lunes, 20 de febrero de 2012

NINGUNA FLOR

El equipo está tan seguro en su función defensiva que mantener el cero en arco propio no le cuesta casi nada. No le llegan. Y cuando hace falta, Orión siempre canta presente, como en Santa Fe. Ahora, la otra mitad de la ecuación cada vez está costando más.
Cuatro partidos oficiales en lo que va del año y apenas si hubo algún matiz diferencial contra Olimpo. Fuera de ese viernes, con Santamarina, con Zamora y con Unión fue la misma película. No sólo que no llegamos, sino que pareciera como que ni siquiera lo intentáramos. Ni una sola jugada de ataque bien elaborada, ni una sola en la canchita de Unión.
A propósito, ¡qué lejos quedó Unión de Colón en cuanto a infraestructura! En los años setenta, cuando este gil empezó a visitar las canchas de Santa Fe, los sabaleros tenían casi todo un lateral sin tribunas, dos tribunitas de madera detrás de los arcos y la platea de cemento, no muy alta, en el lateral de los vestuarios. Hoy, Colón tiene un estadio de primer nivel que fue construyendo de a poco, antes del impulso final que se le dio para la Copa América. La cancha de Unión está igual que hace cuarenta años. Para llegar al improvisado pupitre de prensa que le asignaron a este gil hay que hacer acrobacias. Y después, hay un considerable pedazo de cancha que no se ve y a un arco se lo ve entre los fierros de un techito que sobresale. Para colmo, la luz artificial también deja bastante que desear.
Volviendo a lo nuestro, el Boca de Santa Fe fue peligrosamente parecido al Boca de Salta y al Boca de Barinas. Nadie que rompiera el molde. Ni Román, al que le está costando agarrar la onda. Si no lo anticipan, lo esperan o lo encierran e igual le ganan. Y si no aparece Román, no hay alternativa de conducción. Al menos no la hay sin Pochi Chávez en la cancha porque Erviti no aparece, está demasiado acelerado, demasiado metido en su rol de ida y vuelta como para ser el que pida la pelota, sea capaz de una pausa y elija el mejor destino, el que sorprenda al rival.
Ojo, se sugiere desde aquí procesar y filtrar los mensajes para nada sutiles de todos los mala leche que ya desde anoche, según escuché, están poniendo el acento en que Falcioni no se animó a sacar a Román para poner a Pochi. Pasan por alto, los muy hijos de putas, que dos de los tres cambios posibles fueron obligados. El único cambio que Falcioni eligió hacer fue el de Nico Colazo por Erviti y no estaba para nada mal.
¡Qué pena lo de Nico! Como pasó con Viatri, se lesionó en una jugada por demás boluda. ¡Qué mala suerte tiene el pibe! El año pasado, en la cancha de Colón, entró unos pocos minutos y le metieron un patadón que no lo quebró por poco pero que lo dejó afuera por unas semanas. Después, se desgarró en un entrenamiento, cuando ya algunos de sus compañeros se estaban yendo para los vestuarios. Él se quedó un ratito más a patear al arco y se desgarró. Y ahora, esta desgracia. Lo perdemos por un mínimo estimable en seis meses pero por encima de eso, de que se trata de un jugador valioso, muy necesario para este momento, da profunda pena por lo buen pibe que es, querido por todos.
También el Flaco Schiavi salió averiado, esperemos que su recuperación sea rápida porque sabemos lo que significa. Ese Jara le metió un planchazo durísimo y Pompei ni se enteró, no cobró ni foul. El Flaco se quedó el resto del primer tiempo porque es el Flaco pero se veía que no podía. Eso sí, antes de irse, lo ajustició a Jara. Sobre el final del primer tiempo lo fue a buscar bien lejos, contra la raya, y lo acomodó. Mató dos pájaros de un tiro. Al pajarón de Jara por un lado y además, como seguramente lo tenía calculado, ya sabiendo que el próximo partido de todas maneras no iba a poder jugarlo, obtuvo la quinta amarilla. Cuando vuelva, que esperemos sea en la cancha de San Lorenzo, allá en la Villa 1-11-14, va a estar limpito, con cero amonestaciones.
No hay ningún otro lado por donde entrarle al juego del equipo en Santa Fe. Mouche choca y Cvitanich participa muy poco del juego, no le conviene seguir jugando de espaldas al área, algo a lo que está obligado cuando compone la dupla con Mouche. El Burro Rivero, al igual que Erviti, está muy impreciso con la pelota. El tucumano Sosa, cuando pasa al ataque, tira centros como si no se hubiese enterado de que Palermo se retiró. Vamos a ver si la vuelta de Clemente, que podría ser con Newell’s, cambia un poco el libreto.
En fin, van 33 partidos de invicto pero no nos engañemos. Si sufrimos cada partido, como estamos sufriendo en estas últimas semanas, el invicto puede caerse en cualquier momento y aunque no se cayera, cuando se llegue a los 41 será como para aplaudir por unos pocos minutos y nada más, al otro día no se va a acordar nadie. Tenemos que empezar a jugar. Boca, hoy, no juega.

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