miércoles, 9 de diciembre de 2015

EL IMPERIO ROMANO

   En este 9 de diciembre, quincuagésimo tercer aniversario de un día glorioso, me parece buena idea homenajear al querido e inolvidable Tano Roma. Para ello, desempolvo un escrito de la autoría de este gil. Básicamente, es algo que salió en "El Libro de los Cien Ídolos", que editó Olé en 2005. Le hice modificaciones, agregados y actualizaciones. Aquí va.

   EL IMPERIO ROMANO
(El título debe ser de Marcelo Guerrero o Tony Serpa, supongo)

    ¿Sabés qué fue el Tano Roma, pibe? Tarzán. Pero Tarzán en serio. Salía a la cancha sacando pecho, la pera para arriba, casi siempre vestido todo de negro, los primeros años peinado con Glostora y después, peinado con Alerta. Y vos lo veías desde la tribuna y te parecía que era imposible hacerle goles. Creo que los compañeros sentían lo mismo y muchos contrarios, que es lo más importante, también.
Mirá que yo ya vi pasar gente por el arco de Boca, eh… Por ejemplo, en el 62, cuando llegó el Flaco Errea, justo estaba de moda la polémica sobre si el arquero tenía que ser atajador o un jugador completo con dominio del área y de toda la cancha. Y el Flaco era un intelectual del arco que hablaba de “hacer la bisectriz”. Yo no sé si el Tano Roma habrá aprobado geometría, en caso de que haya ido a la secundaria. Pero el Flaco no le pudo ganar el lugar nunca.
Después del Tano, si algo pocas veces le faltó a Boca fue arquero. El Loco Sánchez era un tipo elástico, con unos reflejos bárbaros. El Loco Gatti, más allá del circo, sabía, adivinaba la jugada. El Mono Navarro Montoya, igual, aunque volaba más. El colombiano Córdoba me encantaba, muy completo y un caballerazo. El Pato Abbondanzieri era bueno, serio, se equivocaba poco. Al cordobés Caranta hay que reconocerle su aporte fundamental en la Libertadores 2007. Y a Orion le podés cuestionar cosas pero no se está durante cuatro años en el arco de Boca por casualidad. Ahora escuchame bien: yo con ninguno -con ninguno, eh- estuve tan tranquilo como con el Tano.
Ojo, que yo conozco la historia del arco de Boca de antes de que a mí me parieran. Según mi viejo, Tesoriere estaba siempre parado en el lugar a donde iba la pelota y la gilada decía “qué culo tiene”. Yustrich, si no se hubiese peleado con los dirigentes, habría atajado veinte años. Estrada atajaba y se reía todo el tiempo, para que broncaran más. Hace poco leí una nota vieja de Pepe Peña en la que escribió que había visto muchos atajadores pero que le sobraban los dedos de una mano para los arqueros y uno de ellos era Vacca. El viejo Carrizo, a quien no hay por qué ignorar, opina que el mejor arquero de Boca fue Diano. Y al que llegué a verlo, yo bebé y él de última, fue al Gato Musimessi. ¿Sabés que una de las primeras cosas que aprendí a cantar, de chiquito, fue la de Musimessi? “Dale Boca, viva Boca, el cuadrito de mi amor”. Pero para mí, primero, Roma.
Dudo se haya visto otro arquero con la firmeza, la solidez, la seguridad, la autoridad, la prestancia, la presencia, la solvencia, la imponencia, la consistencia, la magnificencia, la excelencia del Tano para cortar los centros arriba. No era de andar pegándole trompadas ni cachetazos a la pelota, no. El Tano iba arriba y parecía que se le quedaba pegada, como si tuviera La Gotita. En los últimos años empezó a usar guantes más seguido pero la mayor parte de la carrera jugó con las manos desnudas y la apretaba con los diez dedos. Y difícil que lo movieran. Qué lo iban a mover, rebotaban contra el Tano. Después sacaba boleando un brazo y la mandaba a sesenta metros como si nada. Una vez, la Así es Boca sacó una nota diciendo que el Tano podría haber sido lanzador de disco y la ilustró con fotos del Tano en pose de discóbolo, vestido nada más que con unos calzoncillos Casi, los de la publicidad del gorila y el gorilita, ¿la viste?
Ganador a morir, moral de hierro. Contaban que en la concentración se entretenía poniendo el pecho para que le pegaran trompadas. Le daban como en la guerra, a matar. Después, cuando le tocaba pegar a él, salían todos corriendo. “Está bien, Tano. Vos sos el más fuerte”, le decían. Y se quedaba cagándose de risa, con todas las piñas que se había comido.
No se bancaba ser segundo a nada. Otra vuelta, el turro de Rojitas se escondió en el gimnasio de La Candela, espió hasta que estuvo por entrar el Tano, empezó a hacer abdominales y cantó: “497… 498… 499… 500. A ver, Tano, si sos capaz de meter quinientos abdominales”. Y el Tano se puso y no paró hasta 501. No porque se haya creído que Angelito había tirado quinientos abdominales juntos (los tiraba pero en un año) sino porque Antonio Roma no iba a dejar pasar un desafío.
Se metía el ambiente en el bolsillo, en cualquier cancha. Gimnasia, en La Plata, tenía una platea femenina dentro del campo, atrás de un arco, a dos metros de la raya. ¿Sabés qué? El minerío los hacía de goma a los arqueros visitantes. El Tano, cuando la pelota estaba del otro lado, se recostaba contra un palo, las relojeaba de reojo y les mandaba la sonrisa torcida, a lo Clark Gable.
Tenía su facha, eh. Después de hacer la película Pelota de Cuero, en la que participaron todos los jugadores de Boca, con actuaciones especiales del Rata y del Pelado Grillo, Armando Bo le propuso al Tano filmar con Isabel Sarli. El Tano se tomó unos días, dijo que lo había consultado con la familia y que gracias pero no. Una lástima, ¿te imaginás?, chocaban los planetas. El Tano y la Coca, qué potencias…
Una noche, en la cancha de River, el Tano salió caminando desde el vestuario al ómnibus, solo, atravesando el hall. Altri tempi pero igual, esa vez lo rodearon para fajarlo (había mucha bronca porque los jugadores de Boca lo venían gastando mucho a Carrizo). El Tano largó el bolso, se apoyó contra una pared y entró a surtir. Decí que llegó la policía, que si no, se quedan sin hinchas.
La más grande fue en el 65, en un partido con Estudiantes que Boca ganaba 2 a 1. A dos minutos del final le quedó a Pachamé una pelota muerta delante del arco, con el Tano medio descolocado. El Tano se rehizo no se supo cómo, se zambulló, llegó antes y apretó la bola. Pachamé tiró el pie y se lo clavó. Fractura de no sé cuántas costillas, lesión del bazo y hemorragia interna con compromiso de los riñones, del hígado, de los pulmones más parálisis intestinal. Cuando se lo llevaban en la camilla, le acercaron los micrófonos y el Tano dijo: “Estoy bien. Es un golpe fuerte, nomás”. Un fotógrafo lo quiso escrachar en el vestuario, tirado. El Tano se enderezó y le dijo “esperá”. Y pidió un peine. ¿Entendés lo que era el Tano Roma, pibe?
Dijeron que no podía jugar como por seis meses, mínimo. Volvió a los dos meses. Jugó las últimas cinco fechas y Boca fue campeón, un punto arriba de River. ¿Te imaginás lo que pudo haber pasado si el Tano no se jugaba las costillas, el bazo, los riñones, el hígado, los pulmones y los intestinos en esa pelota con Estudiantes?
Ya saben, ustedes metan una que hoy, a Papirri, Cerapio”, les decía a los otros diez en el túnel. Y era “Cerapio” muchas veces. Esa de contar los minutos que pasan sin que le hagan goles a un arquero, se inventó con el Tano. En el 64 estuvo más de seis partidos invicto hasta que lo embocó Mario Rodríguez, en un empate con Independiente. Fue record. Y después de ese gol, empezó a sumar minutos y batió el record otra vez. En una rueda completa de quince partidos le metieron dos goles. “Roma y las telarañas de su arco”, me acuerdo que puso El Gráfico. Ahí le cortó la racha Sacchi, con Racing. ¿Sabés cómo fue? Le pateó un penal, el Tano rechazó y del rebote, Sacchi la metió. ¡Así le tenían que hacer goles, ese año!
Ese record lo quebró Carrizo en el 68 pero al año siguiente, en el Metropolitano, el Tano lo quebró de nuevo. Siete partidos y pico hasta que la cortó Wehbe, el de Vélez. ¡Ah! Después de batir el record, el Tano tenía que ir a morfar con Mirtha Legrand y se apareció en La Candela de traje blanco y camisa negra. ¿Sabés la que le hicieron Angelito Rojas y el Sordo Pianetti? ¡Le tiraron el jetra a la pileta! Tuvo que irse de raje para la casa en ropa de entrenamiento a ponerse otro.
Mirá, recién en 1971, cuando ya andaba por los 38 años, el Tano perdió el puesto por rendimiento. Antes, las veces que faltó por algún tiempo y después hizo reserva o banco, fue por otras causas. En el 62 le dieron unas vacaciones después del Mundial, en el 63 se lesionó una mano con Independiente, en el 65 la que te conté con Estudiantes, en el 67 se rompió los ligamentos en la cancha de Independiente (pese a lo cual terminó el partido) y en el 69, otra vez una mano, contra Platense.
En el 71 quedó atrás del Loco Sánchez y estuvo en la nevera por más de un año, boquita cerrada. “Ese pibe que espera en el banco de Boca”, otro título de El Gráfico. En el 72 jugó unos pocos partidos, se comió dos goles con River y ahí mismo cantó basta, sin que nadie le dijera nada.
Me da risa que en cuanto se menciona al Tano, instantáneamente surja el penal que le atajó a Delem en el 62. Es verdad que esa tarde se aseguró la gloria eterna pero… ¿Sabés todo lo que atajó el Tano Roma en los doce años que estuvo en Boca?
La de ese penal ya te la habrán contado. Penúltima fecha, Boca y River con los mismos puntos, final anticipada, el empate les servía a ellos porque tenían mejor saldo de goles y no había desempate. Boca 1 a 0 con un penal de Paulo… Sabés a qué Paulo me refiero, ¿no? Y faltando cinco minutos, penal para River. Regalo de Nai Foyno, Artime se tiró como un chancho, el Cholo Simeone apenas lo había rozado…
Delem le pegó a la derecha, el Tano rechazó, la pelota quedó ahí y el Tano, de un segundo manotazo, la mandó al córner. En el arco de la hinchada, fue. Se adelantó un poquito menos que en otro que le había atajado al Beto Menéndez, en otro clásico de dos años antes.
¿Quérés que te diga una cosa? Después de pararse el partido por más de diez minutos, porque se metió un montón de gente en la cancha, a mí, no sé por qué, me agarró más cagazo cuando iban a patear el corner que en el penal. Pero llegó el corner… ¿y sabés qué pasó? El Tano fue arriba y la bajó entre diecisiete. Fue el mejor, esa tarde, no sólo por el penal. Atajó todo. A Roberto, otro brasuca que le pegaba con un caño, le tapó un zurdazo a quemarropa de cinco metros que todavía no sé cómo hizo.
Fue la resurrección del Tano porque el Toto Lorenzo y algunos periodistas lo habían mandado al frente después del Mundial de Chile, donde el único que jugó fue Silvio. Sabés qué Silvio, ¿no? El Tano agachó la cabeza, apretó los dientes y siguió. Cuatro años más tarde, el propio Toto lo convocó de nuevo y lo llevó a Inglaterra. Y jugó él. Y no lo discutió nadie. Es que el Tano Roma siempre terminó ganándoles a todos, pibe.
 

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