Lo
que faltó fue definirlo antes y con mayor amplitud, con goleada, con
números para recordar por mucho tiempo, por siempre. Estaban todas
las condiciones dadas. Así como Independiente ganó 5-0 en Paraná,
Boca tendría que haber ganado 5-0 o algo así en Liniers.
Jugamos
contra el peor Vélez de los últimos cincuenta años. Tuvimos el
control del juego en todo momento, de principio a fin. Estaba claro
que cada vez que Boca se lo proponía, que aceleraba, llegaba
profundo. Que imponía superioridad numérica en los últimos metros
de cancha. Porque además, estaban todos bien: Centurión, Pavón,
Bentancur, Pablo, Bnedetto, Barrios, Peruzzi, Fabra... La cancha
rapidita nos favorecía, ellos no podían hacer pie. Además, por ser
locales y por historia reciente, querían jugar de igual a igual y
ofrecían agujeros por todos lados.
Tres
llegadas claras antes de los diez minutos: la que definió Centurión
sin espacio, la que le tapó el arquero a Pablo y la de Pavón en el
travesaño. Las dos primeras en elaboraciones con participación de
mucha gente, utilizando todo el ancho de la cancha. La tercera, con
la perfecta utilización de una acción de pelota parada.
Tardó
24 minutos en llegar el gol. Demasiado, podría decirse. Y fue tal
como podía preverse, en una jugada armada desde atrás, llevando la
pelota segura, como sobre rieles, para el cruce final de Pavón (que
no se dejó seducir por la tentaciòn de terminarla él) y la
definición implacable de Darío, que llegaba junto con Centurión,
libres los dos. Casi enseguida, el arquero le sacó el segundo a
Pablo. Tendríamos que haberlo dejado resuelto en el primer tiempo.
Ellos, nada. Y encima se quedaron con diez, por el suelazo de
Canteros al Chaco.
La
actitud del segundo tiempo no fue la mejor. Había que ir y matar de
una vez. Lo que hizo Boca fue esperar pacientemente a que la ocasión
llegara. Con la pelota siempre, segura, de aquí para allá y de allá
para aquí.
Pudo
haber sido con esa que le cruzó Pablo a Fabra que apareció solo a
las puertas del arco y no llegó a conectar. Fue, poco después, con
el centro de Cristian y la aparición fantasmal de Gino (que la había
empezado y después la fue a terminar por adentro) para anticipar a
todos, incluso a Benedetto y meter el cabezazo ganador. Lo estaban
castigando mucho, los de Vélez, a Gino pero se guardó las ganas de
gritárselos.
Cierto
dejo de displicencia es lo que no va. Displicencia en Pablo para
moverse de forma acompasada, como haciendo ver que no se esforzaba
del todo. Displicencia en Fabra, que no definió con todo el rigor
esa última que le quedó con el arquero. Displicencia del
Wachiturro, que se tomó franco en todo el segundo tiempo.
Los
que siguieron al cien por ciento fueron Cristian y Bentancur. Muy
buen partido de Rodrigo, aunque sigue sin aprobar la materia cuando
tiene que terminar las jugadas de ataque. Un volante con su
conformación técnica y su predisposición para jugar tiene que
tener siete u ocho goles, mínimo, por temporada. No tiene ninguno.
Es pibe. ¿Crecerá? ¿Crecerá en Italia? Es momento de
definiciones, para él, no puede seguir postergándolas.
Sin
Gago ni Sebastián Pérez, con Barrios está claro que vamos a tener
más agresividad para recuperar en el medio. Así pasó con Vélez.
Es un 5 duro, Wilmar y se acopló muy bien al funcionamiento de
todos. Vamos a ver qué pasa contra un rival que nos comprometa más.
Defendimos
mal ese corner que, insólitamente, iba a terminar en gol de Vélez.
Dudaron todos, Barrios quiso rechazar de cabeza y la dejó muerta
ahí, para que Romero lo hiciera pasar de largo a Pablo y definiera
arriba. Insólito porque no habían llegado claro jamás, en todo el
partido. Y en la primera que tuvieron, a los 37 del segundo tiempo,
nos embocaron. Rossi no detuvo ni un solo tiro al arco en los noventa
minutos. Su trabajo se remitió a los saques de meta, recoger alguna
pelota que le mandaron desde lejos o jugar con los pies las que le
hicieran llegar sus compañeros. Faltaban ocho minutos de tiempo
regular y ganábamos nada más que por un gol. Y ellos estaban con
diez desde el primer tiempo. Inadmisible, imperdonable.
Y
se nota más porque con el gol de Vélez fue como si los nuestros se
dijeran “bueno, che, dejémonos de joder y vamos a terminarlo”. Y
lo terminaron, dos minutos más tarde. Bien jugada, otra vez por todo
el frente, Ricky para Pablo, apertura para Frank, el centro pasado y
Pavón que llegaba por el otro lado para meterla con una pirueta
rarra, una especie de tijera casi acostado en el suelo.
Participación
de Cristian en los tres goles. Con la precisión y la efectividad que
le faltan otras veces, esta vez no nos hizo poner nerviosos, muy
buena noche la suya. Muy bien también, muy profundo, tal como es su
característica, Frank, A esta altura, titular indiscutido. No se
entiende bien que Guillermo lo deje afuera cuando vuelve de su
selección, por más que sea dos días antes del partido.
Habían
ganado todos, teníamos que ganar nosotros y ganamos. Fácil, más
fácil de lo que pudiera indicar el 3-1. En una cancha que se hizo
complicada en las últimas décadas. Hay que poner las cosas en su
justo lugar, este Vélez es demasiado pobre, nos dio todas las
facilidades. Pero no hay por qué dejar de saludar una producción
sólida, convincente. La estructura potenció las individualidades y
las individualidades plasmaron una victoria incuestionable por donde
se la mire. Boca, esta vez, pareció un candidato a campeón.
EL
BOLETÍN: ROSSI 5, PERUZZI 7, VERGINI 5, INSAURRALDE 6, FABRA 7,
PABLO PÉREZ 8, BARRIOS 6, BENTANCUR 8, PAVÓN 9, BENEDETTO 6,
CENTURIÓN 7 (FI), BOU NC, JARA NC, ZUQUI NC.
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