Bianchi estableció desde el principio que había que apuntar a un central y un lateral. Bianchi es Bianchi, claro está pero con el profundo respeto del caso, este gil que escribe va a permitirse una discrepancia. En cuanto al central, ninguna duda. En cuanto al lateral y sin dejar de reconocer que el costado derecho fue, a lo largo de 2013, uno de los más visibles entre los muchos puntos débiles de Boca (nadie terminó por hacerse dueño del puesto), se trata de un lugar de la cancha que no es prioritario en comparación con otros.
Dicho de otro modo, si se va a traer para jugar de lateral a un Silvio Marzolini o un Hugo Ibarra, entonces vale la inversión. Se trató de jugadores de jerarquía superior, que con su sola presencia marcaron diferencia, que irradiaron fútbol para toda la cancha. Definitivamente, no es el caso de Grana.
Grana es un jugador de buenas condiciones técnicas, con mayor capacidad para ir que para volver. Cuenta ya con un apreciable recorrido en el fútbol (Platense, Los Andes, All Boys, Lanús, Quilmes, Belgrano, All Boys de nuevo) y aunque venga de una buena temporada personal en Floresta, nunca voló especialmente alto. Siendo malos y chicaneros, podría señalarse que ni Maradona ni Batista, que llamaron como a dos cientos jugadores cada uno, lo convocaron nunca a sus selecciones. Si regresamos a los dos referentes citados en el párrafo anterior, Silvio llegó a Boca con 19 años y el Negro con 24. Grana está en sus 28 y no hay por qué suponer que lo mejor, en su caso, esté por venir.
Para llenar el lateral, Marín ha demostrado que, como jugador complementario, no desentona. Pero quemar una de las dos posibilidades de refuerzo en un lateral, además de un central, implica que Boca va a afrontar el primer semestre con los mismos mediocampistas de este año que se va. Los mismos cuyas prestaciones, en general, han sido ampliamente insatisfactorias. El corazón del equipo, el medio, no variará.
Queremos y soñamos con un Boca que crezca y se consolide desde la clase singular de Gago y la leyenda aún vigente de Román pero no nos engañemos. Los problemas físicos de Gago a lo largo de 2013 han sido demasiados como para no tomarlos en cuenta y a nuestro amado Román, para lo que queda de su fabulosa carrera, vamos a tenerlo siempre entre algodones.
Asimismo, tendremos que ver qué pasa con las plazas que quedan por ocupar en el medio. Porque Boca necesita un cinco patrón, lo que ha sido una constante casi inalterable en su historia. Ésa era una prioridad. A Gago, Bianchi más bien lo prefiere por la derecha o eventualmente como doble cinco y está bien. El cinco de Boca ha sido, en la mayor parte de este año, Pablo Ledesma, que es, claramente, un jugador del técnico. Bianchi confía mucho en él pero no ha logrado, en todos estos meses, que Pablito (a quien queremos mucho y mucho nos ha dado) se convirtiera en dueño del equipo. Eso no encaja con sus características técnicas ni mucho menos con su personalidad.
Por otra parte, hay una evidencia o si se quiere, un detalle que no debiera ser pasado por alto. Las últimas declaraciones públicas de Pablo, esa conferencia de prensa de hace algunas semanas, fue decepcionante, lamentable, inaceptable. ¿Cómo vamos a digerir que un jugador de Boca nos diga que “se va tranquilo a su casa porque hizo lo que pudo”, que “todos dieron lo mejor de sí”, que “se habían propuesto pelear en los primeros puestos hasta el final y se consiguió”? ¿Ése es el discurso? ¿Lo que queremos oír? ¿Lo que hubieran dicho el Rata, el Chapa Suñé o Chicho Serna?
Para terminar con el medio juego, por la izquierda lo tenemos, por ahora, al Gordo Sánchez Miño. Este 2013 debía ser el año de su consolidación definitiva y por el contrario, lo que nos dejó fueron dubitaciones. Literalmente, se borró en partidos clave. Se lo llevaron puesto. Es un chico, va a cumplir 24 el 1° de enero pero ya tiene 85 partidos sobre el lomo y debe saber que no podremos esperarlo por mucho tiempo más.
Sobre la conformación de la dupla de centrales, para encontrarle socio al Cata Díaz, Bianchi quería a Sebastián Domínguez o Paolo Goltz. Bien pensado. Son, más allá de su conformación como futbolistas, líderes, transmisores de temperamento, generadores de grupos ganadores. Los dirigentes le trajeron a Juancito Forlín.
Buen jugador, Juancito. Cuando apareció en primera, allá por 2008 (tras breve paso por la sucursal del Real Madrid), nos hicimos muchas ilusiones con él así como con el Chiquito Muñoz, contemporáneo suyo. Presencia, solidez por arriba y por abajo, elasticidad, velocidad, sentido de tiempo y distancia para el anticipo. Un año más tarde, sin haber completado su proceso de formación, ya estaba de nuevo en Europa. Cuatro temporadas en el Espanyol de Barcelona, sin ningún ruido y paseando por diversas zonas de la cancha (jugó mucho como volante central). A continuación, seis meses en Qatar. Es decir, los extramuros del fútbol. Es decir, un pasado inmediato de baja competitividad.
Forlín está a pocos días de cumplir sus 26 años y no ha pasado de ser un jugador más. Un acompañante. Puede rendir pero no esperemos, no cabe esperarlo, que sea uno de esos hombres que por sí solos convierten a un equipo en otro. Esto es, justamente lo que necesita Boca.
Angelici, en un acto de sinceridad que debe reconocérsele, dio a entender que se trajo lo que se pudo. Nadie va a pedirle que comprometa la salud de Boca. Este gil que escribe, menos que menos. Pero vayamos masticando un concepto: en 2014 vamos a ver el Boca de 2013 más Grana y Forlín.
Comparto tus apreciaciones sobre los jugadores de marras, pero me parece que hoy en día no hay jugadores (por lo menos en el mercado local) que te garanticen un buen rendimiento en Boca. Por el contrario, la gran mayoría prefiere -y se nota en sus rendimientos- la comodidad de un club ordenado (Velez, Lanús) sin exigencias irrenunciables de campeonar. Me parece que lo que antes se conocía como "jugador para Boca" es una especie en extinción.
ResponderEliminarNo es fácil pero hay que afinar la puntería. Lo que se está haciendo es cambiar figuritas.
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