Dicho de otro modo, si un dirigente sale a la palestra y pone su carita en la pantalla al tiempo que muestra el contrato, sería una cosa. Pero como el que le entregó el contrato al forro de Feinmann (como hace cinco años alguien, quizás el mismo de ahora, se lo entregara al forro de Rossi) permanece en las sombras, por sí mismo está calificándose como un hijo de puta.
Angelici salió a hablar (menos mal) y dijo que la acción no fue contra Bianchi sino contra él. Agregó que se va a abrir un “sumario administrativo”. Conocemos de sobra la inutilidad de los sumarios administrativos. ¿Quién recuerda que alguno haya servido para algo?
Ahora bien, es verdad que, más directa que indirectamente, el suceso golpea de lleno a Angelici. El presidente, si fuera que no le queda grande el cargo, debiera saber quién es el responsable de lo sucedido, sin “sumario administrativo” ni ninguna nadería. Y si no le sabe, es que entonces el cargo le queda grande.
Algún malpensado podría entender que este gil, con lo que aquí expresa, desestabiliza al presidente, conspira contra la institucionalidad y, en definitiva, le hace el juego al que enseñó el contrato. La calificación que a este gil le merece el que enseñó el contrato ya quedó expresada en el final del segundo párrafo de este envío. Este gil juega sólo para Boca.
Es interesante que esto haya ocurrido no solamente después de una derrota con River sino, además, en momentos en que circula un runrún según el cual la relación de Angelici con Macri no es todo lo buena que se quiere hacer ver. En lo personal, es cosa de ellos, por más que uno sea el presidente del club y el otro, un ex presidente y por ello, socio caracterizado.
La verdad de la milanesa es que esta Comisión Directiva la formó Macri. A Angelici mismo, lo inventó Macri. Así como una vez Duhalde inventó a Kirchner. Le pasó (a Duhalde) como al doctor Frankestein. Algo que difícilmente vaya a pasarle a Macri con Angelici. La mayoría de los directivos no responde a Angelici, responde a Macri. Esta es la parte que nos toca a todos.
El episodio del contrato de Bianchi no solo vuelve a sacar a la luz que a Bianchi hay muchos que no lo quieren (no lo querían desde antes, comenzando por Macri). La cuestión de fondo es que queda claro cmo el agua que los dirigentes no patean todos para el mismo lado. El que paga es Boca. Es decir, nosotros.
Es notable cómo el debate pasa a ser "¿deberían ser públicos los contratos de jugadores y cuerpo técnico?" Uno a veces tiene ganas de agarrar un lanzallamas y hacer la gran De Niro en El Francotirador.
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