El
partido fue un horror, un espanto, una tortura, un asco. “Dolor de
ojos”, dicen ahora muchos periodistas con una creatividad
apabullante. La producción de Boca fue un horror, un espanto, una
tortura, un asco. No vamos a pedirle a Guillermo que admita
públicamente que su equipo fue un horror, un espanto, una tortura,
un asco. No se estila, los entrenadores sienten que así protegen a
sus hombres, aceptemos que nos mienta. Roguemos, eso sí, que en la
intimidad él y sus jugadores tengan conciencia de que fueron un
horror, un espanto, una tortura, un asco.
Patronato
no hizo nada, nada para empatar. Boca no hizo nada, nada para ganar.
Boca estuvo a cuatro minutos de ganar. Momento en que Patronato se
encontró con el empate a pesar suyo.
Desde
el fondo de los tiempos llevamos vistos, en La Bombonera en
particular, muchos, muchísimos, innumerables partidos en que los
nuestros disponen todo el tiempo de la pelota ante un mísero rival
que aguanta. Y los nuestros la llevan hasta el área y allí se les
nubla el pensamiento y no saben qué trole hay que tomar para seguir
y rebotan y vuelven a empezar y vuelven a rebotar. No han sido
tantos, en cambio, los partidos de esas características en que los
nuestros parezcan no enojarse, no ofuscarse por lo menos, dejen la
sensación de conformarse con que así sean las cosas, como va al
matadero la res.
Por
otra parte, cuando un partido de este tipo se abre con un gol, puede
considerarse que el ochenta por ciento del problema está resuelto.
Dejar que un partido así, ante tan zaparrastroso rival se escape, es
imperdonable, inadmisible, inexplicable.
Nos
va a faltar el Wachiturro Centurión, mínimo, por un mes y medio. No
se ve en qué forma podríamos reemplazarlo. Con Talleres nos faltó
y perdimos. Con Defensa y Justicia abrió el partido él en un rapto
de inspiración. Con Patronato pudo haberse bajado la persiana en un
rapto de inspiración de Pavón. Sin embargo, después de haber
recibido el taco de Benedetto y de ese arranque eléctrico que
sacudió la monotonía del juego y nos despabiló a todos, después
de haber desacomodado a todos los contrarios, Cristian eligió
fatalmente mal, la peor de las opciones. Los tenía a Benedetto y a
Junior, prefirió terminarla él, se le atravesó por la cabeza su
gol histórico, repeticiones por televisión hasta el hartazgo, tapas
de diarios, minitas rendidas a sus pies, quizás, ofertas del Real
Madrid o el Barcelona o los dos juntos. Se la sacó el arquero, era
el 2-0 y faltaban diez minutos. Había jugado un montón contra
Vélez, Cristian. ¡Ay, Cristian!
No
tenemos dos centuriones, decíamos. Y momentáneamente, afuera
Fernando, tampoco tenemos un volante que sea el guía, el conductor,
el eje de circulaciòn. El Negro Barrios fue, por lejos, el mejor
jugador de Boca. El único, podría decirse. El unico que arrancó
frecuentes aplausos y aprobaciones de la gente. El único, por otra
parte, que pareció jugar con la concentración y determinación
debidas. Es un 5 guerrero, comedor de garrones, se para donde tiene
que pararse, utiliza bien el cuerpo, mete y mete pero además, con la
pelota hace casi siempre lo correcto, lo que las circunstancias
aconsejan. Con él, la fisonomía toda del equipo cambia porque de
los demás volantes con que contamos ninguno se le parece.
El
problema es quién podría ser el cerebro de la función ofensiva, el
ideólogo de las elaboraciones. A Wilmar no podemos pedírselo. Pablo
Pérez es muy buen jugador, bastante completo porque es un fogonero
de buen bagaje técnico pero tampoco le da para ser el líder del
armado. Bentancur puede que alguna vez llegue a ser un mediocampista
de toda la cancha, uno de esos que estan atrás y adelante igualmente
cómodos y con idéntico peso específico, reúne muchas de las
condiciones necesarias aunque tal vez le falte mentalidad,
temperamento para trepar a esas alturas. Por ahora es un pibe que
juega bien aunque, por lo general, menos de lo que pudiera. A los
dos, a Pablo y a Rodrigo, les tocó por otra parte una mala tarde,
ambos estuvieron lejos de sus mejores expresiones, se levantaron con
el pie izquierdo. Sintieron que les faltaba el complemento, el
eslabón siguiente, fuese Fernando o el Wachiturro. No pudieron
hacerse cargo.
Es
de hacer notar que con Vélez jugamos con la misma estructura, los
mismos volantes y generamos uno de los mejores partidos del
campeonato. Siete días más tarde, con idéntica conformación (sin
Centurión), uno de los peores, el peor.
Tuvo
suerte, Boca. Porque la verdad es que no había hecho nada a lo largo
de todo el primer tiempo. Esa que armaron Pavón y Peruzzi y que
terminó con un tiro de Benedetto a los caños. O esa pelota parada
bien trabajada, centro de Fabra pasado, la aparición de Rodrigo por
el otro lado, el rebote del arquero para adelante y Solís de frente
pero forzado, para mandarla por arriba. Dos jugadas dignas de mención
en 45 minutos frente a un rival an debilucho, nada.
Y
en la última jugada antes de irnos al descanso, ¡albricias!, un
gol. Otra pelota que les cruza el área de derecha a izquierda
(participación de Gino, que parecía ser la clave pero no apareció
lo suficiente), del otro lado la devolvió muy bien Solís, le pegó
seco y viboreante. Igual, era del arquero, este añejo Bértoli o
Bertoli, veterano de mil batallas que, no te enojés, Bértoli o
Bertoli, como arquero sos un buen concejal del FPV. Dudó, la miró,
la dejó pasar y por detrás de él estaba Benedetto para poner la
cabeza y tranquilizarnos a todos. Irse los jugadores a descansar y
refrescarse, los demás a comerse un buen choripán o un Paty (salvo
algún boludo que tenga que quedarse en su pupitre escribiendo).
Fiel
a sí mismo, Darío. No tuvo muchas, tuvo pocas pero una la mandó a
guardar. Alto registro de efectividad, en los últimos tiempos.
Sepultó, al menos por ahora, las discusiones sobre quién tenía que
ser el 9. Se mueve bien, tiene buenas concepciones, como el
mencionado taco con que empezara aquella jugada de Pavón. Le falta,
a Darío, sostenerse como protagonista por más tiempo y también
ganar más bochas divididas, pelearla más, hay veces que parece como
si jugara con zapatillas de ballet y pierde por eso y sos el 9 de
Boca, Darío.
Ausente
Centurión, Guillermo se decidió por Solís y está bien. Nazareno
es un pibe que puede andar, es capaz de ganar uno contra uno por
cualquiera de las bandas, tiene que crecer. Esta vez, sólo se lo vio
en esa magnífica pegada para el centro que precedió al gol. En el
segundo tiempo iba a ser el primer cambio, porque había que sacar a
alguien, podía ser cualquier menos Rossi o Barrios, Guillermo sacó
al más fácil de sacar, como hacen los técnicos. Entro Junior
Benítez al que no se lo vio. Con Talleres tampoco se lo había visto
salvo cuando metió el gol. Son bastante parecidos, Nazareno y
Junior, salvo que uno es zurdo y el otro diestro, uno es pibe y el
otro ya está grandecito. Uno tiene para desarrollarse, el otro llegó
hasta ahí.
Bueno,
viejo, 1-0 y se terminó, a otra cosa mariposa, pensamos todos, vamos
a ver cuántos metemos ahora. Patronato, que venía golpeado por un
0-5 en cancha propia, iba a tener que, por lo menos, adelantarse en
el campo, veinte metros. Y lo hizo. Lástima que Boca no se haya dado
por enterado. Siguió jugando igual, hacia atrás y los costados para
después perderla inexorablemente en cuanto quisiera hacerse
vertical.
Siempre
lo mismo. Antes de los 15 minutos, un centro de Pavón que Solís
cabeceó torcido y otra que cruzó Pavón a la que no llegó
Benedetto. Después, nada hasta esa ya referida de la que no
quisiéramos hablar más ni recordarla, la de Pavón. Vamos a
reconocerle a Cristian que, si bien jugó como la mierda, fue
partícipe necesario en casi todas las jugadas de ataque que pudieran
anotarse. No fueron muchas, claro.
No
había modo de imaginarse cómo podría hacer Patronato para llegar
al gol, aunque se jugara tres días. Sin embargo, íbamos nada más
que 1-0 y a éste que escribe, cuando un partido así va 1-0 y sigue
1-0, allá por los 15 minutos del segundo tiempo se le aparece una
gota de sudor frío recorriendo desde arriba, lenta, la columna
vertebral, camino de la parte que está abajo de la espalda.
Guillermo
tal vez haya experimentado algo parecido. Por eso cerca del final lo
metió a Jara por Pavón. Cambio para aguantar, contra Patronato de
locales. ¡Naaaaaaaaaaa!... Dejame de hinchar las pelotas.
Y
pasó, otra vez. Minuto 90 clavado en tiempo bruto. Pelota que nos
traspasa el área por arriba, Peruzzi que pierde con Gagliardi, sale
para el medio, llega Quiroga tocando pito, no la toca pero con él se
distraen Vergini e Insaurralde, se desarticulan. Y aparece un tal
Arce (que según acabo de enterarme hizo inferiores con nosotros)
para pegarnos, de frente, el tiro del final.
Vergini
desde el primer tiempo andaba con ganas de mandarse una cagada
grande, comprometía pelotas con cierto dejo de suficiencia para el
que no estás, Santiago. Al Chaco uno le guarda algún cariño, algún
respeto porque tiene, el tipo, su historia en el club pero a veces es
tan bruto...
Entre
Vélez y Patronato, en 180 minutos, nos llegaron dos veces y nos
metieron dos goles. Rossi no atajó ninguna aunque no sea culpa de
él. Las dos veces con bolas de aire ante las cuales los nuestros no
supieron cómo actuar, quedaron atornillados, no atinaron a sacarla,
no supieron cómo. Cuarto de vaso lleno, no nos llegan. Tres cuartros
de vaso vacío, la vez que nos llegan sacamos del diome.
Venía
todo bastante derechito. Huevo a huevo entre Newell's y Estudiantes,
el resultado que mejor nos caía. A los cuervos los acostaron en
Tucumán y nosotros teníamos uno de los partidos más fáciles del
año, ganábamos y sacábamos siete puntos. Empatamos, que en buen
romance significa perdimos. Para peor, a continuación ganaron los
que te jedi que, no nos mintamos, es a los que primero tenemos que
mirar. Ojo con Colón. Y ojo, sobre todo, con nosotros mismos. Si no
ganamos este partido, quiere decir que somos capaces de perder
cualquiera. ¿Cómo? Ya se verá, nos las arreglaremos.
EL
BOLETÍN: ROSSI 5, PERUZZI 4, VERGINI 3, INSAURRALDE 4, FABRA 5,
PÉREZ 4, BARRIOS 7, BENTANCUR 4, PAVÓN 4, BENEDETTO 6, SOLÍS 4
(FI), BENÍTEZ 3, JARA NC, BOU NC.
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