EL IMPERIO ROMANO
(El título debe ser de Marcelo Guerrero o Tony Serpa, supongo)
¿Sabés qué fue el Tano Roma, pibe? Tarzán. Pero Tarzán en serio. Salía a la cancha sacando pecho, la pera para arriba, casi siempre vestido todo de negro, los primeros años peinado con Glostora y después, peinado con Alerta. Y vos lo veías desde la tribuna y te parecía que era imposible hacerle goles. Creo que los compañeros sentían lo mismo y muchos contrarios, que es lo más importante, también.
Mirá que yo ya
vi pasar gente por el arco de Boca, eh… Por ejemplo, en el 62,
cuando llegó el Flaco Errea, justo estaba de moda la polémica sobre
si el arquero tenía que ser atajador o un jugador completo con
dominio del área y de toda la cancha. Y el Flaco era un intelectual
del arco que hablaba de “hacer la bisectriz”. Yo no sé si el
Tano Roma habrá aprobado geometría, en caso de que haya ido a la
secundaria. Pero el Flaco no le pudo ganar el lugar nunca.
Después del
Tano, si algo pocas veces le faltó a Boca fue arquero. El Loco
Sánchez era un tipo elástico, con unos reflejos bárbaros. El Loco
Gatti, más allá del circo, sabía, adivinaba la jugada. El Mono
Navarro Montoya, igual, aunque volaba más. El colombiano Córdoba me
encantaba, muy completo y un caballerazo. El Pato Abbondanzieri era
bueno, serio, se equivocaba poco. Al cordobés Caranta hay que
reconocerle su aporte fundamental en la Libertadores 2007. Y a Orion
le podés cuestionar cosas pero no se está durante cuatro años en
el arco de Boca por casualidad. Ahora escuchame bien: yo con ninguno
-con ninguno, eh- estuve tan tranquilo como con el Tano.
Ojo, que yo
conozco la historia del arco de Boca de antes de que a mí me
parieran. Según mi viejo, Tesoriere estaba siempre parado en el
lugar a donde iba la pelota y la gilada decía “qué culo tiene”.
Yustrich, si no se hubiese peleado con los dirigentes, habría
atajado veinte años. Estrada atajaba y se reía todo el tiempo, para
que broncaran más. Hace poco leí una nota vieja de Pepe Peña en la
que escribió que había visto muchos atajadores pero que le sobraban
los dedos de una mano para los arqueros y uno de ellos era Vacca. El
viejo Carrizo, a quien no hay por qué ignorar, opina que el mejor
arquero de Boca fue Diano. Y al que llegué a verlo, yo bebé y él
de última, fue al Gato Musimessi. ¿Sabés que una de las primeras
cosas que aprendí a cantar, de chiquito, fue la de Musimessi? “Dale
Boca, viva Boca, el cuadrito de mi amor”. Pero para mí, primero,
Roma.
Dudo se haya
visto otro arquero con la firmeza, la solidez, la seguridad, la
autoridad, la prestancia, la presencia, la solvencia, la imponencia,
la consistencia, la magnificencia, la excelencia del Tano para cortar
los centros arriba. No era de andar pegándole trompadas ni
cachetazos a la pelota, no. El Tano iba arriba y parecía que se le
quedaba pegada, como si tuviera La Gotita. En los últimos años
empezó a usar guantes más seguido pero la mayor parte de la carrera
jugó con las manos desnudas y la apretaba con los diez dedos. Y
difícil que lo movieran. Qué lo iban a mover, rebotaban contra el
Tano. Después sacaba boleando un brazo y la mandaba a sesenta metros
como si nada. Una vez, la Así es Boca sacó una nota diciendo que el
Tano podría haber sido lanzador de disco y la ilustró con fotos del
Tano en pose de discóbolo, vestido nada más que con unos
calzoncillos Casi, los de la publicidad del gorila y el gorilita, ¿la
viste?
Ganador a morir,
moral de hierro. Contaban que en la concentración se entretenía
poniendo el pecho para que le pegaran trompadas. Le daban como en la
guerra, a matar. Después, cuando le tocaba pegar a él, salían
todos corriendo. “Está bien, Tano. Vos sos el más fuerte”, le
decían. Y se quedaba cagándose de risa, con todas las piñas que se
había comido.
No se bancaba ser
segundo a nada. Otra vuelta, el turro de Rojitas se escondió en el
gimnasio de La Candela, espió hasta que estuvo por entrar el Tano,
empezó a hacer abdominales y cantó: “497… 498… 499… 500. A
ver, Tano, si sos capaz de meter quinientos abdominales”. Y el Tano
se puso y no paró hasta 501. No porque se haya creído que Angelito
había tirado quinientos abdominales juntos (los tiraba pero en un
año) sino porque Antonio Roma no iba a dejar pasar un desafío.
Se metía el
ambiente en el bolsillo, en cualquier cancha. Gimnasia, en La Plata,
tenía una platea femenina dentro del campo, atrás de un arco, a dos
metros de la raya. ¿Sabés qué? El minerío los hacía de goma a
los arqueros visitantes. El Tano, cuando la pelota estaba del otro
lado, se recostaba contra un palo, las relojeaba de reojo y les
mandaba la sonrisa torcida, a lo Clark Gable.
Tenía su facha, eh.
Después de hacer la película Pelota de Cuero, en la que
participaron todos los jugadores de Boca, con actuaciones especiales
del Rata y del Pelado Grillo, Armando Bo le propuso al Tano filmar
con Isabel Sarli. El Tano se tomó unos días, dijo que lo había
consultado con la familia y que gracias pero no. Una lástima, ¿te
imaginás?, chocaban los planetas. El Tano y la Coca, qué potencias…
Una noche, en la
cancha de River, el Tano salió caminando desde el vestuario al
ómnibus, solo, atravesando el hall. Altri tempi pero igual, esa vez
lo rodearon para fajarlo (había mucha bronca porque los jugadores de
Boca lo venían gastando mucho a Carrizo). El Tano largó el bolso,
se apoyó contra una pared y entró a surtir. Decí que llegó la
policía, que si no, se quedan sin hinchas.
La más grande
fue en el 65, en un partido con Estudiantes que Boca ganaba 2 a 1. A
dos minutos del final le quedó a Pachamé una pelota muerta delante
del arco, con el Tano medio descolocado. El Tano se rehizo no se supo
cómo, se zambulló, llegó antes y apretó la bola. Pachamé tiró
el pie y se lo clavó. Fractura de no sé cuántas costillas, lesión
del bazo y hemorragia interna con compromiso de los riñones, del
hígado, de los pulmones más parálisis intestinal. Cuando se lo
llevaban en la camilla, le acercaron los micrófonos y el Tano dijo:
“Estoy bien. Es un golpe fuerte, nomás”. Un fotógrafo lo quiso
escrachar en el vestuario, tirado. El Tano se enderezó y le dijo
“esperá”. Y pidió un peine. ¿Entendés lo que era el Tano
Roma, pibe?
Dijeron que no
podía jugar como por seis meses, mínimo. Volvió a los dos meses.
Jugó las últimas cinco fechas y Boca fue campeón, un punto arriba
de River. ¿Te imaginás lo que pudo haber pasado si el Tano no se
jugaba las costillas, el bazo, los riñones, el hígado, los pulmones
y los intestinos en esa pelota con Estudiantes?
“Ya saben,
ustedes metan una que hoy, a Papirri, Cerapio”, les decía a los
otros diez en el túnel. Y era “Cerapio” muchas veces. Esa de
contar los minutos que pasan sin que le hagan goles a un arquero, se
inventó con el Tano. En el 64 estuvo más de seis partidos invicto
hasta que lo embocó Mario Rodríguez, en un empate con
Independiente. Fue record. Y después de ese gol, empezó a sumar
minutos y batió el record otra vez. En una rueda completa de quince
partidos le metieron dos goles. “Roma y las telarañas de su arco”,
me acuerdo que puso El Gráfico. Ahí le cortó la racha Sacchi, con
Racing. ¿Sabés cómo fue? Le pateó un penal, el Tano rechazó y
del rebote, Sacchi la metió. ¡Así le tenían que hacer goles, ese
año!
Ese record lo
quebró Carrizo en el 68 pero al año siguiente, en el Metropolitano,
el Tano lo quebró de nuevo. Siete partidos y pico hasta que la cortó
Wehbe, el de Vélez. ¡Ah! Después de batir el record, el Tano tenía
que ir a morfar con Mirtha Legrand y se apareció en La Candela de
traje blanco y camisa negra. ¿Sabés la que le hicieron Angelito
Rojas y el Sordo Pianetti? ¡Le tiraron el jetra a la pileta! Tuvo
que irse de raje para la casa en ropa de entrenamiento a ponerse
otro.
Mirá, recién en
1971, cuando ya andaba por los 38 años, el Tano perdió el puesto
por rendimiento. Antes, las veces que faltó por algún tiempo y
después hizo reserva o banco, fue por otras causas. En el 62 le
dieron unas vacaciones después del Mundial, en el 63 se lesionó una
mano con Independiente, en el 65 la que te conté con Estudiantes, en
el 67 se rompió los ligamentos en la cancha de Independiente (pese a
lo cual terminó el partido) y en el 69, otra vez una mano, contra
Platense.
En el 71 quedó
atrás del Loco Sánchez y estuvo en la nevera por más de un año,
boquita cerrada. “Ese pibe que espera en el banco de Boca”, otro
título de El Gráfico. En el 72 jugó unos pocos partidos, se comió
dos goles con River y ahí mismo cantó basta, sin que nadie le
dijera nada.
Me da risa que en
cuanto se menciona al Tano, instantáneamente surja el penal que le
atajó a Delem en el 62. Es verdad que esa tarde se aseguró la
gloria eterna pero… ¿Sabés todo lo que atajó el Tano Roma en los
doce años que estuvo en Boca?
La de ese penal
ya te la habrán contado. Penúltima fecha, Boca y River con los
mismos puntos, final anticipada, el empate les servía a ellos porque
tenían mejor saldo de goles y no había desempate. Boca 1 a 0 con un
penal de Paulo… Sabés a qué Paulo me refiero, ¿no? Y faltando
cinco minutos, penal para River. Regalo de Nai Foyno, Artime se tiró
como un chancho, el Cholo Simeone apenas lo había rozado…
Delem le pegó a
la derecha, el Tano rechazó, la pelota quedó ahí y el Tano, de un
segundo manotazo, la mandó al córner. En el arco de la hinchada,
fue. Se adelantó un poquito menos que en otro que le había atajado
al Beto Menéndez, en otro clásico de dos años antes.
¿Quérés que te
diga una cosa? Después de pararse el partido por más de diez
minutos, porque se metió un montón de gente en la cancha, a mí, no
sé por qué, me agarró más cagazo cuando iban a patear el corner
que en el penal. Pero llegó el corner… ¿y sabés qué pasó? El
Tano fue arriba y la bajó entre diecisiete. Fue el mejor, esa tarde,
no sólo por el penal. Atajó todo. A Roberto, otro brasuca que le
pegaba con un caño, le tapó un zurdazo a quemarropa de cinco metros
que todavía no sé cómo hizo.
Fue la
resurrección del Tano porque el Toto Lorenzo y algunos periodistas
lo habían mandado al frente después del Mundial de Chile, donde el
único que jugó fue Silvio. Sabés qué Silvio, ¿no? El Tano agachó
la cabeza, apretó los dientes y siguió. Cuatro años más tarde, el
propio Toto lo convocó de nuevo y lo llevó a Inglaterra. Y jugó
él. Y no lo discutió nadie. Es que el Tano Roma siempre terminó
ganándoles a todos, pibe.
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