lunes, 4 de abril de 2011
CUMPLEAÑOS FELIZ
Le entregó la cinta a Román, le dio un beso a Viatri, levantó un brazo en respuesta al reconocimiento que bajaba desde la tribuna y le dio la mano a Falcioni. Tras el partido, cambió camiseta con su amigo Verón y se llevó puesta la de Estudiantes, su club de niño. Tan grande como siempre, Martín. Se fue de la cancha justo en el minuto en que igualaba su peor racha negativa en Boca, la de 2009. Seguramente volverá a jugar por lo que resta del Clausura pero él ya tiene claro, más que ninguno, que es el epílogo, que sólo restan las últimas líneas de su novela fabulosa. Viatri le dio otra impronta, otra agresividad al ataque. En una de sus primeras intervenciones lo dejó solo a Pochi para que marcara el segundo gol. Nos lo robó el segundo asistente, Claudio Rouco. Difícil, imposible de excusar, el error de Rouco. No era una acción complicada para él. Estaba inmejorablemente ubicado y, en el momento en que partió el pase, a Pochi se lo tapaba el último defensor de Estudiantes. Si hubiese sido al revés, si el defensor hubiese estado detrás de Pochi, podría entenderse. Una vez más, nos robaron un gol legítimo que casi alcanza para robarnos el partido. No pudieron, por esa jugada que armaron entre Mouche y Viatri justo en el minuto 90. Gran llegada al fondo y gran centro de Pablo. Gran anticipo ofensivo, más allá de la plasticidad de la palomita, por parte de Lucas. Gran gol y desahogo. Sí, desahogo. Cuerdas vocales que se tensaron, puños que se apretaron casi hasta lastimar las palmas de las manos con las uñas. Sangre que bulló hasta por poco reventar venas y arterias. Teníamos que volver a ganar en La Bombonera, qué mierda. Teníamos que capturar esos tres puntos que nos permitieran, por lo menos, ilusionarnos con que todavía se puede. Teníamos que bajar al mejor equipo de los últimos tiempos. Teníamos que volver a camisetear a un rival al que históricamente camiseteamos muchísimas veces a lo largo de casi cien años pero al que, insólito, no le ganábamos desde 2007. Y fue bien a lo Boca, con el último aliento, con la última gota de esfuerzo para quedarnos con un partido que nos correspondía, que buscamos siempre aunque muchas veces mal ante un Estudiantes que firmaba por el puntito desde antes de comenzar. La primera vez que Estudiantes se nos aproximó al área, se puso 1-0 pero ojo, a no echarle la culpa a la mala suerte. La debilidad del equipo en función defensiva volvió a hacerse presente. No se entiende por qué Somoza dejó pasar la pelota, forzando un rechazo defectuoso de Insaurralde. Los compañeros de Somoza fueron los primeros sorprendidos, por eso quedaron todos mal parados, por eso Iberbia pudo sacar el centro con tranquilidad y por eso López recibió ante Lucchetti con tanta comodidad, con el arquero desarmado y el Chaco, primero sobrado por la pelota y después, ya fuera de posición. Al margen de esa falla inexplicable y muy grave, que pudo haber costado el partido, fue bueno lo de Somoza. Fuerte, marcando presencia, haciéndose respetar hasta con ese codazo (accidental) a Verón, como para que el líder de Estudiantes tuviera claro que frente a él estaba el 5 de Boca en La Bombonera. Por suerte, el empate parcial no tardó mucho en llegar porque si no… Mejor ni pensarlo. Un poema, el tiro libre de Román, por arriba de la barrera y con la trayectoria justa. Algunos desvergonzados andan cuestionando que haya habido foul previo. Fue un empujón tan ostensible que es hasta indigno empezar a preguntarse si existió. Y uno no sabe si irritarse o cagarse de risa cuando esos mismos hijos de puta, o quizá pelotudos, o ambas cosas, afirman sin sombra de duda que, en San Lorenzo-Colón, hubo un penal de Prediger a Palomino, no sancionado, en una acción prácticamente igual. Muy buen primer tiempo, el de Román, moviendo a todo el equipo a su compás, encontrando siempre sitio para recibir, caminando la cancha con sapiencia y descargando casi siempre con precisión y astucia, usando muy bien el cuerpo para proteger la pelota, a su manera. Bajó algo en el segundo tiempo, fue menos claro pero físicamente aguantó bien y, después de tanto tiempo sin competencia, está llegando al punto justo para acercarse, al menos, al mejor Román que conociéramos. El equipo tiene que crecer, tiene que hacerse más sólido en el fondo y ganar volumen. Erviti corre demasiado. Tal vez si corriera un poco menos, jugaría mejor. Algo parecido puede decirse de Pochi, que se salvó de la expulsión en esa en que le entró muy mal a Fernández. Clemente tuvo mucha participación en el juego, fue y volvió durante todo el partido con una vitalidad impresionante pero son demasiadas las veces en que, por acelerado, elige mal. Lucchetti casi no tuvo trabajo pero dos salidas suyas al bulto fueron guarangadas como para persignarse. A Falcioni se le plantean ahora dos problemas muy difíciles, como para no envidiarle el lugar. Es ya muy evidente que con Viatri y sin Martín en la cancha se ganan posibilidades pero es muy probable que decida seguir con Martín, sólo por ser Martín. El otro tema es que Mouche, en pocos minutos, demostró que tiene que estar pero poner a Pablo significa volver a cambiar el esquema y resignar contención en el medio, siendo que los defensores no garantizan nada. Habrá que pensarlo, habrá que seguir probando y buscando fórmulas. Por ahora, importa que se ganó, por segunda vez consecutiva, y que la punta no está tan lejos. Y después de tanto tiempo y frustraciones, pudimos irnos plenos de La Bombonera. Fue un feliz cumpleaños, querido Boca.
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