jueves, 8 de agosto de 2013

CON AYUDÍN


   A Belgrano lo chorearon entre Maglio y Scime. El primer gol que le anulan a Velázquez es muy finito, por televisión parece misma línea. El segundo es una guarangada, Velázquez estaba recontra habilitado. Después hay un penal de Insúa a Carrera, le engancha el pie izquierdo, sin duda. La mano de Marín es cuestión de interpretación y la de este gil que escribe coincide con la de Maglio: el movimiento del brazo derecho de Leo es absolutamente natural, no hay intención. En resumen, tres  errores capitales (uno admisible, otro inadmisible, otro más o menos) sobre cuatro presuntos que definieron el partido. Punto y aparte.

   Por lo que nos toca, dos certidumbres: 1) El valor de los tres puntos que nos trajimos de una plaza históricamente difícil contra un equipo difícil es enorme, tranquiliza a todos, da posibilidad de ir agarrando confianza; 2) Jugando así, muy lejos no vamos a ir.

   Hubo unos veinte minutos fatales, los que sucedieron al gol de Belgrano en los que estuvimos para el cachetazo. De hecho, nos cachetearon. Había comenzado el juego con un Boca prometedor que tenía la pelota y la hacía correr con prolijidad, con buenas intenciones. Llegó el gol de Belgrano y se derrumbó el castillo de naipes. Flojitas las manos de Orion, ni la atrapó ni la mandó lejos, le dejó muerta en la boca del arco para que Carrera facturara. Primera llegada del rival y 0-1. Un gol evitable. Peor escenario, imposible.

   Menos mal que enseguida llegó el empate y fue de la mano de esas buenas intenciones de las que hablábamos. Pelota bien movida por Román y por el Cata, buen remate de Marín desde afuera, sin hesitar, como decía Fioravanti. Olave que devolvió gentilezas con un rebote frontal y subsiguiente penal del arquero a Nico Blandi, que fue a buscarla. Roman tranquilito y 1-1. Pero ya el partido no era el de antes porque Belgrano se había percatado de que, fuera de esa vistosa cáscara de la tenencia y circulación, de media cancha para atrás éramos un flan.

   Cuando se juega con un solo volante central contra un equipo que pone doble cinco, es clave que los volantes externos se cierren y los laterales achiquen para engordar el medio. Si no, hay demasiado campo para un solo jugador, como le pasó a Ribair y todo el equipo queda muy expuesto. Fue un descalabro. La perdíamos enseguida, las divididas eran de ellos, el Cata y Burdisso salían mal porque no tenían red de protección adelante.

   Lo mejor, lo que cabe valorar es que, en el segundo tiempo, el problema táctico se corrigió. Boca fue más compacto, más consistente, equilibró, llevó el juego más lejos de Orion. Ahora bien, en cuanto a fluidez en el armado, en cuanto a ideas definidas para llegar, tan a oscuras como antes.

   De Román debe reiterarse lo de los amistosos previos, aguanta bien los partidos, se mueve, se la dan. Con dos o tres que hizo, se hizo ver más que cualquiera. La mejor, obviamente, el gol que le sirvió a Gigliotti y que tapó Olave. Lo necesitamos más agudo, más profundo, con más verticalidad, más pase entrelínea. Dicho de otro modo, que la que le puso a Gigliotti no sea una excepción.

   El Burro Martínez hizo una sola jugada, un lindo arranque en el primer tiempo. Antes y después, nada. Nico sólo se hizo notar en la jugada del penal. Gigliotti, con muchos menos minutos en cancha, se le mostró a Román para producir esa buena maniobra asociada. Claro está, para que de mitad de cancha en adelante funcionemos mejor, para que los delanteros se sientan más cómodos, hace falta disponer desde el medio el control de juego que en Córdoba no tuvimos en ningún momento.

   Ellos, después de esa ráfaga del primer tiempo, tuvieron que aquietarse porque Boca se paró mejor y en el segundo tiempo sólo tuvieron una que se comió Pereyra y esa que Orion le tapó bien a Farré.

   Firmábamos el empate pero bueno, llegó ese cagadón de Olave que terminó en corner, primer tiro de esquina que no sirvió Román sino el Gordo Sánchez Miño, abriéndola y la poderosa aparición del Cata en el primer palo para anticipar y mandarla a guardar. No fue un gran partido el del Cata en su regreso pero lo selló con una participación fundamental, para arrancar ganando.

   Una vez más le agradezco al destino que, por privilegio laboral, pude estar en Córdoba. Ver esa tribuna de atrás del arco absolutamente vacía era penoso, lastimoso. Cosas del fútbol posmoderno, de la AFA y de los profetas de la seguridad. Pero en fin, estuve. Y ganamos. Vamos, Boca, todavía.           

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