lunes, 17 de abril de 2017

HORROR, ESPANTO, TORTURA, ASCO

El partido fue un horror, un espanto, una tortura, un asco. “Dolor de ojos”, dicen ahora muchos periodistas con una creatividad apabullante. La producción de Boca fue un horror, un espanto, una tortura, un asco. No vamos a pedirle a Guillermo que admita públicamente que su equipo fue un horror, un espanto, una tortura, un asco. No se estila, los entrenadores sienten que así protegen a sus hombres, aceptemos que nos mienta. Roguemos, eso sí, que en la intimidad él y sus jugadores tengan conciencia de que fueron un horror, un espanto, una tortura, un asco.
Patronato no hizo nada, nada para empatar. Boca no hizo nada, nada para ganar. Boca estuvo a cuatro minutos de ganar. Momento en que Patronato se encontró con el empate a pesar suyo.
Desde el fondo de los tiempos llevamos vistos, en La Bombonera en particular, muchos, muchísimos, innumerables partidos en que los nuestros disponen todo el tiempo de la pelota ante un mísero rival que aguanta. Y los nuestros la llevan hasta el área y allí se les nubla el pensamiento y no saben qué trole hay que tomar para seguir y rebotan y vuelven a empezar y vuelven a rebotar. No han sido tantos, en cambio, los partidos de esas características en que los nuestros parezcan no enojarse, no ofuscarse por lo menos, dejen la sensación de conformarse con que así sean las cosas, como va al matadero la res.
Por otra parte, cuando un partido de este tipo se abre con un gol, puede considerarse que el ochenta por ciento del problema está resuelto. Dejar que un partido así, ante tan zaparrastroso rival se escape, es imperdonable, inadmisible, inexplicable.
Nos va a faltar el Wachiturro Centurión, mínimo, por un mes y medio. No se ve en qué forma podríamos reemplazarlo. Con Talleres nos faltó y perdimos. Con Defensa y Justicia abrió el partido él en un rapto de inspiración. Con Patronato pudo haberse bajado la persiana en un rapto de inspiración de Pavón. Sin embargo, después de haber recibido el taco de Benedetto y de ese arranque eléctrico que sacudió la monotonía del juego y nos despabiló a todos, después de haber desacomodado a todos los contrarios, Cristian eligió fatalmente mal, la peor de las opciones. Los tenía a Benedetto y a Junior, prefirió terminarla él, se le atravesó por la cabeza su gol histórico, repeticiones por televisión hasta el hartazgo, tapas de diarios, minitas rendidas a sus pies, quizás, ofertas del Real Madrid o el Barcelona o los dos juntos. Se la sacó el arquero, era el 2-0 y faltaban diez minutos. Había jugado un montón contra Vélez, Cristian. ¡Ay, Cristian!
No tenemos dos centuriones, decíamos. Y momentáneamente, afuera Fernando, tampoco tenemos un volante que sea el guía, el conductor, el eje de circulaciòn. El Negro Barrios fue, por lejos, el mejor jugador de Boca. El único, podría decirse. El unico que arrancó frecuentes aplausos y aprobaciones de la gente. El único, por otra parte, que pareció jugar con la concentración y determinación debidas. Es un 5 guerrero, comedor de garrones, se para donde tiene que pararse, utiliza bien el cuerpo, mete y mete pero además, con la pelota hace casi siempre lo correcto, lo que las circunstancias aconsejan. Con él, la fisonomía toda del equipo cambia porque de los demás volantes con que contamos ninguno se le parece.
El problema es quién podría ser el cerebro de la función ofensiva, el ideólogo de las elaboraciones. A Wilmar no podemos pedírselo. Pablo Pérez es muy buen jugador, bastante completo porque es un fogonero de buen bagaje técnico pero tampoco le da para ser el líder del armado. Bentancur puede que alguna vez llegue a ser un mediocampista de toda la cancha, uno de esos que estan atrás y adelante igualmente cómodos y con idéntico peso específico, reúne muchas de las condiciones necesarias aunque tal vez le falte mentalidad, temperamento para trepar a esas alturas. Por ahora es un pibe que juega bien aunque, por lo general, menos de lo que pudiera. A los dos, a Pablo y a Rodrigo, les tocó por otra parte una mala tarde, ambos estuvieron lejos de sus mejores expresiones, se levantaron con el pie izquierdo. Sintieron que les faltaba el complemento, el eslabón siguiente, fuese Fernando o el Wachiturro. No pudieron hacerse cargo.
Es de hacer notar que con Vélez jugamos con la misma estructura, los mismos volantes y generamos uno de los mejores partidos del campeonato. Siete días más tarde, con idéntica conformación (sin Centurión), uno de los peores, el peor.
Tuvo suerte, Boca. Porque la verdad es que no había hecho nada a lo largo de todo el primer tiempo. Esa que armaron Pavón y Peruzzi y que terminó con un tiro de Benedetto a los caños. O esa pelota parada bien trabajada, centro de Fabra pasado, la aparición de Rodrigo por el otro lado, el rebote del arquero para adelante y Solís de frente pero forzado, para mandarla por arriba. Dos jugadas dignas de mención en 45 minutos frente a un rival an debilucho, nada.
Y en la última jugada antes de irnos al descanso, ¡albricias!, un gol. Otra pelota que les cruza el área de derecha a izquierda (participación de Gino, que parecía ser la clave pero no apareció lo suficiente), del otro lado la devolvió muy bien Solís, le pegó seco y viboreante. Igual, era del arquero, este añejo Bértoli o Bertoli, veterano de mil batallas que, no te enojés, Bértoli o Bertoli, como arquero sos un buen concejal del FPV. Dudó, la miró, la dejó pasar y por detrás de él estaba Benedetto para poner la cabeza y tranquilizarnos a todos. Irse los jugadores a descansar y refrescarse, los demás a comerse un buen choripán o un Paty (salvo algún boludo que tenga que quedarse en su pupitre escribiendo).
Fiel a sí mismo, Darío. No tuvo muchas, tuvo pocas pero una la mandó a guardar. Alto registro de efectividad, en los últimos tiempos. Sepultó, al menos por ahora, las discusiones sobre quién tenía que ser el 9. Se mueve bien, tiene buenas concepciones, como el mencionado taco con que empezara aquella jugada de Pavón. Le falta, a Darío, sostenerse como protagonista por más tiempo y también ganar más bochas divididas, pelearla más, hay veces que parece como si jugara con zapatillas de ballet y pierde por eso y sos el 9 de Boca, Darío.
Ausente Centurión, Guillermo se decidió por Solís y está bien. Nazareno es un pibe que puede andar, es capaz de ganar uno contra uno por cualquiera de las bandas, tiene que crecer. Esta vez, sólo se lo vio en esa magnífica pegada para el centro que precedió al gol. En el segundo tiempo iba a ser el primer cambio, porque había que sacar a alguien, podía ser cualquier menos Rossi o Barrios, Guillermo sacó al más fácil de sacar, como hacen los técnicos. Entro Junior Benítez al que no se lo vio. Con Talleres tampoco se lo había visto salvo cuando metió el gol. Son bastante parecidos, Nazareno y Junior, salvo que uno es zurdo y el otro diestro, uno es pibe y el otro ya está grandecito. Uno tiene para desarrollarse, el otro llegó hasta ahí.
Bueno, viejo, 1-0 y se terminó, a otra cosa mariposa, pensamos todos, vamos a ver cuántos metemos ahora. Patronato, que venía golpeado por un 0-5 en cancha propia, iba a tener que, por lo menos, adelantarse en el campo, veinte metros. Y lo hizo. Lástima que Boca no se haya dado por enterado. Siguió jugando igual, hacia atrás y los costados para después perderla inexorablemente en cuanto quisiera hacerse vertical.
Siempre lo mismo. Antes de los 15 minutos, un centro de Pavón que Solís cabeceó torcido y otra que cruzó Pavón a la que no llegó Benedetto. Después, nada hasta esa ya referida de la que no quisiéramos hablar más ni recordarla, la de Pavón. Vamos a reconocerle a Cristian que, si bien jugó como la mierda, fue partícipe necesario en casi todas las jugadas de ataque que pudieran anotarse. No fueron muchas, claro.
No había modo de imaginarse cómo podría hacer Patronato para llegar al gol, aunque se jugara tres días. Sin embargo, íbamos nada más que 1-0 y a éste que escribe, cuando un partido así va 1-0 y sigue 1-0, allá por los 15 minutos del segundo tiempo se le aparece una gota de sudor frío recorriendo desde arriba, lenta, la columna vertebral, camino de la parte que está abajo de la espalda.
Guillermo tal vez haya experimentado algo parecido. Por eso cerca del final lo metió a Jara por Pavón. Cambio para aguantar, contra Patronato de locales. ¡Naaaaaaaaaaa!... Dejame de hinchar las pelotas.
Y pasó, otra vez. Minuto 90 clavado en tiempo bruto. Pelota que nos traspasa el área por arriba, Peruzzi que pierde con Gagliardi, sale para el medio, llega Quiroga tocando pito, no la toca pero con él se distraen Vergini e Insaurralde, se desarticulan. Y aparece un tal Arce (que según acabo de enterarme hizo inferiores con nosotros) para pegarnos, de frente, el tiro del final.
Vergini desde el primer tiempo andaba con ganas de mandarse una cagada grande, comprometía pelotas con cierto dejo de suficiencia para el que no estás, Santiago. Al Chaco uno le guarda algún cariño, algún respeto porque tiene, el tipo, su historia en el club pero a veces es tan bruto...
Entre Vélez y Patronato, en 180 minutos, nos llegaron dos veces y nos metieron dos goles. Rossi no atajó ninguna aunque no sea culpa de él. Las dos veces con bolas de aire ante las cuales los nuestros no supieron cómo actuar, quedaron atornillados, no atinaron a sacarla, no supieron cómo. Cuarto de vaso lleno, no nos llegan. Tres cuartros de vaso vacío, la vez que nos llegan sacamos del diome.
Venía todo bastante derechito. Huevo a huevo entre Newell's y Estudiantes, el resultado que mejor nos caía. A los cuervos los acostaron en Tucumán y nosotros teníamos uno de los partidos más fáciles del año, ganábamos y sacábamos siete puntos. Empatamos, que en buen romance significa perdimos. Para peor, a continuación ganaron los que te jedi que, no nos mintamos, es a los que primero tenemos que mirar. Ojo con Colón. Y ojo, sobre todo, con nosotros mismos. Si no ganamos este partido, quiere decir que somos capaces de perder cualquiera. ¿Cómo? Ya se verá, nos las arreglaremos.



EL BOLETÍN: ROSSI 5, PERUZZI 4, VERGINI 3, INSAURRALDE 4, FABRA 5, PÉREZ 4, BARRIOS 7, BENTANCUR 4, PAVÓN 4, BENEDETTO 6, SOLÍS 4 (FI), BENÍTEZ 3, JARA NC, BOU NC.

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