lunes, 24 de septiembre de 2012

ALGUNA VEZ TENÍA QUE SER

“La suerte alguna vez se termina”. Lo dijo un sabio del fútbol hace no demasiado tiempo, este año. Se venían sumando triunfos y puntos bastante azarosamente pero el equipo no convencía a nadie. Era evidente que en cualquier momento caía la mala noticia.


Esta vez nos encontramos con un rival que jugó un buen partido, nada extraordinario y nos superó en todos los aspectos del juego. Aun en sus peores momentos, como en los previos al primer gol y después de los 25 del segundo tiempo cuando retrocedió, mandaban ellos, no nos equivoquemos.

Lo mejor que le pudo haber pasado a Lanús fue que se lesionara Pereyra porque entró Valeri como en sus mejores momentos y fue el plus que estaba necesitando el equipo de Guillermo (grande, Melli) para marcar la diferencia que venía insinuando.

¿A quién rescatamos en Boca? A nadie. Andan mal los defensores pero es que quedan muy expuestos. Andan mal los delanteros pero es que lo poco que les llega, les llega mal, tienen que pelear en condiciones desfavorables. Y el medio es un desbarajuste absoluto. No recupera ni mucho menos crea. No cubre espacios, mal podría tener salida o elaboración.

Lo peor es que ayer uno miraba el banco y no había nadie que pudiera salvarnos. Nico Colazo era una apuesta que se caía de madura pero para que él pueda dar salida, verticalidad y llegada por la izquierda, como es capaz de hacerlo, es preciso que la situación esté planteada de otra manera. Al Paragua Gaona Lugo habrá que seguir viéndolo, no ha tenido tantas oportunidades pero ya a esta altura parece uno de esos jugadores que no definen nada. Pablito Ledesma y Pochi Chávez salieron del equipo porque venían jugando muy mal a lo largo de mucho tiempo. Al tucumano Imbert lo tiraron de última cuando ya estaba todo el pescado vendido pero aunque hubiese tenido más minutos en cancha, no es de suponer que fuera él quien cambiara el curso del partido.

¿Cuándo jugó realmente bien Boca en lo que va del Inicial? Con Unión, el día en que jugaron todos suplentes. Claramenteo fue lo mejor. Del partido con Quilmes ni hablemos. Mal con Tigre, no mucho mejor con All Boys, muy mal con Rafaela, no mucho mejor con Argentinos, discretito con Independiente… Así no se puede, demasiados puntos tenemos, es la verdad.

Quizá quien más esté en el ojo de la tormenta en este momento sea Somoza. Siempre ha sido muy impreciso con la pelota, la regala en demasía y sin justificativos pero en el Apertura, cuando fuimos campeones invictos, se había convertido en una pieza táctica valiosa. Se paraba bien, resguardaba a los defensores, le daba equilibrio al equipo. Ahora, por el contrario, corre detrás de la pelota, se diría que en él comienza el desorden general.

Ahora bien, lo peor es que, si saliera Somoza, ¿a quién ponemos de cinco? Pichi Erbes, no, cuando tuvo la oportunidad no dio la talla. Pablito Ledesma o el Burro Rivero de cinco? Experimentos de dudoso resultado sin contar que también ellos son hombres que pasan por un mal momento. ¿Erviti? En teoría mejoraría la distribución pero se perdería -todavía más- contención. Y una cosa indiscutible es que, en la coyuntura, tendríamos que pensar en rearmarnos de atrás hacia adelante. Dar pasitos cortos, empezar por juntarnos, apretarnos y darle la pelota al compañero. Eso es mejor que querer ir al frente a los ponchazos y tirar centros nada más que para sacarse la pelota de encima, como en Lanús (el Burro Rivero, abanderado en esto).

No hubo ningún pasaje del juego en que Boca diera síntomas de tener alguna mínima noción de lo que debía hacerse. En un momento pareció que el uruguayo Albín (que definitivamente es más cuando va que cuando se queda) podía ser la vía, rompió dos o tres veces en el segundo tiempo pero fue demasiado poco.

Ya todos descubrieron uno de los principales puntos débiles de Boca: el flanco derecho de la defensa. Pasó con Argentinos, más claramente con Independiente y también con Lanús. Por allí anduvo Regueiro, otro de los hombres clave del partido y también Velázquez, que cuando sube siempre es peligroso. Albín queda expuesto, ningún volante lo protege y al Flaco Schiavi, cuando tiene que ir sobre el lateral, le pesan los casi cuarenta almanaques. Va a haber que encontrar una solución pero claro, no es el único sector de la cancha en que tenemos problemas, apenas uno de los más visibles.

Falcioni dijo que “hasta el primer gol era parejo”. De ninguna manera fue así. En los primeros minutos llegaban primero siempre ellos. Después hubo un breve pasaje en que Boca encontró más la pelota pero más bien fue que ellos se tomaron un respiro, que la presión con que habían arrancado perdió intensidad. Y cuando entró Valeri, encontraron la pieza que les faltaba para hacerse dueños del partido, sin retorno.

De todas maneras, para llegar al primer gol necesitaron de esa chambonada inexplicable de Ustari. ¿Qué le pasó? No hay manera de entender cómo se le escurrió esa bola como una pompa de jabón. Es buen arquero, Ustari y le debemos puntos pero con Independiente, en el comienzo del partido, le había sucedido algo muy parecido que casi termina en gol de Battion. Ha sido, Ustari, en lo que va del torneo, uno de los mejores así que si encima empieza a equivocarse seguido él, justo en su puesto, donde difícilmente lo pueda salvar un compañero, quedaremos bajo el agua. Vamos a ver cómo vuelve Orion.

Los primeros quince o veinte del segundo tiempo fueron un suplicio. Un baile. No la agarrábamos, la mirábamos pasar, de aquí para allá y de allá para aquí. Después ellos medio que se pararon, vieron la posibilidad de liquidarlo de contra y Boca se adelantó pero nada: todo forzado, todo confuso, todo sucio.

El segundo, después de la expulsión de Regueiro, llegó como tenía que llegar. Todo Boca desarmado, se juntaron dos de los mejores jugadores de ellos y Valeri definió de lujo. Dos goles de diferencia era lo menos que correspondía de acuerdo con lo que fue el desarrollo.

Dijo Falcioni que hay que pensar en el trabajo de la semana para ganarle a San Martín de San Juan. La realidad es que soluciones a la vista no hay. Y si las inseguridades no podían ocultarse cuando ganábamos, ahora, que perdimos, directamente van a llover balazos de todos lados. Se avecinan días difíciles.



3 comentarios:

  1. Lo de Somoza es muy grave. Históricamente, el 5 de Boca debe ser una garantía, y me parece que el tipo todavía no pudo volver a ser el que era antes de la lesión: nada del otro mundo, como dijiste, pero hacía todo simple. No sé si ubicás al Topo Cáceres, el paraguayo que jugaba en Libertad: ese es un 5 que me gusta para Boca. Otro es el Negro Olmedo de Godoy Cruz.
    Cómo se nota la forma en que Riquelme levantaba el nivel de algunos jugadores con su sola presencia, eh.

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  2. Olmedo me gusta pero el tema es que ahora, hasta enero, olvidate.

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  3. Desde ya. Dejame soñar un cacho. (Soñar con Olmedo, qué sueño de mierda).

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