“Al país lo hicieron los conservadores”, “el dulce de leche y el colectivo los inventaron los argentinos”, “los grandes no descienden nunca”. Asertos que repetían los mayores cuando este gil que escribe, allá por la segunda mitad de los cincuenta, despertaba al fútbol y a la vida misma.
Con el tiempo uno llegó a su propias conclusiones en cuanto a que ya había un país antes de los conservadores (en verdad antes también que los españoles), que buses hay en todos lados, que al dulce de leche en México lo llaman “cajeta” y no hay ninguna certificación de que hayan existido antes acá que allá.
En cuanto a la indiscutida afirmación de que los grandes no descienden, por aquel entonces había, en el fútbol argentino, siete que no habían mordido el polvo. Con el transcurrir de los años, place comprobar que hemos visto desfilar los cadáveres de los otros seis.
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En el 60 se fue Newell’s, por promedio. Porque hay muchos desprevenidos que se han creído que los promedios los inventó Grondona justamente para que no descendieran los grandes pero no. Ya por aquel entonces había promedios, impuestos por los chicos, que eran mayoría en el Consejo Directivo de la AFA, como modo de dificultar el arreglo de partidos. El que quiera regalar puntos, debe pensarlo dos veces porque los que no necesita hoy podría llegar a necesitarlos el año que viene o el otro.
Newell’s recién volvió en el 64 y por la ventana. En el 61, en la B, le descontaron puntos por incentivar a Excursionistas en un partido contra Quilmes, recurrió a la “justicia ordinaria” (vaya si es “ordinaria” la justicia en la Argentina), le dieron la razón dos años más tarde y la AFA, para no hacerla más larga, lo restituyó en Primera por decretazo.
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En el 81, los cuervos. Esta sí que fue una sorprendente y deslumbrante alegría. Venían por la pendiente, sí, en el curso de los diez años anteriores habían vendido montones de buenos jugadores pero curiosamente el club no tenía un mango. Por entonces, desde el 79, ya no tenía ni cancha. Perdieron un partido clave con Argentinos, Alles le atajó un penal a Delgado y después los ensartó un bostero de ley, el Loco Salinas.
Salieron campeones de la B al año siguiente y volvieron. Sacaron de sus canchas a varios rivales. Cuando les tocó ir a una cancha difícil, en general, perdieron pero bueno. El año en la B se lo comieron. ¡Lo locos que estaban! Empezaba el partido, el 4 de San Lorenzo la tiraba fuera del estadio, el referí marcaba lateral para los otros y se lo querían comer.
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Dos años más tarde, Racing. Esta no fue sorpresa. Algún día tenía que ser. Se venían cayendo a pedazos, los albicelestes. Los mandó al descenso su homónimo cordobés en Avellaneda y para colmo de las desgracias, pocos días después les tocó ir a cerrar el campeonato a la cancha de Independiente, que salió campeón. Siempre para el cachetazo, Racing.
A estos les fue menos sencillo que a San Lorenzo. Se comieron dos años. En el primero, Español, el infalible Español de López-Cavallero, ganó el campeonato con la fusta bajo el brazo. Después, en la final del Reducido, los acostó Gimnasia, que en el primer partido les metió cuatro en Avellaneda. En el segundo año tampoco fueron campeones, el título se lo llevó Central. Después sí, en el Reducido, pudieron ganarle la final a Atlanta. A este gil le tocó, por razones laborales, seguir gran parte de esas campañas. Era divertidísimo ver que si a los diez minutos iban 0 a 0, entraban en trance. Además, cantaban “aunque ganes o pierdas/no me importa una mierda”. ¡Menos mal!
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En el 86, Huracán. ¿Alguien lo consideró alguna vez grande de verdad, al Globo? Es cierto que en la década del veinte eran los únicos rivales que teníamos en la Asociación Argentina pero… ¿Qué otros vectores de grandeza lo definieron? Convocatoria, seguro que no.
Los quemeros, a tono con la marcada decadencia comercial del barrio, se comieron cuatro años en el Nacional la primera vez y ahora ya andan por su cuarta estadía en el ascenso, en poco más de veinticinco años. Vaya a saber cuándo vuelven. A comienzos de la presente temporada temieron seriamente por un nuevo descenso, a la B Metro. Los salvó el Chocho Llop para que terminaran echándolo los barras, de muy mala manera.
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Sinceramente, todavía no puedo creerlo. Temo algún día despertar de un sueño. Sin embargo, para ser un sueño, está durando demasiado así que debe ser verdad, nomás: ¡En 2011 se fueron al descenso los que te jedi!
También, si bien se mira, se veía venir. En el 2008 habían sido últimos en el Apertura, farol de alerta que tal vez no hayan tomado en cuenta. Todos, hasta bien entrado el Clausura 2011, decíamos: “No, que se van a ir, ahora le ganan a San Lorenzo, ahora le ganan a All Boys, ahora le ganan a Colón, ahora le ganan la Promoción a Belgrano, ahora le ganan el segundo partido a Belgrano y zafan”. No, no, no, no y no. Se fueron.
¡Y lo que les costó el Nacional! La verdad, el ascenso se lo regalaron entre Instituto y Rosario Central, que fueron más gashinas que ellos. Igual, será inolvidable haberlos visto perder con Aldosivi, Atlético Tucumán, Boca Unidos, Atlanta, Patronato… Y bueno, eso les pasa por tener bosteros infiltrados, como Passarella y Almeyda.
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Faltaban los coloraditos. Habían pegado en el palo en el 80, cosa de la que nadie se acuerda. El club con más culo de la historia, contra todos en general y contra nosotros en particular. ¿Quién recuerda cómo entraron a la Copa del 72? Ganaron un título que colgó imposiblemente Vélez, entraron por una definición por penales en que pateó mejor San Lorenzo pero la suerte les sonrió una vez más a estos culorrotos y ahí se les abrió la puerta para las cuatro Libertadores al hilo.
“La suerte alguna vez se acaba”, lo dijo Román hace algún tiempo. Desde aquel campeonato que dejamos escapar nosotros, en 2002, podría decirse que empezó la debacle. Nadie terminó de enderezarlos. Terminaron escupiéndolo al viejo Iso en la avenida Mitre, puteando a Ducatenzeiler, a Comparada, a Cantero… Se gastaron toda la guita en hacer una cancha más chica, para que parezca que la llenan más y el fútbol se les cayó a pedazos.
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¿Quién queda? Ah, sí, Boca. Algunos dicen que Arsenal nunca descendió pero para ser precisos, el clubcito de la familia Grondona bajó de la B a la C en el 84. Si damos por cierto aquel aserto de nuestros mayores, “los grandes no descienden nunca”, habrá que concluir que el único grande es Boca, nomás.
Si unos años atrás alguien le hubiese dicho a este gil que Boca podía irse al descenso, la respuesta, palabra más, palabra menos, hubiese sido: “Andate a la puta que te parió boludo”. Ahora este mismo gil advierte que hay signos que no debiéramos desconocer pero en fin, ahí estamos, hasta hoy, impolutos, sin mácula, como el cielo refulgentes.
Dice ese tal Solessi o algo así, a la sazón vicepresidente de River, que nos vamos a ir al descenso en 2015. ¡Qué cosa, hasta los referentes de los que te jedi, para hacerse notar, suelen ocuparse de nosotros! En el peor de los supuestos, si tuviera razón, si se le hiciera, si nos fuéramos en 2015, los que sobrevivan (este gil no está seguro de contar con ese fortuna en tal hipotético caso) podrán decirle a ese tal Salozzi o algo así: “Vos te fuiste cuatro años antes, estúpido”.
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