A
MIS AMIGOS MARCELO RODRÍGUEZ, ALBERTO FERNÁNDEZ Y HUGO MAIO,
PERIODISTAS
Vivimos
al ritmo de los periodistas. Nos llevan de las narices. Y nos
prendemos. Y les hacemos el juego.
Vamos
a salir campeones. Probablemente mañana, martes. Si no, el domingo.
Pero ya nos subieron a la moto de la próxima temporada y de la
próxima Copa. Y pareciera que tenemos que armar un plantel nuevo.
¡Menos mal que vamos a salir campeones!
La
campaña, en los números y más allá de cualquier otra
consideración o puntualización, es excelente. Diecisiete partidos
ganados y tres perdidos sobre 28. Con 58 goles a favor, a razón de
más de dos por partido. River, el tan elogiado River, segundo lejos
con 50. Tenemos 22 goles en contra, igual que Independiente y uno más
que Defensa y Justicia. Los otros 27 la fueron a buscar adentro más
veces. Pero “la defensa nuestra es un desastre y hay que traer otro
arquero urgente”.
¡Paremos!
¡Stop!
No
tanto en los medios pero sí en las redes e incluso a través de
bosteros insospechados se lo cuestiona a Guillermo. Hasta algún
zarpado lo destruye, lo sataniza y lo satiriza. Aquí, es evidente,
se nos mete la maldita política. Guillermo es cara del macrismo y el
angelicismo. Yo no soy ni macrista ni angelicista. A Guillermo lo
quiero por lo que me dio como jugador. Y tengo convicción clara y
firme (pareciera que otros no) en cuanto a que echar a un
técnico campeón o tan solo plantearse la posibilidad de que no
continúe es demencial, descabellado, irracional. Poco serio.
Por
supuesto que hay decisiones e indecisiones (variadas) de Guillermo
que no comparto o no entiendo o entiendo y no comparto. Me ha pasado
con todos los técnicos. Todos. Con el Toto y con Carlos, también.
Les cuestiono y les cuestionaré cosas pero siempre partiendo desde
la base de que ellos deben saber más que yo, ser técnicos es su
trabajo y no el mío, fueron jugadores, están adentro, conviven con
los jugadores, sus jugadodres. Conocen sus reacciones, sus miedos y
sus corajes. Mejor que yo.
Con
desenfreno se postula que hace falta otro arquero. Yo digo,
modestamente, que es el momento de Rossi. Que traerle otro tipo y
ponérselo encima sería un crimen deportivo. Tiene 21 años, lo
trajeron después de barajarse cien nombres, le tiraron el arco de
Boca en un momento muy delicado y se la bancó. Se la bancó con
creces. Nunca dejamos el primer puesto desde que llegó, le metieron
nueve goles en catorce partidos. ¿Qué más tiene que hacer? Sin
afinar demasiado la memoria, lo primero que me viene es el penal
estúpido que cometió en la cancha de Huracán, que costó dos
puntos y nos hizo tambalear. ¿Qué más? Si buscamos, vamos a
encontrar pero no mucho. Lo sensato sería dejar detrás de él a
Sara, un arquero experimentado, por las dudas y listo. Que Rossi sepa
que el arquero de Boca es él, que no lo taponen, que lo dejen seguir
creciendo en la cancha, aunque se coma los goles que se tiene que
comer todo arquero de 21 años y que él, hasta ahora, no se ha
comido.
Hasta
un delirante amigo mío llegó a preguntarme si, pensando en la Copa,
no estaría bueno traer a … ¡Orion! Le respeto la trayectoria, a
Agustín, cuatro temporadas como titular en el arco de Boca no son
para cualquiera. Pero en estos días cumple 36 y está en su peor
momento. En menos de un año lo dieron de baja en Boca y en Racing.
¿Cómo lo vamos a poner por delante de un chico de 21 años que está
para que le sigamos dando pista, de aporte fundamental para la
conquista de un campeonato?
Me
viene al marote el caso de Quique Vidallé. Había hecho una gran
segunda rueda en el Metro del 75, después de la salida del Loco
Sánchez. Era el momento de darle confianza, de apuntalarlo pero Boca
le trajo a Biasutto. Y después, al Loco Gatti. Y Quique se fue, a
Chile, a cualquier lado, quería irse. Lo que era como arquero iba a
quedar demostrado después, en otros arcos. También recuerdo que en
el 89, cuando vino Pogany, ya grandecito, después de una buena
temporada en San Lorenzo, había quienes suponían que él debía ser
el titular en lugar del Mono Navarro Montoya, que recién llevaba un
año con nosotros, que tenía 23 años y que se había bancado el
traumático egreso del Loco Gatti. Un despropósito.
Yo
también, con ligereza, digo que hay que traer “un central”. Pero
fijémonos bien a quién traemos. Porque no se trata de cambiar
figuritas para ver qué pasa. Teníamos a Tobio y al Chaco
Insaurralde, trajimos a Vergini. Vergini, por antecedentes, no
marcaba ningún salto de calidad y en el verde, tampoco lo marcó.
Venía de irse al descenso con el Getafe. Es, guste o no gustare,
como dice el sabio Román: los jugadores que vienen de Europa, en
general, vienen porque no juegan o porque no juegan bien. Si juegan y
bien, se quedan allá. A mí también, como a Guillermo, me gustaba
mucho el paraguayo Gómez cuando estaba en Lanús pero fue al Milan y
no juega, cuidado. Porque después vienen y se tienen que “poner en
ritmo” y mientras se ponen en ritmo, se nos van partidos y puntos.
También
pareciera que es impostergable la contratación de un lateral. No voy
a cansarme de repetirlo: si vamos a poner la tarasca por un lateral,
tiene que ser un fenómeno. Un Marzolini, un Ibarra, un Pernía. De
lo contrario, para traer a un normal, guardemos mejor la tarasca para
la columna vertebral. Aquí me voy a ganar alguna antipatía, como
mínimo supongo: creo en Peruzzi. Cuando pasa al ataque le saca
ventajas a casi todos y sus distracciones o malas elecciones en
defensa pueden corregirse o al menos atenuarse, hay que trabajarlas.
Cierto es que lo han tirado a la hoguera pública y le será muy
difícil salir de ahí. Mientras tanto, Jara es un jugador con
oficio, abnegado, que por lo general cumple (salvo que lo pongan de
extremo como ha pasado). Por el otro lado, con Silva y Fabra estamos
sobrados. A mí me sigue pareciendo mejor Frank, más allá de algún
pecado que a él se le ha cobrado lo que no se les cobró a otros y
más allá del muy buen partido de Jony en Mar del Plata. Sospecho
que Frank debe tener más ganas de irse que de quedarse y razones no
le faltan. Pero no me vengan con que hay que traer un lateral, por
favor.
Otro
contertulio de esos que me han tocado me decía, antes de Aldosivi,
que si Guillermo lo quería poner a Bentancur, aunque más no fuera
para no dar el brazo a torcer, que no lo fuera a tocar al Negro
Wilmar, que más bien lo sacara a... ¡Gago! ¿Cómo va a salir Gago?
Es un jugador estupendo, el más jerarquizado que tenemos, el capitán
por derecho propio. Ha tenido sus altibajos pero su trayectoria lo
pone por encima de cualquier cuestionamiento. Por lo demás, no
olvidemos que el equipo se enderezó cuando entró él, después de
su última lesión grave, desde aquel muy buen partido con San
Lorenzo, en el coqueto estadio de la villa 1-11-14. En Mar del Plata
la rompió, Fernando, como para poner las cosas en su lugar y que
nadie hable giladas.
Lo
que pasa con Fernando, señores, es que no les cae bien a demasiados
periodistas. Es un tipo distante, les marca los límites, a muchos no
les da ni bola. Y la vez que habla, no se mete en camisa de once
varas, la tira afuera, no tira títulos. Entonces, no lo quieren. Y
detrás de esos periodistas se encolumnan muchos que consumen mierda
periodística. Es así.
En
cuanto al Negro Wilmar, ni hablar. Nos guardó a todos en su
bolsillito chiquito de entrada. Tiene esas cosas que nos enamoran.
Mete suela, gana las divididas, barre contra la pared de los
palcos... Pero por sobre todo, es un volante que sabe a la perfección
lo que tiene que hacer y lo hace, se para donde debe, elige los
caminos más cortos y con la bola, es prolijo. ¿Qué más? Con el
aporte de Pablo Pérez, otro jugador con recorrido al que Boca no le
pesa para nada, parecemos haber encontrado un medio juego confiable.
Démosle cancha.
Ya
que se lo ha castigado tanto, reconozcámosle las buenas, a
Guillermo. En el verano éramos unos cuantos los que preferíamos a
Bou y Guillermo lo sostuvo a Benedetto. Hoy, el Pipa es intocable.
Tiene lo que tienen que tener los 9: goles. Raro, el Pipa. Por ahí
no la toca, es como si jugáramos con diez, hasta pareciera que le
rehuye al combate, al contacto físico. Pero se mueve bien, trabaja
bien el ancho, pivotea de espaldas, sale para después entrar. Y de
la nada, te saca un gol como el de la cancha de Huracán, que lo
pinta de cuerpo entero. Ni nos acordábamos de que estaba, le cayó
una bocha como del cielo, arrancó y no lo pudieron parar más, la
terminó con un enganchecito para encontrar la posición de tiro y
ahí, ¡pum!... Casi rompe la red.
Darío
debe ser la mayor de las consolidaciones en esta campaña. Así que
démosle el crédito a Guillermo para aguantarlo también a Pavón.
Cristian tiene todo y tiene un valor preciado para cualquier jugador,
el respaldo de su técnico. En Mar del Plata se reencontró,
esperémoslo un poco más.
Y
llegamos al que más está en la picota: el Wachiturro Centurión.
Potencial extraordinario, jugador que rompe cualquier partido en
cualquier momento, los rivales (jugadores e hinchas) lo odian, lo
muelen a patadas y él sigue, se las sigue mostrando, pa'que
bronquen. Hasta lo volvió loco a Carlos Bianchi, aquella noche en la
cancha de Racing.
Centurión
se tiene que quedar, ladies & gentlemen. Hay que retenerlo. A los
cinco segundos de haber aparecido esa chica golpeada (presuntamente)
por Centurión, ya había alguien llenando una pantalla o delante de
un micrófono para decir que era decisión tomada no renovarle el
préstamo. Yo creo que tenemos dirigentes boludos pero hasta cierto
límite, no puede ser para tanto. Ni hablar de cierto cerdo (porque
los chanchos somos nosotros pero también hay cerdos gallináceos)
que lo calificó al Ricky como “una bomba de tiempo”. Y de otro
cerdo gallinaceo que se encarga de la gráfica y puso un zócalo con
esa misma inscripción y lo dejó como media hora. ¿Sabés qué,
gordo de mierda? Yo también digo que el Wachiturro es una “bomba
de tiempo” pero en el buen sentido. Es una “bomba de tiempo”
porque te fabrica la jugada que desarma a cualquier defensa en el
momento menos pensado. Y ama el juego, está desgarrado y quiere
jugar. Dámelo, que juegue para mí.
Si
Centurión le dejó la cara a la miseria a esa piba o si chocó por
manejar en pedo y rajó, que responda por eso donde tenga que
responder. Que lo procesen y lo sentencien, si es del caso. Mientras
tanto, que juegue. Pero que lo condenemos nosotros y los periodistas
sin proceso es algo propio de esta sociedad desquiciada, dejémonos
de joder. Y de puro viejo que soy, la voy a rematar con una anécdota
del Pulpa Washington Etchamendi, entrenador uruguayo campeón de la
Libertadores y la Intercontinental con Nacional, en la Argentina
tiene un ascenso con Unión: una vez pidió un jugador y los
dirigentes le dijeron que era “mala persona”. El Pulpa les
respondió: “Yo no lo quiero para yerno, lo quiero para que me
juegue los domingos”.
Ya
termino. Había evitado, hasta ahora, referirme al affaire
Román-Carlitos o Carlitos-Román. Hablo ahora y no hablo más. Me
gustaría que ellos hicieran silencio pero no puedo negarles el
derecho de hablar. Me parece que no le hacen ningún favor a Boca
aunque me identifico mucho con muchas verdades conceptuales de Roman,
sabio del fútbol dentro y fuera. Acá se nos vuelve a inmiscuir la
política porque Carlitos es mascarón de proa del angelicismo y
Román, del antiangelicismo (el bando en me alíneo).
Amo
a Román y a Carlitos también, por lo que fueron y son como
futbolistas. Soy capaz de perdonarle a Román que nos condicionara
antes de jugar una final de Libertadores y a Carlitos que nos haya
dejado en banda en la mitad de un campeonato. Todos tenemos nuestras
miserias. Cada uno de ellos juega su juego, sabe bien los bueyes con
que ara, usa y se deja usar. Deben saber, seguro, que les dan pasto a
las fieras, a los periodistas y a los antiBoca. Que cada quien diga
lo que quiera, ellos y los que se prenden, nadie puede prohibírselos.
Pero soy de Boca y no me prendo. Punto final.
Esperé a que termine el partido de los cuervos para decirte que te leo siempre aunque ya no comente. Tu blog es el lugar donde siempre encuentro las palabras justas cuando la alegría o la calentura o la tristeza me impiden pensar correctamente. Al final el campeonato se terminó resolviendo de la manera menos sufriente de todas, pero este semestre la vimos bastante peliaguda, más que nada después de ese empate insólito con Patronato. Por suerte el Mellizo demostró que puede cambiar, lo cual es un gran aliciente teniendo en cuenta que la Copa no es para necios.
ResponderEliminarEn fin, te mando un abrazo y vamos Boca la concha de su madre.