La empujamos todos con Martín. Y así tenía que ser, mordida, imperfecta, con suspenso. Después de haberse perdido cinco o seis, faltaba que se perdiera esa también pero no, entró. Emocionante verlo gritar parado, sin salir corriendo como otras veces y agasajado por todos sus compañeros. Se terminó la sequía, volvió el gol de Martín, clásico de clásicos.
Y volvió en un partido que se hizo fácil. Que dio para todo, hasta para que Martín se comiera como cinco o seis. Hasta para que los demás, pudiendo haber hecho más goles, se esforzaran nada más que por lograr que fuera él, Martín, quien hiciera uno.
A no engañarnos, Huracán no da para nada. Horrendo partido del equipo de Tito Pompei que como él acostumbra, sin dobleces, no buscó ni una excusa después: “No supimos cómo jugarlo”. Debe ser ese sano hábito de decir las cosas como son, directas y sin anestesia, el que le ganó el sincero afecto de todos, que uno por uno fueron a saludarlo antes de empezar. Otra emoción.
Tipo valioso, Tito. Nunca se anda por las ramas. Como aquella tarde en que Insaurralde y Méndez anduvieron a los manotazos en una práctica, en La Bombonera. Tito dio por finalizado el entrenamiento, los juntó a todos y les dijo: “Si ustedes siguen así, dentro de cuatro meses yo estoy aquí de nuevo”. Las palabras justas para ese momento.
Huracán, decíamos, no da para nada. El Ducó, desde lo alto de la platea Alcorta, presenta una visión del juego óptima, inmejorable. Y desde allí, uno veía que los jugadores de Boca no sólo que casi siempre recibían la pelota con tiempo y espacio más que suficientes, sino que tenían tres, cuatro, cinco opciones de pase claro y cómodo. Los jugadores de Huracán no estaban por ningún lado y por radio, Diego Latorre, siempre fino en sus conceptos, lo definió con precisión: “El único defensor de Huracán es Monzón (el arquero)”.
Claro que vale lo bien que jugó Pochi, el mejor de todos. Y Pablo, que volvió a ser el delantero indomable que queremos ver siempre y hasta se pasó de generoso regalándole el último gol a Martín. Y lo de Nico Colazo, que sigue demostrando, cada vez que lo dejan, que a él no se lo puede tocar, aunque a veces lo toquen. Golazo, el que hizo. ¡Qué bien le pega Nico con zurda y a la carrera! Seco, sin levantarla nunca, para que salga desde el botín tipo misil teledirigido.
Ojo, aun con todo lo que ofertó Huracán, se vieron debilidades defensivas. No se trata de hacer énfasis en los nombres, porque es evidente que el problema es estructural, colectivo pero de todos modos, saltan a la vista los macanazos del Chaco Insaurralde, que parece despreciar la pelota.
Cellay tuvo un para de apariciones en ataque rescatables, como ese gol mal anulado del primer tiempo por centro suyo pero cuando defiende, en el mano a mano, no se para bien y le falta reacción. Por otra parte, a Cellay “lo desgarraron”. Llevaba sólo un táctico el viernes y un ensayo de pelotas paradas el sábado después de ocho días consecutivos sin trabajos de balón, por una sobrecarga en el isquiotibial derecho. Y así lo mandaron a la cancha. Era muy probable que se desgarrara. Y se desgarró.
El episodio da cuenta de las urgencias del cuerpo técnico. De sus inseguridades y desesperaciones. Ni que Cellay fuese Cafú o el Negro Ibarra en su mejor momento. Es cierto que lo del Colo Ruiz contra Tigre fue bajísimo pero ¿tanto cambiaba la ecuación si no jugaba Cellay?
Ahora, con Independiente, se supone que volverá Clemente pero atención, Clemente también viene con una dolencia muscular. Que se midan bien los riesgos. No vayamos a desgarrarlo a él también.
Otra posibilidad es que vuelva Román. Todavía le duele el abdomen pero él muere por jugar. Quiere llegar bien afiladito a River, sobre todo. En su caso, el riesgo parece menor porque los músculos abdominales no trabajan tanto durante un partido pero con Román hay que tener más cuidado todavía, por ser quien es. No hagamos pavadas como el año pasado, cuando se quedó en una pierna a los cinco minutos del partido con River.
No va a faltar el salame (por no decir otra cosa) que quiera hacer notar que el equipo volvió a funcionar bien porque faltó Román. No le demos bola. Los que difunden esa porquería, los que la expanden, son soretes con intereses creados. Si Román está para jugar, tiene que jugar, por supuesto. Y aquí volvería a abrirse el interrogante. ¿Quién sale? El que suscribe insiste con la misma idea que planteó después de Racing: Erviti.
Estamos a siete puntos. Con un montón de equipos en el medio pero a siete puntos. Por puntaje, todavía se puede creer. El problema no es matemático sino de rendimiento. Ya chocamos demasiadas veces y tenemos que tener conciencia de que no siempre vamos a jugar con Huracán, que muy probablemente hoy sea el peor de todos. Y nos persigue ese estigma de que no le ganamos a nadie en La Bombonera (excepción hecha de Estudiantes).
Una lástima todo lo que regalamos. Este campeonato es una risa. En la misma fecha perdieron River, Estudiantes y Vélez, que se supone son los tres candidatos más serios. Y los tres perdieron de locales. Y River y Vélez, después de ir ganando. Independiente le saca dos goles a All Boys en Avellaneda y se lo levantan y casi se lo dan vuelta… Está para cualquiera. El que mínimamente se enderece, se lo lleva. ¿Podrá ser Boca? ¿Podrá enderezarse Boca? Qué sé yo…
lunes, 25 de abril de 2011
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