sábado, 21 de julio de 2018

MI BUEN AMIGO


Giambartolomei, Cardoso y Di Gioia; Lombardo, Rattin y Mouriño; Nardiello, Pierino González, Mansilla, Pereyra y Yudica. Así formó Boca aquel 5 de julio de 1959, la primera vez que me llevaron a verlo, a mis 7 añitos. Le ganamos 3-1 a Gimnasia (dos de Motoneta Nardiello, un penal, el otro del Ropero Mansilla), en cancha de Estudiantes. Porque en aquellos tiempos antiguos, si un equipo de La Plata, por alguna razón, no podía jugar en su cancha, jugaba en la cancha del otro, naturalmente. Recuerdo que en 1960 Independiente salió campeón jugando todo el año de local en la cancha de Racing. El progreso ha determinado que cosas así ya no puedan ocurrir.
   Por aquel entonces yo ya sabía, desde hacía algunos años, que era hincha de Boca pero era lo único que sabía. A mi viejo, hincha de Estudiantes, mucho no le gustaba pero en fin, accedió a llevarme, ya que Boca jugaba cerca de casa. Mi tío Jaime, hincha de Gimnasia, me había dicho: “Vos mirá para donde está el tablero de la Alumni. Ahí voy a estar yo y te voy a hacer así (desplegaba una manito). Cinco, les vamos a meter”. A la noche lo encontré en la casa de la abuela y lo gasté un poquito, no mucho porque estaba caliente, decía que los habían choreado (paranoico como buen hincha de cuadrito chico).
   ¿A qué viene esto? A que hoy, sábado 21 de julio de 2018 (han transcurrido 59 años y 16 días), vuelve a jugar Boca, después de casi dos meses y por suerte, tengo las mismas ganas, el mismo entusiasmo, las mismas expectativas, las mismas ilusiones de aquel pibe de 7 años. Quiero verlos a Izquierdoz, al colombiano nuevo, a Zárate… Quiero ver el regreso del Pipa Benedetto. Ver cómo va perfilándose el equipo para jugar con Libertad por la Libertadores, el objetivo que tengo entre ceja y ceja (espero que los jugadores también). Me parece que amontonamos demasiados jugadores de mitad de cancha en adelante y que no va a ser fácil acomodarlos. De contención estamos con lo puesto, que no se vaya el Negro Wilmar, por favor.
“Boca, mi buen amigo, esta campaña volveremo’a estar contigo. Te alentaremos de corazón, esta es tu hinchada que te quiere ver campeón. No me importa lo que digan, lo que digan los demás. Yo te sigo a todas partes, cada vez te quiero más”. Es uno de los cantitos que más me gusta y me representa.
   La temporada que se inicia me encuentra en un lugar distinto. Durante muchos años hice de periodista sin que se dieran cuenta, iba a todas las canchas gratis, comentaba los partidos, lo que me gusta hacer y encima me garpaban. No me puedo quejar, bastante suerte he tenido, después de todo. Me jubilaron. A La Bombonera podré ir a la platea de vitalicios. De visitante no se puede ir (otra ventaja del modernismo), ya en el último segmento del campeonato anterior me había acostumbrado. Me sentaré delante de la tele y seguiré torturando a mi perra Dulcinea con mis ataques de ira. Me he convertido en un “hincha codificado” (definición de un querido compañero, Rolo Bernárdez).
   Hay ventajas, claro que sí. En aquel 1959, si Boca jugaba en Miami, yo me enteraba del resultado al otro día. Ahora tengo el partido en el comedor de casa. Antes de tener la edad suficiente para que me dejaran venir a Buenos Aires solo o con mis amigos, varias campañas las seguí escuchando a Veiga, por Radio Mitre. Después me leía la Así es Boca y El Gráfico. Ahora, de un modo u otro, veo a Boca cada vez que juega, oficial o amistoso, en cualquier lugar del mundo.
Che, si alguien me necesita para algo esta noche a las 20.10, olvídese, no estoy para nadie ni por nada, por lo menos hasta las 22. 
 “Boca, Boca de mi vida, vos sos la alegría de mi corazón. Sabes todo lo que siento, yo te llevo adentro de mi corazón”…            

No hay comentarios:

Publicar un comentario