lunes, 1 de junio de 2015

CACHÁ EL BUFOSO Y CHAU... VAMO'A DORMIR

Era de prever que la eliminación con River, traumática por donde se la mire, iba a dejar heridas que no cierran y sangran todavía. La pregunta que nos carcome el alma y que no tiene respuesta por ahora es cuándo vamos a resucitar. Veremos qué pasa el domingo que viene con Newell's pero todos desearíamos que la Copa América empiece hoy. Barajar y dar de nuevo, si fuera posible.
Fuimos a Vélez con alguna prevención en cuanto a lo que podía suceder y sucedió. Boca fue un equipo vacío, sin reservas, servido para que el primer contratiempo lo desmoronara.
El Vasco cambió el sistema. Un sistema puede variarse en cualquier momento pero en las presentes circunstancias, el nuevo golpe de timón no es sino un signo más del desconcierto que nos envuelve y que comienza por la cabeza.
En realidad, todos nos habíamos creído hasta hace treinta días que teníamos plantel de sobra pero ahora que nos chocamos contra la realidad y miramos las cosas desde otra perspectiva, caemos en la cuenta de que, si no está Lodeiro (más allá de las últimas muy sintomáticas e inoportunas defecciones del uruguayo), no tenemos disponible otro volante que pueda hacerse cargo de la elaboración ofensiva en los últimos metros.
Salimos con doble cinco pero ya sabemos que Gago, cuanto más cerca del área rival esté, menos consistente será. Lo suyo es otra cosa, la primera puntada, nunca la última. Lo mandamos a Meli a un costado y Meli puede ser un buen interno pero abierto se pierde. Lo regresamos a Colazo a su antigua función de mediocampista pero resulta que Colazo no va sobre la izquierda sino que se mete adentro y lo que aporta es confusión. Y el pibito Bentancur se convierte, en ese primer segmento, en lo más rescatable, por lo que mete pero no basta, claro está.
El primer tiempo podríamos pasarlo por alto porque fue como si no existiera. Todos metían, nadie jugaba. O sí, Delgadillo. Vélez es un equipo cuya actualidad se ve reflejada en el lugar que ocupa en la tabla, está lleno de chicos cuyos nombres no nos resultan familiares. Dice el Vasco que decidió poner un solo externo, Chávez por la izquierda, dado que Vélez por el otro lado tenía un lateral improvisado, Cardozo, por lo cual no íbamos a necesitar a nadie que cubriera esa banda. ¿Armamos el equipo en función de lo que ponga o no ponga este Vélez? En el mismo sentido, bien podríamos haber metido un wing derecho en donde ellos tenían a un central puesto a jugar de lateral.
Y un dato sintomático de ese primer tiempo: se supone que con dos líneas de cuatro vamos a ofrecer menos espacios por los costados pero ocurre que Delgadillo se lo lleva para acá y para allá a Peruzzi sin que aparezca ningún compañero que auxilie a Peruzzi, lo cubra y tome al zurdito de Vélez en el arranque.
Si el primer tiempo se jugaba sin arqueros, daba lo mismo. Lo único que quedó para apuntar fue ese cabezazo de Monzón, de pique y desviado por pelota parada, tiro libre de Colazo. A Monzón no lo marcó nadie, el arquero salió mal y no la aprovechamos, la dejamos pasar.
Se nos entibió el corazón con el arranque del segundo tiempo. Con esa corrida demoledora de Chávez, ese centro perfecto y la volea impecable del Loco Osvaldo pero el arquero sacó una bola infernal. Poco más tarde, el que subió y la puso al medio fue Monzón, el Loco la siguió con un toquecito sutil de esos que nos entrega algunas veces pero Chávez llegó muy encimado con el arquero, que tapó y después el Loco la mandó por arriba. Nos ilusionamos con que por el carril izquierdo nuestro podíamos abrir la puerta del partido pero no, fueron esas dos jugadas, no más.
Y como en el primer tiempo, empezaron a agarrar la bocha más ellos que nosotros, a recuperar más arriba. De todos modos, parecía que no tenían con qué lastimarnos porque hasta Delgadillo tenía menos juego que antes, aunque aparecía más Asad. La verdad es que pasaba muy poco cuando, a los 25, se nos pusieron 1 a 0.
¡Ay! Las hicimos todas. O mejor dicho, no hicimos ninguna. Nos meten un saque lateral en el área y el tipo que recibe, Delgadillo, de espaldas y contra la raya de fondo nos saca un centro para arriba. La pelota se eleva un montón y la miramos caer en el área chica. De la nada se nos aparece el inoxidable Cubero y lo anticipa a Monzón. ¿Lo anticipa? Monzón se quedó atornillado al piso, se agachó, es como si se le hubiera ofrecido a Cubero como base para catapultarlo. Y el cabezazo de Cubero, imperfecto, una masita, era para atraparlo sin demasiados problemas pero para completarla, a Orion se ve que le había gel para el pelo en los guantes.
Por más optimista que se quiera ser, nadie iba a imaginarse que estábamos en condiciones de levantar el partido en los veinte minutos que quedaban. Antes bien, era para pensar que no había retorno. No lo hubo. Ellos se agrandaron y empezaron a toquetearnos. El Vasco lo puso a Calleri. ¿Era Osvaldo el primero que tenía que salir? Si alguna expectativa quedaba, el adiós definitivo se consumó con la expulsión de Gago.
Podrá opinarse que a Gago lo echó la platea, que Loustau se dejó llevar, que si bien llegó muy a destiempo, no era acción de roja directa. También podrá opinarse que estuvo bien expulsado. Lo que no podrá discutirse es que Gago quedó expuesto por dos causales. Una, individual: descontrol, impotencia. Otra, de orden táctico: quedó con mucho terreno a lo ancho para cubrir él solo. Si con cuatro volantes no cerrábamos bien, menos íbamos a hacerlo ahora que, por manotazo de ahogado, habíamos puesto tres delanteros, Palacios-Calleri-Chávez. Tres delanteros en serio, no como otras veces porque, a diferencia de cuando juega Carrizo, no dejamos a nadie con oficio para el retroceso.
Por otra parte, esa entrada tan falta de medida estuvo en consonancia con lo que había sido todo el partido de Gago. Su intervención anterior había sido una “asistencia” de las mejores que Pavone haya recibido en su larga carrera, se fue solo por el medio, menos mal que su definición no fue buena y tapó Orion. El partido se lo llevó puesto también a Gago y en su caso es más difícil aceptarlo por tratarse de quien se trata, por su riqueza técnica indiscutida, por su trayectoria, por su contrato. Si es “referente” para que los dirigentes lo convoquen junto con Orion y el Cata a analizar la coyuntura, también cabe exigirle que, al menos alguna vez, cuando la mano viene torcida, nos salve en la cancha. Y eso nunca sucede. Peor aún, nos deja con diez.
La jugada del segundo gol es otro símbolo del partido. Ese pibe Delgadillo la peleó y emergió ganador entre varios jugadores nuestros, la abrió y Asad se nos metió sin pagar peaje en el área, la cruzó Asad y en la boca del arco llegó para empujarla Pavone, con todos los nuestros corriendo a contramano.
Lo peor es que, antes de las vacaciones, falta jugar con Newell's. Todavía no se sabe si jugamos con hinchas o sin hinchas. Newell's viene a los tumbos pero este Boca es capaz de resucitar cualquier muerto. A continuación se abrirá el paréntesis de un mes, como para que echemos a volar de nuevo los sueños. ¿Hay sustento para soñar? Seamos realistas. Tenemos unos cuantos buenos jugadores pero está visto que no alcanza. Tenemos un cuerpo técnico al que se le va a hacer muy difícil volver de dos eliminaciones con River en seis meses. Tenemos una conducción institucional de la que no cabe esperar que en los seis meses que le quedan encuentre la coherencia que no tuvo en tres años y medio.



EL BOLETÍN: ORION 4, PERUZZI 3, CATA 5, TORSIGLIERI 5, MONZÓN 2, MELI 3, BENTANCUR 4, GAGO 2, COLAZO 3, OSVALDO 5, CHÁVEZ 5 (FI), CALLERI NC, PALACIOS NC.

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