Si
hubiésemos empezado la liga con Delfino, Mc Donald, Gianella y
Amicucci (si no la hubiésemos empezado con Chris Johnson, Marcus
James, Calderón y López Banega), ni remotamente hubiésemos
terminado jugando por la permanencia. La desidia dirigencial, el
desinterés o peor aún, la conspiración interesada, hizo que el
equipo se armara sobre la marcha, se fuese emparchando en cada corte.
Recién cuando se advirtió el peligro cierto de descenso fueron
trayendo algunos jugadores como para terminar con un plantel decente.
Los
tres partidos en La Bombonerita fueron de amplia superioridad. No vi
los dos partidos en Paraná pero la verdad es que cuesta explicarse
sobre todo que el tercero se haya perdido por más de veinte puntos.
Se debe haber sentido la ausencia de Lampropoulos, que a lo largo de
toda la temporada fue de lo mejor y más parejo junto con Lucas
Pérez. Esta noche volvió, el Griego, después de tres partidos,
seguramente no al ciento por ciento pero en los minutos en que hizo
falta, en los comienzos del primer y del tercer cuarto, marcó
presencia.
La
gran figura fue Lucas Gargallo, que no venía jugando bien. Tuvo la
mano caliente y aportó triples fundamentales. Delfino mejoró mucho,
fue fundamental. En cambio, Funes, que había levantado y había sido
determinante en los dos primeros partidos, esta vez no funcionó.
En
los tres partidos La Bombonerita estuvo repleta. Para que alguno tome
nota de que cuando la propuesta es interesante o cuando se juegan
instancias decisivas, la gente responde. La tradición del basquet en
Boca no la van a poder borrar. Angelici se muere de ganas de bajar el
basquet como bajó el vóley y el futsal femenino. Tendremos que ser
capaces de no permitir que siga achicando el club. No le compremos
espejitos de colores como la Expo Boca.
Hacía
varios partidos, desde aquella vez en que se apareció Mauro Martín
en persona, con un grupo de secuaces, para sacar todas las banderas
de Aguas e intimidar a los pibes, no se lo puteba, a Angelici. Esta
vez volvieron las puteadas, cerca del final, con cierta timidez pero
volvieron.
Nos
quedamos en primera. Vamos a ver si alguien toma la bandera y, para
la temporada próxima, le da el basquet el lugar que se merece. Que
arme un equipo que, desde el principio, respete la historia, nos
represente y vuelva el nombre de Boca a los sitios que le
corresponden. “El basquet no se toca”, una vez más, fue el grito
de guerra para que escucharan los dirigentes. Que sea verdad, que no
se toque.
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