jueves, 24 de mayo de 2012

CHAU FLUMINENSE

Román, que jugó mal, con su claridad de siempre acertó después en la declaración: “La única jugada en que hicimos tres toques, fue gol”. Y alcanzó, por suerte. Chau Fluminense, estamos en las semifinales, hay que ganarle al que fuere pero ojalá toque Universidad de Chile.


Sí, Boca zafó y se clasificó en un partido en que armó una sola acción de ataque. En el resto de los noventa minutos, nada. Apenas comenzado el partido hubo un tiro de Roncaglia desde fuera del área, mordido y desviado, y el siguiente envío al arco fue ya en el final del primer tiempo, otra vez por Roncaglia, un cabezazo después de una pelota parada.

No es que Fluminense haya hecho gran cosa, porque uno lo escuchaba a Niembro y parecía que ellos, en el primer tiempo, eran aviones. Nada que ver. Sí manejaron el partido. Sí encontraron espacio para mover la pelota entre Pichi Erbes y los centrales. Sí se insinuaron con Bruno por la derecha, porque Clemente no encontraba la medida, Erviti se iba muy para el medio y el Chaco Insaurralde cruzó bien un par de veces pero en otras, no. Pero Fluminense tampoco llegó.

El gol fue una carambola. El tiro de Carletto, después de pegarle en la espalda al Burro Rivero, parecía que se iba al córner pero agarró una combita y se metió al lado de un palo. Una desgracia pero de todas maneras, la barrera no estuvo bien armada. Por otra parte, no fue el único tiro libre frontal que les regalamos a los brasileños, con el peligro latente que ello significa. Fueron tres, síntoma inequívoco de que no dábamos pie con bola.

Encima, el gol llegó muy temprano. Quedaba todo el partido por delante y los brasucas ya habían neutralizado la desventaja del primer partido, se habían sacado un peso de encima y habían crecido en confianza y seguridad.

Ese primer tiempo interminable, en definitiva, lo aguantaron los defensores. El Flaco Schiavi, el Chaco y Roncaglia, principalmente. Porque el medio lo perdimos siempre. No la agarrábamos o si recuperábamos, la perdíamos enseguida.

A Román le pusieron a ese Edinho siempre muy cerca pero no es que Román vaya a asustarse por una marca policíaca. El problema fue que, extraño en él, Román tomó muchas decisiones equivocadas. Tal vez salió a la cancha con la idea fija de que había que quitar ritmo pero hubo jugadas en que estaba cantado que había que salir rápido y él, en cambio, la dormía. Y los delanteros quedaron condenados a forcejear siempre en desventaja.

Pueden intentarse varias explicaciones sobre el porqué de la decisión de Falcioni de dejar afuera a Mouche, el delantero de mejor momento. Quizá pensó que lleva muchos minutos acumulados. O que Cvitanich había andado muy bien y había hecho un gol en la anterior visita a Río. O que era mejor tener dos delanteros capaces de aguantar de espaldas. O que Cvitanich es jugador de él, él lo trajo a Boca. O que a Pablo suele caerle muy bien entrar en el último tramo de partido.

Pueden intentarse varias explicaciones, ninguna de ellas convincente. Uno de los artes de la dirección técnica es aprovechar los momentos de los jugadores, capitalizarlos. Pablo anda demasiado derecho, venía siendo determinante en todos los últimos partidos, mucho más importante que Cvitanich. Tenía que jugar desde el arranque.

Es cierto que cuando entró, ya pasada la mitad del segundo tiempo, no generó mayor desequilibrio pero él yendo por afuera era, en teoría, una de las mejores armas de las que pudiera esgrimir Boca. Y lo dejaron mirando el partido por más de una hora.

De cualquier modo, el partido había cambiado en el segundo tiempo. Se compartió más la tenencia de la pelota, por lo menos. No hubo profundidad pero se ganaron algunas pelotas paradas como para inquietarlos y en una de esas, el Flaco Schiavi casi los emboca, de cabeza. Se le fue al lado de un palo.

Ellos, teniendo menos la bola que en la primera parte, tuvieron alguna clarita. Esa de Thiago Neves por la izquierda que menos mal que la pelota no agarró la comba como él quería, cruzó por delante del arco y se fue. Y la de Rafael Moura que el Flaco Schiavi sacó al corner al lado de un palo, cuando Orión ya no jugaba. Si entraba esa, adiós, faltaba poco y por cómo venía la mano no era de prever que íbamos a hacer el gol que necesitábamos.

Ya estábamos preparándonos para los penales y llegó, a los 45 del segundo, “la única jugada en que hicimos tres toques”. Román no había hecho ninguna pero hizo ésa, hermoso pase de cachetada para la llegada del Burro, limpito, por derecha.

La hizo bien, el Burro. No se apuró, se afirmó y cruzó bien el derechazo. Fue gol, porque después de dar en el palo y antes de que la manoteara Diego Cavallieri la bola estaba adentro. Pero el chileno Ossés y su asistente Francisco Mondria no se habían dado por enterados, así que menos mal que llegó el Tanque Silva para empujarla. Y si no era el Tanque, por allí andaba Pablo.

El Tanque se había despedido con un gol sobre la hora, con Unión Española, antes de desgarrarse, por suerte se recuperó muy rápido y por suerte reapareció para meter otra sobre la hora. Anduvo toda la noche en el catch con ese negro Gum, no había recibido juego, una que se le había presentado en el segundo tiempo la había resuelto mal pero a la hora señalada, facturó. ¡Qué desahogo! Un gol mortal.

Ahora hay que pensar en jugar mejor. Que Román sea Román, que no se dejen espacios entre líneas, que entre Clemente, el Chaco y Erviti encuentren la fórmula de tapar el agujero de la izquierda. Pero estamos en semifinales. La U juega bien pero los chilenos suelen ser menos guerreros que los paraguayos. Mejor ir a definir a Santiago y no a Asunción. Y a Vélez, ojalá lo saque de circulación el Santos esta noche. En Liniers te puede tocar un pito que te incline la cancha. Además, de última, si no salimos campeones nosotros, mejor que salga cualquiera y no esos muertos de hambre que se creen el Real Madrid.

1 comentario:

  1. 1- Me parece que el único del medio que anduvo más o menos bien fue el Burrito, quien fue recuperando el nivel.
    2- Secundo la moción referente al Real Liniers.

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