Giambartolomei, Cardoso y Di Gioia; Lombardo, Rattin y
Mouriño; Nardiello, Pierino González, Mansilla, Pereyra y Yudica. Así formó
Boca aquel 5 de julio de 1959, la primera vez que me llevaron a verlo, a mis 7
añitos. Le ganamos 3-1 a Gimnasia (dos de Motoneta Nardiello, un penal, el otro
del Ropero Mansilla), en cancha de Estudiantes. Porque en aquellos tiempos
antiguos, si un equipo de La Plata, por alguna razón, no podía jugar en su
cancha, jugaba en la cancha del otro, naturalmente. Recuerdo que en 1960
Independiente salió campeón jugando todo el año de local en la cancha de
Racing. El progreso ha determinado que cosas así ya no puedan ocurrir.
Por aquel entonces
yo ya sabía, desde hacía algunos años, que era hincha de Boca pero era lo único
que sabía. A mi viejo, hincha de Estudiantes, mucho no le gustaba pero en fin,
accedió a llevarme, ya que Boca jugaba cerca de casa. Mi tío Jaime, hincha de
Gimnasia, me había dicho: “Vos mirá para donde está el tablero de la Alumni.
Ahí voy a estar yo y te voy a hacer así (desplegaba una manito). Cinco, les
vamos a meter”. A la noche lo encontré en la casa de la abuela y lo gasté un
poquito, no mucho porque estaba caliente, decía que los habían choreado (paranoico
como buen hincha de cuadrito chico).
¿A qué viene esto?
A que hoy, sábado 21 de julio de 2018 (han transcurrido 59 años y 16 días),
vuelve a jugar Boca, después de casi dos meses y por suerte, tengo las mismas
ganas, el mismo entusiasmo, las mismas expectativas, las mismas ilusiones de
aquel pibe de 7 años. Quiero verlos a Izquierdoz, al colombiano nuevo, a Zárate…
Quiero ver el regreso del Pipa Benedetto. Ver cómo va perfilándose el equipo
para jugar con Libertad por la Libertadores, el objetivo que tengo entre ceja y
ceja (espero que los jugadores también). Me parece que amontonamos demasiados
jugadores de mitad de cancha en adelante y que no va a ser fácil acomodarlos. De
contención estamos con lo puesto, que no se vaya el Negro Wilmar, por favor.
“Boca, mi buen amigo, esta campaña volveremo’a estar
contigo. Te alentaremos de corazón, esta es tu hinchada que te quiere ver
campeón. No me importa lo que digan, lo que digan los demás. Yo te sigo a todas
partes, cada vez te quiero más”. Es uno de los cantitos que más me gusta y me
representa.
La temporada que se
inicia me encuentra en un lugar distinto. Durante muchos años hice de
periodista sin que se dieran cuenta, iba a todas las canchas gratis, comentaba
los partidos, lo que me gusta hacer y encima me garpaban. No me puedo quejar,
bastante suerte he tenido, después de todo. Me jubilaron. A La Bombonera podré
ir a la platea de vitalicios. De visitante no se puede ir (otra ventaja del
modernismo), ya en el último segmento del campeonato anterior me había acostumbrado.
Me sentaré delante de la tele y seguiré torturando a mi perra Dulcinea con mis
ataques de ira. Me he convertido en un “hincha codificado” (definición de un
querido compañero, Rolo Bernárdez).
Hay ventajas, claro
que sí. En aquel 1959, si Boca jugaba en Miami, yo me enteraba del resultado al
otro día. Ahora tengo el partido en el comedor de casa. Antes de tener la edad
suficiente para que me dejaran venir a Buenos Aires solo o con mis amigos, varias
campañas las seguí escuchando a Veiga, por Radio Mitre. Después me leía la Así
es Boca y El Gráfico. Ahora, de un modo u otro, veo a Boca cada vez que juega,
oficial o amistoso, en cualquier lugar del mundo.
Che, si alguien me necesita para algo esta noche a las
20.10, olvídese, no estoy para nadie ni por nada, por lo menos hasta las 22.
“Boca, Boca de mi
vida, vos sos la alegría de mi corazón. Sabes todo lo que siento, yo te llevo
adentro de mi corazón”…
No hay comentarios:
Publicar un comentario