lunes, 15 de mayo de 2017

APUNTES DEL FRACASO

Tranquilos, relajémonos, tratemos de ser justos y de poner cada cosa en el lugar que le corresponde.
Se falló, se falló muy feo, en un partido en el que no había que fallar. Como dice Guillermo, seguimos primeros pero a falta de seis fechas, hagamos de cuenta que a River lo tenemos a un punto y el envión es de ellos. No nos olvidemos de San Lorenzo.
River fue más, bastante más que Boca si se repasa el partido en su conjunto. Que a un minuto del final hayamos tenido la oportunidad de rasguñar un empate no puede cambiar el concepto. Ese resultado hubiese sido engañoso. La diferencia final de dos goles expresa mucho mejor lo que fue el clásico.
Guillermo es un tipo más que medianamente inteligente. Algunas cosas que dijo en la conferencia (“puedo haberme equivocado en este partido pero en los otros 23 no” o “vamos primeros, si nosotros somos un desastre qué queda para los otros 29”), tomémoslas como producto de la ofuscación y frustración que nos envolvía a todos y a él, con toda lógica, más que a ningún otro. Es de esperar que, con la almohada, razone de otra manera porque si no...
A los 15 minutos, cuando ya perdíamos, nos quedamos sin Centurión y ya hemos comprobado cuánta falta nos hace. Sin él, será difícil que alguien rompa el molde con la jugada que no se espera y que da vuelta un partido.
Seamos sensatos, no es de suponer que si entraba el pibe Maroni, él solito se iba a poner el equipo al hombro e iba a escribir la historia de éste clásico de otra manera. Además, si le tiráramos semejante fardo, pondríamos en riesgo su futuro. Pero después del partido con Arsenal pareció haber quedado claro para todos (menos para Guillermo) que, ausente Centurión, la mejor baraja que tenemos en el mazo es Maroni. Guillermo lo dejó fuera del banco, se condicionó a sí mismo.
De lo que tenia en el banco, Guillermo eligió Bou. No se trata de hablar con el famoso “diario del lunes”, a éste que escribe la elección le pareció inadecuada desde el principio y seguro que a muchos les pasó lo mismo. Con Wilmar Barrios en la cancha desde ese momento, liberando a Pablo Pérez o al propio Bentancur, se le daba campo a un jugador que está en un buen momento como es Wilmar y no se modificaba el sistema (porque Centurión ya no es el especialista en la banda que era hasta hace poco sino que juega suelto).
De últimas y aunque Junior Benítez hasta hoy no haya justificado su contratación, si se lo ponía a él se hubiese tenido por el costado a un jugador con oficio para ocupar esa zona. Bou es un 9. Si va por banda (como ocurrió casi todo el tiempo) se pierde y si va para el medio, se enrosca con Benedetto.
Especulaciones, claro, porque ninguna de las fórmulas propuestas hubiese asegurado nada. La realidad es que, en este Boca que vimos, sumido en el desconcierto y la impotencia, era improbable que un jugador cambiara la cara del conjunto. Antes bien, las cosas estaban dadas como para que el desorden se lo llevase puesto al más pintado.
Ya antes del primero River había tenido una clara, la de Driussi que tapó Rossi. La segunda fue gol. Centro larguisimo de Driussi que Peruzzi, mal parado, vio venir de frente, no atinó a otra cosa que retroceder sobre sus talones, le cayó por detrás. Martínez la colocó de manera impecable. No fue una casualidad, River lo paró a Martínez en la zona de Gino sabiendo que allí podía dañarnos, que ese sector podía ser clave. Así fue.
Desde ese momento y hasta el final del primer tiempo fue todo de River. Mandaba sin discusiones, con o sin la bola en su poder. El segundo fue otra demostración porque Boca juntó mucha gente en campo rival pero salió la contra y se veía venir que no había manera de pararla. No volvíamos. En el medio hubo un rechazo de Vergini pero cortó como pudo, no podía elegir el destino y la pelota fue a parar a un rival, Martínez, que colocó un gran pase para la definición de Alario, que a su vez llegaba con espacio elegir y acertar.
El penal que se pidió de Batalla a Fabra no existió. Pasó y llegó bien Frank, por sorpresa, pero tuvo que definir muy forzado y el contacto posterior con el arquero, cuando la pelota ya se iba, de ninguna manera fue infracción.
Bastante suerte tuvimos de haber podido descontar en el último suspiro del primer tiempo, “momento psicológico” suele decirse, como para renovar los bríos y acomodar la fichas en el descanso. Bastante suerte, además, porque fue un gol “quinielero”, como decía Américo Tesoriere. Gago metió la pelota en el área, cayó de golpe pero fue todo de Batalla, que calculó muy mal, dio un paso hacia adelante inapropiado y fatal, cuando quiso volver era tarde.
En el segundo tiempo River cedió mucho la pelota, se adivinaba que en cualquier momento nos ensartaba otra vez pero la verdad es que nos dio oportunidades. Nunca mejoró la elaboración de Boca, nunca aparecieron las asociaciones ni la fluidez de circulación. No teníamos, perdido Centurión, la individualidad que desnivelara. Pavón se mostró unas pocas veces, en el primer tiempo cruzó bien una desde la izquierda y metió un buen centro bajo desde la derecha pero no pesó lo necesario, no ganó mano a mano, miró el juego por mucho tiempo. Sin embargo, con todas nuestras carencias a cuestas, algunas como para empatar aparecieron.
La de Benedetto, cuando eludió a Batalla y la cruzó bien desde ángulo cerrado pero salvó Martínez Quarta, derivó de una mala salida de ellos. La mejor armada fue la siguiente, esa en que se juntaron por la derecha Barrios y Peruzzi, con centro de Gino que Benedetto cabeceó en buena posición pero se le fue por arriba.
Por entonces, claro está, ya estaba en la cancha Wilmar. Podría haber estado desde el principio pero sabíamos que Guillermo no iba a tocar a los que él considera sus titulares. Podría haber entrado cuando se fue Centurión pero Guillermo eligió otra cosa. Entró finalmente Wilmar, con 68 minutos ya jugados y algo mejor corrió la pelota, era de prever. Se fue Pablo, que por cierto no estaba jugando bien pero mejor hubiese sido que saliera Bentancur. De Pablo, por temperamento, podemos esperar una reacción positiva, un arresto de coraje o algo así. De Rodrigo ya no sabemos qué esperar. Otra vez naufragó en la intrascendencia, en su insoportable levedad. Se ve que Guillermo le está machacando que patee y esta vez, dos veces que estuvo a tiro, pateó pero mal. No lo hizo por convicción, lo hizo porque se le insiste con eso.
Así como el empate pudo haber caído, el tercero de ellos era una posibilidad palpable apenas nos atacaban o peor aún, hasta podía llegar sin que ellos lo forzaran. Porque las complicaciones que teníamos cuando queríamos salir por abajo eran desesperantes, Vergini y el Chaco Insaurralde nos hacían temblar cada vez que se juntaban con la bocha. River llegó claro una vez con Fernández por la derecha (no le pegó bien y la sacó Rossi) y ya cerca del final, con la de Auzqui, que nos agarró totalmente abiertos, Auzqui la quiso poner muy justita y se le fue.
Y sí, lástima que no salió, tendría que haber salido la última que tuvimos. Tendría que haber salido si el hombre al que le quedó la definición hubiese sabido de qué se trataba. Otra acción con participación de Wilmar, que cuidó la pelota, no se apuró y le dio el mejor destino. A Bou le quedó con el arco de frente pero sin mucho recorrido como para darle la potencia suficiente. Igual, Batalla dio un rebotecito para adelante que pudo haberles sido mortal pero el que apareció para capitalizarlo fue Peruzzi. No seamos malos con Gino, no tenía tanto tiempo para elegir pero lo cierto es que tenía todo el arco y la tiró a donde estaba Batalla.
Y llegó el tiro del final. Horrenda equivocación de Gago, que le regaló la pelota a Fernández con todo el equipo desarmado. El pase para el medio y la definición cómoda de Driussi, sin otra oposición que la de Rossi, pero con tiempo y espacio el de River para abrochar.
Un partido raro el de Gago. No fue el jugador fino y elegante de sus mejores expresiones pero la peleó en todo momento, se arremangó, no se borró, se hizo el centro de gravedad del equipo. El gol, aunque fuera responsabilidad de Batalla, mejora su imagen. Pero equivocó muchas decisiones, Fernando, manejó mal la mayoría de las bolas paradas, erró entregas que otra veces no erra y la última terminó de desdibujarlo.
Vaya a saberse cómo seguirá esto pero lo mejor es comenzar por admitir que estamos mal, heridos, golpeados, shockeados. Vamos primeros, sí, Guillermo pero nunca terminamos de adquirir confiabilidad, de afianzarnos. Siempre es como si jugáramos sobre una cornisa. Llevábamos tres partidos sin recibir goles, sí, pero a nuestros centrales no les cree nadie. El equipo nunca ofreció garantías. La mella en la confianza después de este porrazo sería una consecuencia natural. Dependemos de nosotros, podríamos decir pero no estemos seguros de que eso sea bueno.



EL BOLETÍN: ROSSI 5, PERUZZI 2, VERGINI 3, INASURRALDE 3, FABRA 5, PÉREZ 4, GAGO 5, BENTANCUR 3, PAVÓN 4, BENEDETTO 4, CENTURIÓN NC (FI), BOU 3, BARRIOS 6.

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