lunes, 2 de diciembre de 2013

NI VERGÜENZA

Una vez más, y es prácticamente una constante, los contrarios corrieron más que nosotros. Guillermo nos puso un equipo con mitad de pibes, los pibes salieron a matarse y nosotros, a mirarlos. Como siempre. Llegaban antes, nos ganaban las divididas, trababan y se la quedaban ellos, por cada uno nuestro había dos o tres de ellos.
   A Gago salieron a pegarle. De entrada, ese tal Valdez Chamorro casi lo saca de la cancha (y ni vio amarilla). Lo peor es que, visto que ellos metían suela y suela sin asco e impunemente, Boca ni siquiera en eso estuvo a la altura.
   En tales circunstancias, de poco valían los intentos de Gago por circular, por juntarse. Menos mal que Lanús, y con esa formación no podía esperarse otra cosa, era también un equipo bastante desorganizado, que dio posibilidades. Marchesín le sacó una Ribair y otra enseguida a Joel Acosta pero era como que Boca hacía lo que lo dejaban. Los que más querían eran siempre ellos.
   Ya antes del 1-0, Lanús había estado demasiado cerca. Esa volea de Astina sólo en el medio del área, el cabezazo de Ayala que insólitamente dio en los dos palos y una enorme atajada de Orion por ese tiro de Ayala que se desvió en el Cata. Los defensores nuestros no paraban a nadie, los volantes no ayudaban, Benítez era un problema insoluble.
   En el gol, hubo un cabezazo recto a las puertas del área y la bola, como si nada, pasó entre el Cata y Ribair, atornillados. Otra vez, Astina recibió sin marca en el área y esta vez no falló.
   Lanús tenía el partido servido para definirlo cuando quisiera. Si entraba esa chilena de Blanco que salvó Orion en otro esfuerzo supremo (a continuación se lo perdió Monteseirín, que era nuestro y lo dejamos libre), se terminaba todo ahí mismo. Boca recién volvió a aparecer en la cancha cuando ellos bajaron el ritmo, cuando tuvieron que dejar de correr como locos. Lástima esa de Gigliotti que tapó Marchesín, único aporte del Puma y lo erró.
   El segundo tiempo fue otra historia porque Sánchez Miño entró bien y se despertó el Burro. Esta vez, Blandi tuvo más presencia que Gigliotti. El primer centro de Insúa terminó con el gol de cabeza de Nico y a continuación, ellos quedaron muy condicionados por la correcta expulsión de Ortiz, por doble amarilla.
   De todos modos, la conclusión que debe pesar sobre cualquier otra es que ni con un rival disminuido fuimos capaces de ganarlo. En nuestro mejor momento, después de la de Blandi que no entró (gran desborde del Burro), llegó el segundo de ellos. Cagada gigante de Orion, regalándole la pelota a Pereyra Díaz pero que le vamos a decir a Agustín, y gol de Benítez.
  Pudo haber quedado liquidado con la de Benítez que se fue al lado del palo, gran jugada del de Lanús pero la inconsistencia defensiva de Boca era una invitación para cualquiera. En fin, menos mal que se fue afuera y de inmediato llegó el gol de Sánchez Miño, buena resolución del Gordo en la individual, encarando y pasando. ¿Terminará alguna vez Sánchez Miño por darse cuenta de lo que podría llegar a ser?
   El final fue todo nuestro. Pudo haber sido la del Burro Martínez, la del pibe Celeste y la que le tapó Marchesín a Blandi pero atención, no vayamos a creernos que se terminó jugando bien. Se hizo lo que se pudo, con Gago procurando ser prolijo en la distribución, con Insúa (más que aceptable reaparición), Sánchez Miño, el Burro y Celeste por las bandas pero costaba mucho pasar. Lanús quedó a la merced con la expulsión de Ayala, que lo pisoteó al Burro pero igual resistió hasta el final.
   No vale la pena ponerse a pensar en todos los bondis que dejamos pasar porque en definitiva, parecidas reflexiones podrían plantearse cualquiera de los otros equipos que andan por ahí, merodeando en los primeros puestos. Como si nadie quisiera salir campeón. Como demostración cabal de lo mal que está jugándose el fútbol argentino.
   Lo que sobresale es la imagen de este Boca que deambula por las canchas penosamente, inexpresivo, inerte. No tiene fútbol suficiente pero lo más doloroso es que tampoco tiene alma. Ni vergüenza. Para muestra, las deplorables declaraciones de Pablito Ledesma el miércoles pasado, cuando dijo que bueno, que habían hecho lo posible… Cuesta imaginarse de que manera podría revertirse la historia el año próximo con la base de estos mismos jugadores.           

    

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