lunes, 10 de abril de 2017

UN PARTIDO CASI REDONDO

Lo que faltó fue definirlo antes y con mayor amplitud, con goleada, con números para recordar por mucho tiempo, por siempre. Estaban todas las condiciones dadas. Así como Independiente ganó 5-0 en Paraná, Boca tendría que haber ganado 5-0 o algo así en Liniers.
Jugamos contra el peor Vélez de los últimos cincuenta años. Tuvimos el control del juego en todo momento, de principio a fin. Estaba claro que cada vez que Boca se lo proponía, que aceleraba, llegaba profundo. Que imponía superioridad numérica en los últimos metros de cancha. Porque además, estaban todos bien: Centurión, Pavón, Bentancur, Pablo, Bnedetto, Barrios, Peruzzi, Fabra... La cancha rapidita nos favorecía, ellos no podían hacer pie. Además, por ser locales y por historia reciente, querían jugar de igual a igual y ofrecían agujeros por todos lados.
Tres llegadas claras antes de los diez minutos: la que definió Centurión sin espacio, la que le tapó el arquero a Pablo y la de Pavón en el travesaño. Las dos primeras en elaboraciones con participación de mucha gente, utilizando todo el ancho de la cancha. La tercera, con la perfecta utilización de una acción de pelota parada.
Tardó 24 minutos en llegar el gol. Demasiado, podría decirse. Y fue tal como podía preverse, en una jugada armada desde atrás, llevando la pelota segura, como sobre rieles, para el cruce final de Pavón (que no se dejó seducir por la tentaciòn de terminarla él) y la definición implacable de Darío, que llegaba junto con Centurión, libres los dos. Casi enseguida, el arquero le sacó el segundo a Pablo. Tendríamos que haberlo dejado resuelto en el primer tiempo. Ellos, nada. Y encima se quedaron con diez, por el suelazo de Canteros al Chaco.
La actitud del segundo tiempo no fue la mejor. Había que ir y matar de una vez. Lo que hizo Boca fue esperar pacientemente a que la ocasión llegara. Con la pelota siempre, segura, de aquí para allá y de allá para aquí.
Pudo haber sido con esa que le cruzó Pablo a Fabra que apareció solo a las puertas del arco y no llegó a conectar. Fue, poco después, con el centro de Cristian y la aparición fantasmal de Gino (que la había empezado y después la fue a terminar por adentro) para anticipar a todos, incluso a Benedetto y meter el cabezazo ganador. Lo estaban castigando mucho, los de Vélez, a Gino pero se guardó las ganas de gritárselos.
Cierto dejo de displicencia es lo que no va. Displicencia en Pablo para moverse de forma acompasada, como haciendo ver que no se esforzaba del todo. Displicencia en Fabra, que no definió con todo el rigor esa última que le quedó con el arquero. Displicencia del Wachiturro, que se tomó franco en todo el segundo tiempo.
Los que siguieron al cien por ciento fueron Cristian y Bentancur. Muy buen partido de Rodrigo, aunque sigue sin aprobar la materia cuando tiene que terminar las jugadas de ataque. Un volante con su conformación técnica y su predisposición para jugar tiene que tener siete u ocho goles, mínimo, por temporada. No tiene ninguno. Es pibe. ¿Crecerá? ¿Crecerá en Italia? Es momento de definiciones, para él, no puede seguir postergándolas.
Sin Gago ni Sebastián Pérez, con Barrios está claro que vamos a tener más agresividad para recuperar en el medio. Así pasó con Vélez. Es un 5 duro, Wilmar y se acopló muy bien al funcionamiento de todos. Vamos a ver qué pasa contra un rival que nos comprometa más.
Defendimos mal ese corner que, insólitamente, iba a terminar en gol de Vélez. Dudaron todos, Barrios quiso rechazar de cabeza y la dejó muerta ahí, para que Romero lo hiciera pasar de largo a Pablo y definiera arriba. Insólito porque no habían llegado claro jamás, en todo el partido. Y en la primera que tuvieron, a los 37 del segundo tiempo, nos embocaron. Rossi no detuvo ni un solo tiro al arco en los noventa minutos. Su trabajo se remitió a los saques de meta, recoger alguna pelota que le mandaron desde lejos o jugar con los pies las que le hicieran llegar sus compañeros. Faltaban ocho minutos de tiempo regular y ganábamos nada más que por un gol. Y ellos estaban con diez desde el primer tiempo. Inadmisible, imperdonable.
Y se nota más porque con el gol de Vélez fue como si los nuestros se dijeran “bueno, che, dejémonos de joder y vamos a terminarlo”. Y lo terminaron, dos minutos más tarde. Bien jugada, otra vez por todo el frente, Ricky para Pablo, apertura para Frank, el centro pasado y Pavón que llegaba por el otro lado para meterla con una pirueta rarra, una especie de tijera casi acostado en el suelo.
Participación de Cristian en los tres goles. Con la precisión y la efectividad que le faltan otras veces, esta vez no nos hizo poner nerviosos, muy buena noche la suya. Muy bien también, muy profundo, tal como es su característica, Frank, A esta altura, titular indiscutido. No se entiende bien que Guillermo lo deje afuera cuando vuelve de su selección, por más que sea dos días antes del partido.
Habían ganado todos, teníamos que ganar nosotros y ganamos. Fácil, más fácil de lo que pudiera indicar el 3-1. En una cancha que se hizo complicada en las últimas décadas. Hay que poner las cosas en su justo lugar, este Vélez es demasiado pobre, nos dio todas las facilidades. Pero no hay por qué dejar de saludar una producción sólida, convincente. La estructura potenció las individualidades y las individualidades plasmaron una victoria incuestionable por donde se la mire. Boca, esta vez, pareció un candidato a campeón.


EL BOLETÍN: ROSSI 5, PERUZZI 7, VERGINI 5, INSAURRALDE 6, FABRA 7, PABLO PÉREZ 8, BARRIOS 6, BENTANCUR 8, PAVÓN 9, BENEDETTO 6, CENTURIÓN 7 (FI), BOU NC, JARA NC, ZUQUI NC.

No hay comentarios:

Publicar un comentario