Riquelme, si Pérez Guedes parece Mastrángelo, es evidente que debemos estar haciendo las cosas muy mal, pero muy mal.
   Sin Román, sin Gago, era de prever que íbamos a tener problemas para hacerla correr redonda. Sánchez Miño tiene técnica pero no tiene ni ascendencia ni convicción íntima para ser el eje del armado ofensivo y menos partiendo desde la izquierda (pudo haber sido doble cinco pero es nada más que una conjetura con el resultado puesto). Entre tanto cambio posicional forzado, hubo uno que podría pasar inadvertido pero que fue clave: Pablito Ledesma siguió siendo doble cinco pero no como soporte de Gago, como contra Vélez, sino con la responsabilidad de ser él quien se soltase, quien se transformara en casi 10 cuando el equipo pasaba a la función de ataque. No le dio, no es lo suyo.  
   No hubo asociaciones y sin asociaciones no se juega al fútbol. En algún momentito del primer tiempo pareció que la llave podía estar por la derecha, con la yunta Joel Acosta-Martínez pero fueron unas pocas fintas, nomás. En cuando a Blandi, jugando casi siempre de espaldas o teniendo que ir muy lejos del área, tuvo que moverse en condiciones sumamente desventajosas, vale subrayarlo pero bueno, el partido se lo llevó puesto, como suele pasar con Blandi.
   Primer tiro al arco a los 17, Insúa, desde afuera, a los caños. Segundo y último del primer tiempo, a los 43, Sánchez Miño, desde afuera, bastante desviado. Única acción que con benevolencia puede ser calificada como aproximación al gol, a los 28, esa que Ledesma cruzó desde la izquierda y a la que por milímetros no llegó Joel.
   A poco de comenzado el segundo tiempo entró Gigliotti (salió el más fácil de sacar, Joel) y pareció que podía pasar algo pero ojo: si privilegiamos la idea de que pudimos haber cambiado el partido con el tiro de Sánchez Miño en el palo seguido de la que Champagne le desvió a Ribair o poco después, con la que Gigliotti cabeceó anticipando al arquero y se fue afuera, el árbol nos tapa el bosque. El bosque es que empezó mandando Olimpo y terminó mandando Olimpo. Y que nos golearon.
   Entró Méndez, último intento por darle algún sentido al juego en el medio, por el Cata, que estaba al filo de la expulsión pero enseguida, Olimpo bajó la cortina con el segundo. Nos metieron dos goles casi calcados con una de las fórmulas más primarias y viejas del fútbol: pelota parada desde la izquierda (la primera de corner, la segunda más abierta), un tipo que la peina en el primer palo y desacomoda a todos y por detrás de la multitud, otro tipo que aparece solito y solo para rompernos el arco (primero Vuletich, después Pérez Guedes). Si bien se mira, en los tres goles llegó un rival limpito para definir en el mismo lugar de la cancha. ¡Qué verdes somos y no por la indumentaria de Trípodi!
   ¡Y Trípodi!... Responsabilidad directa en los goles no tuvo pero entraron todas las que tenían que entrar. Tapó una sola más o menos difícil, ante Pérez Guedes, a continuación del primer gol. Apenas comenzado el segundo tiempo regaló un gol, esa que descolgó mal y la dejó boyando en el medio del área, menos mal que Pérez Guedes la tiró afuera. Nos contagió su inseguridad y sus nervios a todos. Bianchi ya había advertido (y es de esperar que sus compañeros hayan tomado nota) de que no se le puede entregar una pelota al pie ni mínimamente comprometida porque se ve que el hombre juega con ojotas o con zuecos o quizá con galochas. Y la cantidad de saques que tiró afuera es incomprensible. En fin, no lo vamos a sepultar por un partido pero que no se vaya a resfriar Orion, que duerma tapadito, que no se vaya a levantar descalzo.
   Viene Racing. No le ganó a nadie, Racing. Como a nadie le había ganado Olimpo. Que vuelva Orion, que vuelva Román, que vuelva Gago. Que Carlos tome el bisturí y extirpe a Burdisso, que no le tiemble el pulso. El crédito de Blandi se va agotando. Si llegamos a perder con Racing, nos vamos del campeonato en la séptima fecha. Así de simple, así de duro, así de cruel.      
      
     

    

1 comentario:

  1. Los jugadores de Boca tienen que entender que TODOS los partidos se juegan como si estuvieran en la Bombonera. O sea, podemos perder, claro, pero que sea como contra Ñuls: que les cueste un poco ganarnos.

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