lunes, 19 de octubre de 2015

NO ENCONTRAMOS LA VUELTA

Si Nico Lodeiro, a continuación de ese giro majestuoso que se mandó en el área y que lo dejó cara a cara con Saja, definía correctamente, nos poníamos 1-0 a los cuatro minutos de juego, abríamos un partido distinto y es probable que hoy estuviésemos cantando “ahora, ahora, nos chupan bien las bolas”. Pero Nico definió como suele definir Nico, dudó, tardó, casi que se la dejó a Saja y, lo peor, al minuto siguiente estábamos 0-1.
Las dos jugadas que iban a ser determinantes de la derrota, las de los dos primeros goles de Racing, son jugadas testigo. Son radiografías de lo que fuimos (de lo que somos) como equipo, acciones que dejaron al descubierto deficiencias estructurales, debilidades tácticas que no son nuevas, que muy por el contrario ya semejan enfermedades terminales. Por otra parte, revelan lo que fue todo ese primer tramo de partido, que a la postre iba a ser el que sellara el destino. Racing salió sabiendo muy bien lo que iba a hacer: romper por cualquiera de los dos costados. Lo hizo y con eso iba a ganarnos.
En el primero, Pillud y Tito Noir fabricaron superioridad por la izquierda nuestra, Pillud se fue hasta el fondo, nos metió el centro de la muerte y Acuña nos vacunó temprano, de cabeza. El Vasco, en otro de sus característicos volantazos, lo bajó otra vez a Nico Colazo a la línea de fondo, lo crucificó a Monzón (ni lo concentró) aparentemente por su expulsión en Córdoba pero las carencias que desde hace rato tenemos en ese lugar de la cancha no son un tema de nombres y a esta altura parecen insolubles.
El segundo vino por el otro lado, los que se juntaron fueron Voboril y Bou, salió la descarga para el medio y Acuña nos remató de frente, con todos los jugadores nuestros buscando la posición correcta para defender y así forzó el penal del Cata. Desde muy lejos adiviné que era penal (intención hubo, el Cata movió el bracito izquierdo) pero no lo que llamamos “último recurso”. Esa primera impresión la reafirmé al verla por tele. Loustau (que ni había observado la infracción, se la botoneó el asistente de ese lado, Navarro) peló roja y por más que pataleásemos todo lo posible, nos quedamos con diez. Y de inmediato, 1-2, porque Bou metió un fierrazo inapelable.
Entre uno y otro gol de Racing, durante un rato, se vio lo mejor de Boca. En el medio ganábamos y para atacar no estábamos mal. Carlitos salía del área para juntarse con la bola y llevarse marcas, se abrían espacios para los demás, nosotros también íbamos bien por las bandas. La influencia de Carlitos, por entonces, iba en aumento, a pesar de esa máscara de mierda que más tarde iba a sacarse.
El empate, que llegó bastante pronto, a los 23, fue mérito, en primer lugar, de Pichi Erbes, que fue a presionar muy bien, se sirvió de una mala salida de ellos, robó, tocó y se fue derecho al área. Delicioso taco de Carlitos en la devolución, Pichi aprovechó muy bien la desaforada salida de Saja, levantó hacia el medio y Jony Calleri, que sigue muy efectivo, le extrajo todo el jugo a la única posibilidad que iba a tener en todo el partido, facturó de cabeza.
Era nuestro momento clave, teníamos viento a favor pero lo dejamos pasar y después, cuando nos quedamos con uno menos, instantáneamente el Vasco lo mandó adentro a Rolín para rearmar la línea de cuatro. ¿Hizo bien? Con la chapa puesta podemos decir que no. Vistió un santo a costa de desvestir otro, porque desarmó el medio. Por otra parte, el Negro Rolín anduvo realmente mal. Pero por sobre todo, lo que cuenta como un error inexcusable es que haya sacado al Cabezón Meli, que no tenía amarilla y haya dejado a dos que sí la tenían, Pablo Pérez y Pichi Erbes.
En el tramo final del primer tiempo estuvimos expuestos a la catástrofe, hacíamos agua por todos lados, Racing (que ya nos había metido un cabezazo de Lollo en el travesaño cuando estábamos 1-1) se agrandó, mandaba en todos lados y el turrito del paraguayo Romero se daba el lujo de bailarnos arriba de la pelota.
Menos mal que en el segundo tiempo se calmaron, los sedujo la idea de esperar. Casi toda esa parte final transcurrió en medio de una intrascendencia soporífera. Es muy difícil jugar diez contra once, mucho más si se va perdiendo pero no imposible. Pues bien, Boca, en toda esa segunda mitad y aunque dispuso de la bocha por muchos minutos, no encontró nunca la manera. Lodeiro estaba borrado, la reaparición de Pablo Pérez no nos aportó nada (otra vez quedó condicionado muy temprano con una amonestación), el ingreso del pibe Bentancur no aportó soluciones, Carlitos no tenía con quién jugar y se ofuscaba, a Jony la bola ni le llegaba.
Las últimas expectativas que pudiéramos conservar se nos esfumaron a los 31 minutos con la expulsión de Pichi. Estaba desgastado de pelearla en desventaja, metió fuerte abajo contra Pillud y se ganó la segunda amarilla. Una circunstancia común del juego, cosas que pasan, no hay nada para reprocharle. Que quede claro, porque Pichi iba a quedar expuesto con lo que después dijo Carlitos y es injusto.
En caliente, aún en la cancha, Carlitos le dijo al micrófono que le pusieron delante que “tenemos que crecer”, que “no puede ser que terminemos con nueve”. Se interpreta como un mensaje cifrado para Pichi y, se repite, no es justo. Mirá, querido Carlitos, en lo personal, me rompe soberanamente los huevos que estés tan jugado con Angelici pero bueno, es tu decisión, tu forma de pensar y te la tengo que respetar. Ahora, si vas a hablar sin tomarte tu tiempo y mandar al frente a un compañero y le vas a dar pasto a las fieras por varios días, perdoname, con toda la admiración por tu fantástica trayectoria, tu condición indiscutible de gran jugador y todo el reconocimiento por lo que nos diste, nos das y nos darás, me permito señalarte que el que tiene que “crecer”, todavía, sos vos.
El último gol fue una anécdota, un detalle estadístico. Penal de Tobio a Díaz y Saja se sacó el gusto de poner el 3-1. Escuché por ahí a un boludito de la televisión, que afirmó muy suelto de cuerpo: “Saja siempre le hace goles a Boca”. ¿Siempre? La primera acepción de “siempre”, según el diccionario, es “todo el tiempo”. Contra Saja llevamos jugados como cien partidos y nos metió cuatro penales. Una vez le metimos siete goles y otra vez le dimos la vuelta olímpica en Porto Alegre. Sigan hablando pavadas, señores periodistas, total es gratis.
Dijimos después de ganarle penosamente a los colectiveros de Misiones que el equipo no estaba en condiciones de garantizarnos nada. Lo sabemos de mucho tiempo atrás y lo corroboramos a cada paso. Lo primero que tenemos ahora es la semi de la Copa Argentina contra el Lanús de Guillermo y, en verdad, no llegamos bien. Para colmo, el querido Guille está acechando la oportunidad de liquidarnos porque su sueño y el de muchos es que se siente en el banco local de La Bombonera. Legítimo anhelo.
Después se nos vendrá Tigre y, como corresponde, Javi García y su banda se van a romper el culo por amargarnos la fiesta que, seguramente, estará preparada. Habrá que encontrar la forma de ganar (y no va a ser para nada sencillo) porque de lo contrario, se nos van a cernir las sombras más profundas. Discúlpese que este gil que escribe saque chapa pero hace ya bastante se advirtió desde este mismo sitio que el peligro real no era San Lorenzo, sino Central. Que ir en la última fecha a la vieja “Chicago argentina” sin haber asegurado podía constituirse en una trampa mortal. Llevamos cinco puntos sobre seis que quedan, sí, pero en las presentes condiciones, esa diferencia bien podría no significar nada.



EL BOLETÍN: ORION 5, PERUZZI 4, TOBIO 5, CATA 5, COLAZO 3, PÉREZ 3, PICHI 6, MELI 5, LODEIRO 3, CARLITOS 5, JONY 5 (FI), ROLÍN 3, BENTANCUR 4, PALACIOS NC.

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