Temo que vamos a terminar últimos y ruego desesperadamente estar equivocado. Es que cuando se ingresa al despeñadero es imposible detenerse y así venimos, caída libre, sin freno. La imagen dejada en Avellaneda es angustiante, no fuimos (no sólo los hinchas), faltamos a la cita.
Este gil iba hacia la cancha de Racing y pensaba por el camino en las cosas lindas que tiene este laburo, los privilegios de ser trabajador de prensa. Uno estuvo en el gallinero la noche de los penales, en 2004. También estuvo unos días atrás con Colón. Y también iba a estar en la cancha de Racing. Sin embargo, visto lo sucedido, uno se plantea si no hubiese sido mejor quedarse en casa.
Breve digresión. Sobre la inutilidad tácitamente confesa de los organismos de seguridad ni vale la pena explayarse porque es al absoluto pedo. Los repelotudos inservibles incompetentes parasitarios no saben qué otra cosa hacer que dejar gente fuera de la cancha y encima, ni así logran el cometido de que no pase nada. Por el contrario, los quilombos son cada vez más grandes. Los que quieren armar bardo lo hacen a cara descubierta, total, saben que no va a pasarles nada.
Volvamos a lo nuestro, al fútbol. Lo que se ve es que ya estamos de vacaciones, con anticipación. Uno fue al entrenamiento del viernes y lo que se divirtieron los muchachos, en un ejercicio de definición más recreativo que riguroso, entre tres grupos de jugadores, resultaba envidiable. Risas, cargadas, manteadas, jolgorio total. No parecía el trabajo de un equipo que venía de quedarse pocos días antes fuera de la Libertadores y que está penúltimo en el campeonato. ¿Será lo mejor, tratar de distenderse dos días antes de jugar un clásico? No parece, de acuerdo con lo observado 48 horas más tarde en el verde césped.
Las declaraciones de Bianchi, después del partido, con perdón por la comparación, me hicieron acordar a Falcioni. ¿Cómo que “hicimos un buen primer tiempo”? La única que tuvimos fue esa de Blandi, de frente al arco, después de un mal rechazo de Cahais. Le pegó mal, abrió el pie, fue como que la pelota lo sorprendió. Algo parecido le había pasado en el primer partido con Newell’s, en esa en que falló el arquero y él no llegó, no la esperaba. No puede menos que evocarse a Palermo. A Martín, en el área, no lo sorprendía nada.
Lo que sí es cierto es que hubo dos partidos, uno hasta el primer gol y otro a partir de entonces, larguísimo, interminable, lacerante. Como en All Boys, como en San Juan, como en San Lorenzo, como en Rosario. En los primeros veinte minutos Racing tampoco había hecho nada. Era el mismo del conversado partido con Quilmes.
El gol en contra tampoco fue una “casualidad”, como lo definió Bianchi. ¿Cómo va a ir Burdisso así, de frente a su propio arco? Es como si se hubiese equivocado de área. Una torpeza clamorosa. En la Copa, en los últimos partidos, habíamos encontrado cierta confiabilidad defensiva pero la perdimos de nuevo porque se ve que los muchachos se desconectaron.
Empieza el segundo tiempo y sas, esa mano del propio Burdisso en el área, tan guaranga que apenas se protestó. Le fallaron los reflejos, sucumbió a sus instintos. Tétrica nochecita, la de Guille. Saja nos rompió el kiosco y adiós cualquier esperanza de levantarlo. Y quedaba un tiempo completo. El único testimonio de presencia de Boca en la cancha fue esa corrida de Martínez que terminó con el tiro en el palo. Para peor, el Burro se quedó en el piso, lamentándose. Si se paraba enseguida, en una de esas llegaba a la segunda jugada, la pelota no le pasó lejos.
Dice Bianchi que le gustó el rendimiento del Burro, que desbordó un montón de veces. En realidad, metió algunos desbordes pero a continuación siempre llegó forzado para sacar el centro. Si no se logra espacio para hacer el centro correctamente afirmado, la utilidad del desborde previo se acota o bien podríamos decir que es un desborde a medias.
Como expresión individual, se rescata el primer segmento de partido de Sánchez Miño, que se hizo eje de la circulación y estaba descargando bien, con criterio y precisión. Duró poco, en cuanto quedamos en desventaja al Gordo también se lo llevó la corriente. Es difícil salvarse solo si no hay respaldo colectivo. A Ustari no se le puede decir nada y los demás poco aportaron.
Somoza y Erviti, centros de gravedad en los últimos buenos rendimientos de la Copa, retrocedieron varios casilleros. Erviti pareció como que no estaba en condiciones óptimas, ni por asomo tuvo la prodigalidad característica en él. Somoza pegó desde que empezó el partido hasta que terminó, no se fue expulsado porque Pezzotta estaba “permisivo”.
No fue el ùnico que pegó, Somoza. Por lo menos Caruzzo y Pablito Ledesma también se descontrolaron. Caruzzo lo pagó con la roja. Es que ellos tienen algunos jovenzuelos (Vietto, Centurión, De Paul, Fariña) que cuando la mano viene bien son gastadorcitos, jodones. Cuando la mano viene mal es otra cosa pero eso es asunto de ellos. Lo que nos importa a nosotros es que, para colmo de males, empezamos a pegar por impotencia y quedamos más expuestos que nunca una catástrofe de dimensiones mayúsculas.
Otro signo de que ya estamos de vacaciones, cuerpo técnico incluido, es el hecho de que los suplentes, salvo Pablito Ledesma cuando se lesionó Pichi Erbes, ni siquiera se pararon para calentar. Resulta que el equipo es un desastre, perdemos, nos toquetean y los suplentes permanecen sentaditos y hacemos un solo cambio, obligado. ¿Es que Bianchi sentía que en el banco no tenía ninguna solución? Gravísimo. ¿O habrá sido que no quería quemar a ningún otro jugador? Gravísimo. ¿O tenía a mano sólo jugadores que ya están más fuera que dentro del club? Gravísimo.
Es lunes y tenemos que estar atentos a que Argentinos no le vaya a ganar esta noche a San Lorenzo porque de ser así, vamos a estar últimos. A lo que hemos llegado. A este semestre le quedan dos partidos pero lo que aterra es que, para Bianchi y el plantel, se diría que esos dos partidos ya no cuentan, Como tampoco contó este que perdimos penosamente con Racing. Ojo, el que crea que cuando termine el último partido con Godoy Cruz se da vuelta la página y arrancamos de cero, se equivoca. Así no son las cosas. Cada partido tiene un valor en sí mismo y si así no lo entendemos, nos seguirá yendo mal, muy mal.
lunes, 10 de junio de 2013
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario