domingo, 14 de abril de 2013

¡QUÉ DESASTRE! ¡QUÉ VERGÜENZA!

Unos pocos párrafos, porque el humor del que escribe no es el mejor.


Había quedado claro después del milagroso empate con Independiente que en otro partido de características parecidas nos íbamos a comer una goleada histórica, catastrófica. Ocurrió. Nos pasó por encima uno de los peores equipos de primera, de los de más bajo presupuesto, que casi seguro va a descender, que llevaba dieciséis partidos sin ganar.

Se puede jugar muy mal pero lo que no puede negociarse es la actitud. Si el rival llega primero a todas las segundas pelotas, si gana todas las divididas, es signo inequívoco de que está más metido en el partido, por encima de cualquier disposición táctica o valor individual. Eso pasó en San Juan, desde el primer minuto de partido hasta que, después del sexto gol, San Martín decidió bajar la cortina (menos mal). Sería temerario suponer que los jugadores de Boca no salieron a la cancha con deseos suficientes pero sí hay algo que está fallando en cuanto a la concentración, a la determinación.

Eso, más allá de las deficiencias técnicas. Porque los centrales de Boca, llámense Caruzzo, Burdisso, Magallán o Chiqui Pérez, en ocasiones dan la sensación de no haber jugado nunca antes al fútbol. Desde el primer partido del verano se observó que cualquier centro aéreo sobre el área nos creaba una complicación. En más de tres meses ese problema no sólo que no se ha solucionado sino que, según lo visto en San Juan, se agudizó. Nadie marcó a nadie en ningún centro. Ganaban ellos en cualquier punto del área. O anticipaban o bien ganaban por detrás de la posición del defensor de Boca más cercano.

No puede entenderse que a un profesional le llegue la pelota con tiempo y espacio, que tenga compañeros para conectarse y que opte por tirarla a la mierda, sistemáticamente, como lo hacen Caruzzo y Burdisso. Es inevitable que, si se elige ese camino, la pelota vuelva de inmediato. De ese modo jamás un equipo podrá armarse. Cuando está Román, su presencia intimida a los demás que, aún con sus orfandades de recursos a cuestas, hacen un esfuerzo por entregarla redonda y, de ser posible, por abajo. Cuando no está Román, como en San Juan, es como si se sintieran liberados para jugar el juego que, en apariencias, más les gusta: tirarla a la mierda.

Para colmo de males, tampoco hubo sostén en el arco. Ustari regaló de modo inexplicable el segundo gol y desde entonces se sintió inseguro y contagió su inseguridad a los otros, por si hiciera falta.

El medio campo no aguantó nada, una vez más. El pibe Bravo, que había andado bien con Lanús, esta vez empezó en doble cinco con Sánchez Miño pero como se perdía el partido desde el minuto 2 y como está visto que este Boca no tiene reservas morales para revertir un juego que arranca torcido, los volantes se extraviaron. Y los delanteros, sin estructura detrás de ellos, quedan aislados del partido, como ocurrió. En un momento se lo vio al Burrito Martínez rogar que le dieran una como la gente. En un momento se lo vio a Silva quejársele a Bravo porque perdía, porque llegaba tarde cuando él rebotaba una de espaldas. En un momento se los escuchó a Bianchi y a Castro implorar que se jugara por abajo.

Pudo haber cambiado el partido si entraba la de Colazo que pegó en el palo. Pudo haber cambiado también cuando nos pusimos 1-2 con el penal que le hicieron a Acosta (que los putitos de la tele decían que no era) y que metió Silva. Pudo. Pero ni siquiera tuvimos tiempo de acomodarnos a la nueva situación porque nos cayó un nuevo centro sobre el área, anticipó uno de ellos, quedamos 1-3 y adiós. Por las dudas, antes de que terminara el primer tiempo, con Boca parado en la cancha, llegó el cuarto.

Cosa juzgada. Para el segundo tiempo Bianchi ya estaba pensando en Toluca, por eso y no por otra cosa los sacó a Caruzzo y a Clemente. Está bien, cada partido es una historia nueva y sabemos que cada vez que esté Román en la cancha, algo puede esperarse. Pero imaginar, en las presentes condiciones, que podríamos llegar a ganar la Libertadores es pecar de demasiado optimismo, por no decir boludez.

1 comentario:

  1. El cuarto párrafo es la clave, para mí. Podrán venir 1000 técnicos, pero me parece que hay cosas que quedan fuera de su influencia. La jugada del primer gol se origina en una pelota que Burdisso manda burdamente al lateral. Como esa hace miles por partido. Cómo empezar el juego así? No puede ser que los del fondo sean tipos a los que literalmente no se les puede pasar la pelota.

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