jueves, 17 de julio de 2014

IGUAL PERO PEOR

   A los 3 minutos, el arquero de ellos mete un pelotazo de sesenta metros (tiro libre desde el borde del área de ellos hacia el borde del área nuestra), uno de ellos pica y, entre las vacilaciones de los centrales y el arquero nuestros, nos vacuna.
   Como comienzo formal de la nueva temporada, no podría ser peor pero tampoco podría sorprendernos. En la recta final del pasado torneo, la levantada que nos llevó hasta el segundo lugar (después de haber quedado tempranamente sin chances de ser campeones), nos hicieron pocos goles pero las dudas y debilidades en el fondo, no nos engañemos, no desaparecieron nunca.
   El concepto se reafirma porque en el segundo tiempo, perdemos en el medio una pelota de manera difícil de entender, se va uno de ellos por la izquierda con el fondo nuestro absolutamente desarmado y, ante la inconsistente oposición del arquero nuestro, la cruza de zurda y nos pone el 0-2 (“que a la postre sería definitivo”, me fascinan esas antiguallas).
   Que el Cata Díaz se vaya expulsado por hincharle las pelotas al referí en un amistoso en Corrientes también es difícil de digerir. El lado positivo que hay que buscarle es que el Cata estaba caliente porque perdíamos y eso vale. Porque perder tiene que dolernos, aunque sea un amistoso en Corrientes.
   No lo televisaron pero no cuesta mucho imaginarse lo que debe haber sido gran parte del juego. Porque Boca Unidos, ganador de entrada, nos debe haber esperado y el Boca nuestro, lo sabemos, no tiene armas suficientes para ser verdadero protagonista en ataque. Cuesta.
   El que suscribe puede dar fe de la impotencia puesta de manifiesto durante los setenta minutos de práctica contra la UAI Urquiza, en La Bombonera, hace unos cuantos días. La misma impotencia puesta de manifiesto por los suplentes, contra Temperley, en Casa Amarilla, pocos días después, en otros setenta minutos (0-1). En cambio, no se pudo ver el 2-0 sobre Arsenal del viernes pasado, con los dos goles de Calleri, porque Bianchi cerró las puertas. Práctica inusual del Bianchi de antes pero a la que ya nos hemos acostumbrado a lo largo del presente ciclo.
   No se ve la punta de la madeja en ofensiva, no aparecen circuitos que prometan ver la luz, le metemos pelotazos rectos y centros a Gigliotti, no hay fórmulas para desequilibrar por los costados salvo cuando a veces sube Insúa.
   Bianchi habló, después de perder en Corrientes, de los condicionamientos que plantea el trabajo físico de pretemporada, que ellos estaban más ligeros y se acepta. Los amistosos son una cosa y otra es la competencia oficial, verdad de Perogrullo. Pero algo se tiene que ver. Y no se ve.
   Trajimos a Calleri, a Castellani y a Carrizo, por ahora. Ninguno de ellos deja de ser jugador interesante, vienen de promisorias prestaciones en sus clubes anteriores, sobre todo los dos últimos. Claro está que ninguno de ellos es un nombre que rómpa los relojes, Vamos a ver si se adaptan, si nos sirven. Pero no hay un Boca nuevo. Básicamente, el plantel es el mismo de antes. Y sabemos cómo nos fue.

   Mientras tanto, se fue Román. ¿Se fue? ¿No habrá otra vuelta de tuerca? Las culpas son compartidas. La conducción institucional es indefendible pero Román franeleó, especuló, se puso estrecho, qué le vamos a hacer. Lo lloraremos, elaboraremos el duelo. Perdón, se corrige lo expresado en el párrafo anterior. Básicamente, el plantel no es el mismo de antes. Falta el mejor…       

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