domingo, 11 de marzo de 2018

SALIÓ EL TIRO DEL FINAL

Daban ganas de balearse en un rincón pero salió el tiro del final. Era un partido para ganarlo antes, más cómodos. Por dominio de la situación a lo largo de casi todo el juego, por oportunidades creadas. Aunque cierto es que el que le ganó a Tigre no fue un Boca bueno, completo y seguro, se complicó solo, permitió que se lo empataran prácticamente en la única oportunidad de que el rival dispuso y para peor, cuando ya se terminaba y parecía que ya no era hora para nada más.
   El equipo fue, podría decirse, irregular. Funcionó con corriente alternada. La sensación que primó fue la del desorden y la aceleración desmedida, faltó pausa. Y hubo pasajes, largos, en que se nublaron todos, la imaginación no aparecía, se consumían minutos en la intrascendencia.
   El arranque fue muy prometedor. Con dominio absoluto, ritmo, Pablo Pérez como líder. Después iba a perderse un pco. Fundamental, el regreso de Pablo, desde el principio, justo cuando estamos en un plano crucial de competencia triple. Lo necesitábamos.
   Demasiado se conversó sobre si Guillermo hacía bien en poner a todos los titulares. Yo apruebo. El riesgo de una lesión se corre siempre, en un entrenamiento o hasta en un accidente doméstico. La mejor opción era darle rodaje al equipo base cuatro días antes del fundamental choque con River. Sobre todo si se considera el tiempo que llevaba Pablo sin competencia junto con sus compañeros habituales. No había desgaste de partidos acumulados que autorizara una rotación.   
   Casi todo lo que se produjo de ataque en el primer tiempo nació por la derecha. Con Pavón como protagonista excluyente, con Jara y algún volante confluyendo por allí. Faltó meterla. En el primer encuentro, muy bueno, entre Tevez y Pablo, a Carlitos le faltó pimienta para meterla con el zurdazo, le salió débil. Después estuvo esa que cruzó Pavón y a la que por milímetros no llegó el propio Tevez. La que terminó con el zurdazo alto de Pablo después de otra buena maniobra combinada. La de Cardona en el palo y la de Jara del lado de afuera de la red.
   Al llegarse al descanso ya podría haber estado definido pero seguíamos 0 a 0. Faltaba algo. Tevez es como si estuviera falto de reacción, como que no tiene la quinta velocidad. Y Edwin siempre deja testimonio de su riqueza técnica pero pierde demasiadas pelotas. Nández, por su parte, está tendiendo a enredarse, a embarullar el juego en sus participaciones.
   El segundo tiempo fue igual. Boca, alternando entre minutos bien jugados y caídas de tensión, nunca dejó de gobernar el partido. A diferencia de la parte inicial, ya no se volcó tanto la ofensiva sobre la derecha sino que se empezó a llegar más y mejor por la izquierda.
   Tuvimos la que cruzó Cardona y a la que, otra vez por milímetros, no llegó a empujar Carlitos (lo dicho, esos cinco para el peso que le están faltando), la del mismo Edwin en la parte de afuera del palo, la mano de Niz que se pidió como penal pero era casual, el cabezazo de Magallán que salvó el arquero. Es poco frecuente, en este Boca, que los centrales ganen de arriba en el área de enfrente. Esta vez Lisandro saltó y ganó limpito, tiene que verse eso más seguido.
   Una buena variante, que abrió el partido, se dio cuando Kichan se fue a jugar por la izquierda y Edwin se desplazó hacia adentro. Con Fabra más participativo que en el período inicial, se utilizó mejor el ancho de la cancha.
   Y llegó, por fin el penal, ya cerca de la media hora, cuando estábamos en los umbrales de la desesperación y la impotencia. Gran pase de Edwin para la corrida de Kichan por izquierda, lo bajó Pérez Acuña. Fue penal, aunque se pretenda discutirlo con televisión. Pérez Acuña estaba adentro, la mayor parte del cuerpo de Pavón también y aunque un pie de KIchan estaba afuera, el contacto se produce sobre la raya. Impecable la ejecución de Edwin, abajo y apretada contra un palo, con el arquero para el otro lado.
   Es de no creer que hayan llegado a empatarnos este partido. Porque después de la apertura, estábamos para definirlo. Con la que tapó el arquero después de un buen encuentro entre Tevez y Cardona o con la de Nahitan en el travesaño. Tigre no había llegado claro nunca. Pero durmió la defensa en la jugada del empate. Le dimos ventaja a Luna para que metiera el centro que nos recorrió el área de lado a lado y porque Pérez Acuña tuvo tiempo para acomodarse y fusilar. Miramos, miramos mucho.
   Era para morirse, ni más ni menos. Suerte que, en el minuto 49 de los 50 que había marcado Delfino, llegó el desahogo. Jugada bien armada la previa, que salvó el arquero ante el zurdado de Bebelo Reynoso. Y después, la rebeldía de Wilmar para ganar de prepotencia la segunda jugada, para filtrarla bien y que le quedara a Ábila por la izquierda; la cruzó bien, Wanchope y allí apareció Jara, que se había quedado en el área, la empujó abajo del arco y nos liberó a todos de la angustia que nos consumía.
   Participaron de la acción los que en definitiva fueron los dos mejores y más parejos jugadores de Boca. Wilmar, puntual como siempre en el recorrido del medio, metiendo y ganando a todo lo ancho, completó la faena con un pase bien profundo, propio de un natural asistidor. Y Jara, que había pasado arriba a lo largo de todo el partido, coronó con esa aparición gloriosa para definir.
   Es lindo, es encantador ganar un partido así, en la última, para poder descargar en el grito todo lo que se tiene adentro. El triunfo salvó la diferencia en la punta y nos hace llegar con el alma entera y el corazón calentito a la cita de honor del próximo miércoles. Guillermo, que se puso tan loco como el más loco de todos nosotros con el gol de Jara, estuvo bien metiéndose en la cancha y mandando a los jugadores a saludar a las dos cabeceras. Gesto de conductor. Para que la gente los bañara con el reconocimiento por la victoria y les diera otro empujón más para lo que se viene. Para acenturar la comunión, para que nos sientan con ellos, por si hiciera falta.
   Qué cosa, vamos primeros desde hace 38 fechas, con un campeonato ganado en el medio y todo eso podría derrumbarse y quedar en la nada. A Guillermo, más que a los jugadores que quedan, no le perdonamos ni le perdonaremos aquello de Independiente del Valle y está bien porque así es esto. Es más, a Guillermo hay quien lo discute hasta en lo que no podría discutirse. Yo también tengo cosas para cuestionarle. Hay decisiones que toma o que deja de tomar y que a mí tampoco me gustan. Ahora, cuidadito, no mezclemos las cosas: a mí también me rompe las pelotas que vaya a comer con Macri pero esa es su vida, a sus amigos los elije él. Ni hablar de cuánto me hincha las bolas que Tevez diga que el que putea a la reina en Inglaterra va preso (¿y a mí que poronga me importa, Carlos?). Si Tevez eligió ser operador del macrismo, a mi cumpleaños no lo voy a invitar pero que juegue. Que juegue para Boca.
   Dicho todo esto porque el miércoles no se puede fallar. Un tercer mano a mano perdido contra los que te jedi, después de la Sudamericana 2014 y la Libertadores 2015, sería una herida demasiado profunda. Por eso es que, en noventa minutos, podría quedar sepultados estos quince meses que llevamos mirándolos a todos desde arriba. No es injusto, no. Simplemente, es fútbol, fútbol argentino. Es Boca, nuestro Boca. En Mendoza no se puede fallar. No fallemos.
   EL BOLETÍN: ROSSI 5, JARA 7, GOLTZ 5, MAGALLÁN 6, FABRA 6, NÁNDEZ 5, WILMAR 8, PABLO 6, KICHAN 7, TEVEZ 5, CARDONA 6 (FI), REYNOSO 5, WANCHOPE 6.                

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