Perder importa siempre, más contra los que te jedi pero por encima de estas dos caídas consecutivas y dolorosas, aunque estemos en el verano, inquieta que, por lo que a Boca respecta, vimos dos veces la misma película con dos formaciones absolutamente diferentes una de otra.
En ciento ochenta minutos no se le empezó a ver la punta al ovillo y peor aún, los partidos transcurrieron con la creciente certeza de que llegar al gol era un imposible y en el caso de anoche, después del segundo de ellos estábamos deseando que terminara de una vez porque estábamos expuestos a una goleada.
Es verdad que los encuentros de pretemporada encierran sus trampas porque cada uno puede depender del momento de preparación en que se encuentre cada equipo. Siempre recuerdo aquel 4-0 a River de 2002 en Mar del Plata en que Carreño, un delantero, digamos, de nivel medio, parecía Garrincha, no lo podían parar. Es que se dio que Boca estaba trabajando velocidad mientras River trabajaba resistencia y esa particularidad se expresó demoledoramente en la cancha, los pasamos por arriba.
Anoche, ellos estaban muy ligeritos y nosotros, duros. Pero igual, como mínimo, tendrían que haber comenzado a esbozarse algunas de las ideas sobre las cuales vamos a jugar en el futuro inmediato, los que van a ser los fundamentos del equipo.
Hubo posesión de pelota, aunque totalmente inofensiva, en los primeros veinte minutos pero después, en el resto del partido, no la agarrábamos. En el primer tramo del juego hubo alguna insinuación del Laucha Acosta pero que no terminaron en nada concreto. Al Laucha sigue costándole ganar en el uno contra uno, vital para un delantero externo.
El miércoles, cuando supe que ellos iban a jugar con tres centrales y con Sánchez por la derecha, empecé a sospechar que por ahí podíamos tener la llave del juego. “¿Ramón no veía los partidos de River el año pasado?”, pensé. Sin embargo, en ese comienzo de partido que al cabo fue lo más rescatable, no fuimos nunca por la izquierda, siempre por la derecha. En el segundo tiempo pasó algunas veces Clemente pero cuando ya el partido venía definitivamente a contramano.
Leíto Paredes, en los alrededor de ochenta minutos que jugó, puso dos muy buenas pelotas para Silva, una en cada tiempo. En la primera el Tanque llegó a definir muy encima de Barovero, que tapó (después no la pudieron meter ni Paredes ni Erviti porque los trabaron). En la segunda el Tanque, medio incómodo, no se animó a pegarle como venía, perdió un tiempo y lo cerraron. Fuera de esas dos acciones puntuales, a Paredes no se lo vio.
Si va a ser el enganche (y está claro que tiene condiciones como para serlo), la pelota tiene que pasar mucho más por él. Y para que pase por él tiene que mostrarse, moverse, pedirla y que se la den. A Román, que se desplazaba al tranquito, sus compañeros tenían siempre dónde encontrarlo, por cualquier lugar de la cancha. Era el tipo al que más cuidado le prodigaban los rivales y sin embargo, rara vez quedaba oculto detrás de algún rival. Eso necesitamos de Leíto.
Muy inconsistente la mitad de la cancha, en la que Erviti, por esfuerzo, quedó por encima de sus compañeros pero Walter no tiene velocidad para ir por afuera. ¿Ni un lugar en el banco le correspondía a Nico Colazo, partiendo de la base de que ellos jugaban con línea de tres y podía haber espacio para llegarles por los costados?
Somoza fue de mayor a menor, al principio cortó bien algunas pelotas pero enseguida perdió la posición, empezó a salir a la descubierta, desbarrancó por completo. Y en cuanto a Pablito Ledesma, no estuvo en ningún lugar de la cancha. River inició sus ataque preferentemente por la izquierda, con un Vangioni que se lució y es lo más fácil caerle al Apu Sosa, que es el más cuestionado de los titulares que parece haber elegido Bianchi. El Apu no se salvó pero Ledesma, ¿dónde estaba?
En realidad, la búsqueda de River fue bastante monocorde en cuanto a que repetidamente empezaban por la izquierda para terminar por el medio o la derecha y así fue en los dos goles. Ambos en el segundo tiempo, cuando ya íbamos cayendo en la conclusión de que los goles de ellos en algún momento tenían que llegar.
Burdisso era el mejor jugador de Boca hasta el primer gol. No había tenido fallas ni por arriba ni por abajo. Pero ese centro de Vangioni lo tomó mal parado, se pasó, le cayó por detrás para que Mora definiera con comodidad. El uruguayo, antes, había estado irresoluto y vueltero para terminar las jugadas pero en cuanto se enderezó, sonamos.
En el segundo, Rojas le ganó a Somoza una pelota que un cinco de Boca no puede permitirse perder en ese lugar del campo y después también le ganó a Caruzzo, al que le cabe la atenuante de que quedó muy desprotegido pero no atinó a otra cosa que tratar de agarrar a Rojas de cualquier parte del cuerpo sin poder evitar que el volante, aun incómodo, descargara para la derecha, por donde de nuevo apareció Mora libre.
A lo largo de todo el segundo tiempo, que fue de ellos de punta a punta, Boca contó con un remate de Silva después de una buena maniobra suya pero que le salió muy recto a la posición de Barovero y después, con otro tiro desde afuera, del debutante Ribair Rodríguez (poquitos minutos, como Viatri), que llegó para terminar la jugada después de una proyección de Clemente, le pegó como venía y la mandó a los caños.
Del Tanque se puede mencionar, como de Erviti, su esfuerzo, pelea siempre, no se entrega. Claro que con eso no alcanza pero un delantero de sus características depende del juego de que lo provean sus compañeros y en ese sentido, el pobre debe haber tenido ganas de llorar.
En fin, demos vuelta la página pronto pero sin olvidar lo mal que jugamos, Tengámoslo presente porque así no va, hay que empezar a producir algo. En Bianchi confiamos a muerte, el respaldo con que cuenta es el máximo. Su presencia es, hoy por hoy, la única tranquilidad.
De todos modos, su decisión de nombrar capitán a Orion a este gil que escribe no lo convence. Un arquero, como capitán, significa una desventaja. En el primer tiempo hubo una en que Ponzio lo revoleó a Paredes y Lunati nada, siga, siga. Poco después le hicieron un foul a Acosta y Lunati cobró al revés. Son jugaditas como para que el capitán pase caminando disimuladamente cerca del árbitro y le diga bajito: “¿Qúe carajo cobrás? Dejate de hinchar las bolas”. Un arquero no puede.
domingo, 20 de enero de 2013
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Me está empezando a preocupar la falta de un patrón dentro de la cancha.
ResponderEliminarExacto.
ResponderEliminar