lunes, 5 de octubre de 2015

CERCA DEL TÍTULO, LEJOS DEL FÚTBOL

Insisten, los malparidos, en querer hacerles decir al Vasco y a los jugadores que ya somos campeones. Y después de ver este partido contra Crucero del Norte, ¿qué garantía podríamos tener de que vamos a sacar algún punto en próximas presentaciones?
Al Vasco le gustaron “los primeros 25 minutos”, lo dijo como diez veces. Hubo sí un primer tramo intenso, con ideas claras en cuanto a la intención de buscarse sobre la base de pases cortos y romper sobre cualquiera de los dos laterales. Pero no tiene por qué haber conformismo cuando no se define un partido que se controla con abrumadora superioridad. Si los goles no llegan, algo falla.
Encima, nos regalaron un penal. Había off side finito de Calleri y a continuación, Jony se tiró, el arquero no lo tocó. Pero Carlitos volvió a mandar el penal a las nubes, como con Defensa. ¿Qué le vamos a decir a Carlitos? Nada. Lo que uno no termina de entender es por qué se fallan tantos penales, en general.
En el gol, que por suerte llegó enseguida, aunque la haya terminado metiendo el tal Tomasini cabe valorar lo bien que movió la pelota Boca. Jugada colectiva, una trepada más de Monzón (que había empezado como para comerse a los chicos crudos e iba a terminar desbarrancándose), gran pase filtrado por Lodeiro, la picadita sublime de Carlitos para dejar en bolas al arquero. Se le fue muy al fondo pero la resolvió con el mortal toque para adentro y si no la metía Tomasini, la metía Jony.
En la jugada del gol y antes en la del penal quedó expuesto que Crucero no marcaba nada, puso una linea de cinco con la idea de achicar hacia adelante pero lo que le salió fue que ante cualquier pase entre líneas podía aparecer un jugador de Boca libre y Nico Lodeiro había empezado muy afilado en las descargas. No lo aprovechamos, nunca. No liquidamos.
Ya antes de los famosos “25” de que habla el Vasco, el equipo se había relajado, jugaba a ritmo de entrenamiento, Carlitos se fue a parar muy arriba como para desgastarse menos, Lodeiro dejó de encontrarlo a él y también a Calleri, que no terminó de ajustarse al el partido nunca, Monzón empezó a darles pelotas a los contrarios y Gino Peruzzi dejó de aparecer por la derecha. Es natural y casi inevitable que, en el transcurrir de noventa minutos, cualquier equipo tenga desniveles. El problema fue que Boca no iba a volver al partido ya jamás. El único que traqueteaba siempre igual era Pichi Erbes.
El penalazo del Cata, en el comienzo del segundo tiempo, confieso que en la cancha se me pasó, me lo comí, ni siquiera registré la acción, así que mal podría reprocharle algo a Vigliano. Ante la comprobación, por la tele, del sorprendente planchazo en el pecho de Oliva, la jugada merece ser analizada como algo más que una anécdota, un avatar propio del fútbol. Es un síntoma de lo que nos estaba pasando y lo que podría llegar a pasarnos. Le cometimos un penal a un rival que no construyó ni una sola jugada en noventa minutos. Del Cata veníamos elogiando el oficio para jugar con esa espada de Damocles que son las cuatro amarillas desde hace algunas fechas pero acá se le quemaron todos los papeles. De bruto, cometió un penal sin sentido que pudo haber dejado el partido empatado y que también pudo haberle costado la expulsión, cuando menos la amonestación, en cualquiera de los dos casos no jugaba contra Racing.
A lo largo de todo el segundo tiempo, lo observado fue impropio de un equipo en las vísperas de ser campeón. Carlitos fue el que más quiso, en todo momento, buscó por todos lados. No encontró respuestas en sus compañeros y tampoco él tuvo ja justeza que siempre vamos a exigirle, por ser Carlitos.
Boca no funcionaba pero el Vasco hizo un solo cambio, ya avanzada la noche. Fuenzalida por Lodeiro, que ya se había ausentado antes de su reemplazo. En principio, se supone que con el Chapa se puebla el medio y además puede aparecer alguna vez suelto por la derecha. Dice el Vasco que como el juego estaba controlado, no quiso correr el riesgo de que otro cambio pudiera llegar a resentir la contención. Por lo que a este gil que escribe respecta, por más vuelta que le dé no llega a entender de qué modo podía llegar a afectarse la función defensiva si, por ejemplo, entraban el Tucu Palacios o el Negro Chávez por Calleri. Un delantero fresco y con ganas de mostrarse, de generar un revulsivo. Pero no.
Dado que no había nada que ver, el púbico permanecía ajeno al juego. La 12 recorría su repertorio por rutina y los demás se aburrían, desaprobaban con algún rumoreo, muchos se empezaron a ir antes del final.
San Lorenzo y Central nos habían dejado la mesa servida. Se jugaron el sábado un partidazo y el empate no le sirvió a ninguno de los dos, nos sirvió a nosotros. Y bueno, ganamos. Se suponía que tenía que ser un trámite y por lo que a Crucero del Norte refiere, lo fue.
El cuadro misionero se mostró como lo que es, un rejuntado indigno de la Primera División, sólo presente porque alguien atacado de demencia senil pergeñó un aberrante torneo de 30 competidores y los demás lo dejaron. No deja de ser una satisfacción haber terminado de mandar al descenso a Crucero del Norte. Crucero del Norte no es un modesto y simpático clubcito provinciano traccionado a sangre y pulmón por una barra de soñadores. Es un engendro posmoderno que por la errática conducción institucional del fútbol argentino llegó en pocos años a primera y ahora, rápidamente, se va tal como había llegado.
Se suponía que tenía que ser un trámite, decíamos pero Boca se empeñó en que no lo fuera. Floja, insulsa, inexpresiva, son algunas adjetivaciones que bien pueden definir esta producción. Le llevamos seis puntos a San Lorenzo y quedan nueve por jugarse. Matemáticamente, el campeonato está ahí, a un soplo. Si por esta última expresión futbolística tuviéramos que guiarnos, no podríamos afirmar que estemos cerca de nada.


EL BOLETÍN: ORION 6, PERUZZI 5, TOBIO 5, CATA 4, MONZÓN 3, BENTANCUR 4, PICHI 6, LODEIRO 6, COLAZO 5, CALLERI 4, CARLITOS 6 (FI), FUENZALIDA 4.

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