jueves, 18 de abril de 2013

NO HAY DEFENSA PARA BOCA

El Boca que se arrastró por la cancha el pasado sábado en San Juan y el que volvió a perder penosamente cuatro días más tarde en Toluca, con diferentes alineaciones, tuvieron un punto diferencial muy evidente: el primero despreció groseramente la pelota y el segundo, por influencia directa de Juan Román Riquelme, se esforzó por respetarla.


Por lo demás, entre las muchas cosas que los asemejaron, la más notoria es la absoluta incapacidad para defender, para ordenarse en retroceso y espera, para dar respuesta adecuada a la más elemental propuesta de ataque que ensaye el rival.

El dato no se remite exclusivamente a estos dos partidos sino que ha sido una constante en lo que va del año y con diferentes jugadores. Por la zaga central han desfilado Matías Caruzzo, Guillermo Burdisso, Claudio Pérez, Lisandro Magallán y cuando circunstancialmente tuvo que ir Ribair Rodríguez y pareció que podía pintar un principio de solución, el uruguayo se lesionó.

Por otra parte, Ribair es, asimismo, el mejor volante central con que cuenta hoy Boca pero de 2 y de 5 al mismo tiempo no va a poder jugar. El más ingenuo y previsible de los centros que cae en el área de Boca enciende las alertas rojas porque nadie marca a nadie, los rivales anticipan o bien aparecen por detrás de los (presuntos) defensores pero siempre se hallan en insólita situación de definir con comodidad.

Por los laterales la película no es mejor. En Toluca salió como titular Leandro Marín, que en la presente temporada rara vez se entrenó con el plantel principal y es verdad que los lesionados son muchos y pocos los nombres que van quedando a mano pero la presencia de Marín constituyó una improvisación cuya secuela quedó a la vista.

Marín arrancó el partido sin saber dónde pararse, se lo veía muy cerca de Magallán regalando una ancha franja de terreno entre él y la raya de costado y por allí llegó, muy pronto, el primer gol de Toluca, tras una pelota que se perdió en la mitad de la cancha y que encontró a Boca parado como siempre, mal.

También cabe apuntar que Agustín Orion, un buen arquero al que Boca le debe mucho, tiene tendencia a pararse muy atrás, no achica en concordancia con sus defensores y por allí también se regala una estancia para que cualquier rival que aparezca tenga tiempo de hacer lo que quiera. Se había visto contra los mexicanos en La Bombonera, se repitió en otros partidos y allá en Toluca no hubo excepción.

El zamarreo de Orion a Emiliano Albín con que seguramente muchos se harán un festín en los próximos días no tiene en sí mismo mayor importancia, es un episodio normal en medio de un partido que se juega mal y se pierde. Ahora bien, si Orion no zamarreaba a Albín, al palo no iba nadie.

Se supone que debe haber un jugador predeterminado para cubrir el primer palo en un corner. ¿Albín no sabía que tenía que ir al palo o se le olvidó? n cualquier caso, eso sí que es grave. Y es por sí solo una demostración de cómo le va hoy a Boca, con jugadores perdidos, abatidos, inseguros.

Se apuntaba más arriba que esta vez se trató (no siempre se pudo) de cuidar más la pelota. En derredor de Riquelme, sus compañeros procuraron siempre asociársele en la tenencia. Es un signo vital positivo. Claro que habrá que encontrar, en algún momento, el cambio de ritmo, el pase vertical, la sorpresa. Boca no lo logró más que un par de veces y una de ellas terminó en el bien trabajado gol de Guillermo Fernández, con participación previa de Riquelme y de Nicolás Blandi.

Dijo Carlos Bianchi después del partido que “haber clasificado en el grupo de la muerte” es, de por si, una buena noticia. Lo que Bianchi y sus dirigidos deberán plantearse en los próximos días es para qué llegaron hasta acá. Porque está claro que, si no empiezan a hallar las soluciones que no han sabido hallar a lo largo de más de tres meses, el final del recorrido está muy próximo (DyN).







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