miércoles, 20 de febrero de 2013

TANO

El Tano… El Tano fue el mejor arquero de la historia de Boca y el mejor arquero de la historia del fútbol mundial y el que diga lo contrario se va a la concha de su madre… Estoy enormemente borracho y es lo mejor que me pudo haber pasado.


No sé qué le pasó. Lo vi hace dos meses, en el homenaje a los campeones del 62 como siempre, pleno, vital. El Tano… El Tano nos ganaba siempre, a todos. Uno lo veía y decía que era el mejor. ¿Quién iba a ser mejor que el Tano? Salía a la cancha con la pera para arriba, los primeros años peinado con Glostora y después, con Alerta. Pecho inflado, barriga para adentro. ¡Qué grande, El Tano!

Dudo haya existido otro arquero con la seguridad, la autoridad, la solidez, la prestancia, la firmeza, la solvencia, la presencia, la imponencia, la magnificencia, la excelencia del Tano. Iba arriba y parecía que la pelota se le quedaba pegada, como si tuviera La Gotita. ¿Cuándo el Tano le pegó una trompada a la pelota? Pocas veces. Subía y ganaba él. Difícil que lo movieran. Qué lo iban a mover, rebotaban contra el Tano. Después sacaba voleando un brazo y la mandaba a sesenta metros como si nada. Una vez la Así es Boca sacó una nota diciendo que el Tano podría haber sido lanzador de disco y la ilustró con fotos del Tano en pose de discóbolo, vestido nada más que con unos calzoncillos anatómicos.

¡Qué imagen! ¡Qué personalidad! Se metía el ambiente en el bolsillo en cualquier cancha. Por ejemplo, Gimnasia, en La Plata, tenía una platea femenina detrás del arco, dentro del campo, a un metro de la raya. ¡Uh! El minerío los hacía de goma a los arqueros visitantes. El Tano, cuando la pelota estaba del otro lado, se recostaba contra un palo, las relojeaba de reojo y les mandaba la sonrisa torcida, a lo Clark Gable.

Tenía su facha, el hombre. Después de hacer la película Pelota de Cuero, en la que participaron todos los jugadores de Boca con actuaciones especiales del Rata y del Pelado Grillo, Armando Bo le propuso al Tano filmar con Isabel Sarli. El Tano se tomó unos días, dijo que lo había consultado con la familia y que gracias pero no. Una lástima. Chocaban los planetas. El Tano y la Coca, qué potencias…

Ganador a morir. Contaban que en la concentración se entretenía poniendo el pecho para que le pegaran trompadas. Le daban para que tuviese, a reventar. Después, cuando el tocaba pegar a él, salían todos corriendo. “Está bien, Tano. Vos sos el más fuerte”, le decían, Y se quedaba cagándose de risa, con todas las piñas que se había comido.

No se bancaba ser segundo a nada. Una vez, el turro de Rojitas se escondió en el gimnasio de La Candela, espió hasta que estuvo por entrar el Tano, empezó a hacer abdominales y cantó: “497… 498… 499… 500. A ver, Tano, si sos capaz de meter quinientos abdominales”… Y el Tano se puso y no paró hasta 501. No porque se haya creído que Angelito había tirado quinientos abdominales juntos (los tiraba pero en un año) sino porque Antonio Roma no iba dejar pasar un desafío.

Una grande fue la del 65. Partido chivo con el Estudiantes del Zubeldía. Ganaba Boca 2-1 y a dos minutos del final quedó una pelota suelta en el medio del área, con el Tano medio descolocado, servida para que Pachamé rompiera el arco. El Tano volvió no se sabe de dónde y apretó la bola, Pachamé tiró el pie y se lo clavó. Fractura de algunas costillas, lesión del bazo y hemorragia interna con compromiso de los riñones, del hígado, de los pulmones más parálisis intestinal. Cuando se lo llevaban en la camilla, le acercaron los micrófonos y el Tano dijo: “Estoy bien. Es un golpe fuerte, nomás”. Un fotógrafo lo quiso escarchar en el vestuario, tirado. El Tano se enderezó y le dijo “esperá”. Y pidió un peine. Ese éra el Tano Roma.

Dijeron que no podía jugar como por seis meses, mínimo. Volvió a los dos meses. Jugó las últimas cinco fechas y Boca fue campeón, un punto arriba de River… ¡Lo que pudo haber pasado si el Tano no se jugaba las costillas, el bazo, los riñones, los pumlmones, el hígado y los intestinos en esa bola contra Estudiates!

“Ya saben: ustedes metan una que hoy, a Papirri, Cerapio”, les decía a los otros diez en el túnel. Y era “Cerapio” muchas veces. Ésa de contar los minutos que pasan sin que le metan goles a un arquero, se inventó con el Tano. En el 64 estuvo un montón de partidos invicto hasta que lo embocó Mario Rodríguez, en la cancha de Independiente. Fue record. Y continuación, estuvo otro montón de partidos invicto y batió el record de nuevo. “Roma y las telarañas de su arco”, puso El Gráfico. Ahí le cortó la racha Sacchi, con Racing. Le pateó un penal, el Tano rechazó y del rebote, Sacchi la metió. Otra forma no había. Ese record lo mejoró Carrizo cuatro años después pero al año siguiente, El Tano lo mejoró de nuevo. Otro montón de partidos hasta que la puso Wehbe, con Vélez.

Más de doce años estuvo el Tano en Boca, del 60 al 72. Recién el 71, cuando andaba por los 38 años, cedió el puesto por rendimiento. Antes, las veces que faltó por algún tiempo y si después hizo Reserva o banco, fue por otras causas. En el 62 le dieron unas vacaciones después del Mundial, en el 63 se lastimó los dedos con Independiente, en el 65 la antedicha con Estudiantes, en el 67 se rompió los ligamentos en la cancha de Independiente y en el 69 otra vez los dedos, con Platense.

En el 71 quedó abajo del Loco Sánchez y estuvo más de un año de suplente, boquita cerrada. “Ese pibe que espera en el banco de Boca”, otro título de El Gráfico. En el 72 jugó unos pocos partidos, se comió dos goles con River y ahí mismo cantó basta, sin que nadie le dijera nada.

No deja de ser gracioso que en cuanto se menciona al Tano, instantáneamente surja el penal que le atajó a Delem en el 62, con todo lo que atajó el Tano en los más de doce años que estuvo en Boca.

Igual, linda historia la de ese penal. Penúltima fecha, Boca y River igualados en el primer puesto, final-final, el empate les servía a ellos por goles, no había desempate. Paulo, 1-0. A falta de cinco minutos, penal para ellos. Obsequio de Nai Foino. Artime se tiró como el peor de los chanchos, el Cholo Simeone sólo se le había parado cerca. Dicen que el Canario Pérez le dijo al Tano que Delem le pegaba a la derecha. Todo el país sabía que Delem le pegaba a la derecha. Allá fue el Tano y la mandó al corner. Se adelantó un poquito menos que en otro que le había atajado el Beto Menéndez, en otro clásico, dos años antes.

A este narrador le gusta repetir (y es verdad) que le agarró más cagazo cuando iban a patear el corner que en el penal. Se había parado el partido por más de diez minutos porque se metió un montón de gente en la cancha. Si nos abrochaban a continuación, íbamos a quedar como más boludos de la eternidad. Pero no, porque llegó el corner y ganó otra vez el Tano, arriba, contra diecisiete o dieciocho. Al Tano esa tarde no le hacían un gol ni aunque le pegaran un tiro. Hubo una bola que le tapó a Roberto, otro brasuca que le pegaba con un fierro, que nunca entendí cómo hizo.

“Amigo Roma, usted, que ha tenido tantos sinsabores, se han visto compensados hoy”, le dijo Fioravanti por radio después del partido. Aludía a la circunstancia de que colegas suyos (de Fioravanti), junto con el Toto Lorenzo, habían crucificado al Tano por el Mundial de Chile, competencia en que a los jugadores los mandaron al muere y el único que salió ileso fue un tal Silvio Marzolini. El Tano, macho lindo, agachó la cabeza, apretó los dientes y le dio para adelante. Cuatro años más tarde, el mismísimo Toto lo llevó a Inglaterra, jugó él (El Tano) y ningún colega de Fioravanti se atrevió a cuestionarlo. El Tano siempre terminó ganándoles a todos.

“A la muerte habría que matarla”, escribió una vez el querido Osvaldo Ardizzone, maestro de periodistas. Es lo que nos pasa por la cabeza cuando se nos pianta un tipo irremplazable, como el Tano Roma. Con cada muerte como la suya, cada uno de los que sabemos de quién se trata morimos un poco. Y ese pedazo de vida no nos lo devuelve nadie. La puta que lo parió.











1 comentario:

  1. Hermoso. Yo también lo ví en diciembre, el día de la despedida de Schiavi: daba la impresión de estar a punto de salir de joda. Estaba en el estacionamiento, esperando al lado de una camioneta. Le di la mano. La gente que pasaba en los autos le gritaba "Antonio!"
    Tenía 80 años y parecía de 50. No lo puedo creer.

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