jueves, 20 de junio de 2013

EL TRISTE ADIÓS A OTRA COPA

Empieza el partido, cagada de Lequi, el Laucha Acosta solo con el arquero. ¿Y qué podía pasar? Ganó el arquero, of course. ¿Cuál podría ser la utilidad de un delantero que no mete un gol jamás, que no la emboca ni de frente al Arco Iris? Faltan diez días para el 30 de junio. Vete, Laucha. ¿No comprendes que me estás matando?


A continuación, penal de Clemente. Uno de esos penales que hace Clemente. Por mirar la pelota, su radar oxidado no detectó al rival que estaba delante de él, se lo llevó puesto. Vildozo no es el Laucha Acosta y para peor nos tiene medio alquilados. Apenas dos minutos, ya estabámos abajo y con la percepción inequívoca de que ya estaba casi todo perdido. Con lo que nos cuesta hacer un gol, incluso cuando jugamos más o menos bien como contra Arsenal, dándole al rival la ventaja de poder esperarnos… ¿Cómo íbamos a hacer?

“Boca no está jugando para la ilusión”, repitió como cien veces el senil Julio Ricardo, un milagro de los medios de comunicación, el tipo lleva cincuenta y pico de años en el primer plano y nunca se lo escuchó decir algo medianamente inteligente, ni siquiera ocurrente.

Hubo un rato del primer tiempo en que se conectó Román pero se desalentó enseguida. All Boys nos juntaba gente por el medio y Boca no tenía posibilidad de romper por los costados, única fórmula posible. Clemente no pasó nunca, el Gordo Sánchez Miño jugó a media agua. Del otro lado, Marín llegaba hasta tres cuartos y sacaba un centrito de compromiso, en realidad se sacaba la pelota de encima, una papita para los defensores que esperaban de frente. Pablo Ledesma tampoco tuvo profundidad y perdón por regresar sobre Acosta: en el año que lleva con nosotros quedó muy claro lo dificultoso que le resulta ganar en el uno contra uno y en tales términos, se repite, ¿para qué sirve un delantero externo? Conclusión, que Cambiasso se entretuvo bajando centritos fáciles, indoloros.

En definitiva, un Boca previsible, híbrido, descolorido, que juega como quien completa un formulario. Una imagen demasiadas veces repetida a lo largo del año. Quedó en el banco Erviti y se acepta que Bianchi, en estos momentos, quiera ver jugadores. Además, Walter suele andar con alguna molestia muscular y hay que cuidarlo pero es evidente que Walter, hoy, dentro de lo que hay, no puede estar fuera del equipo.

En el segundo y en el tercer gol de All Boys pasó lo mismo: la pelota circuló por el corazón del área nuestra con jugadores nuestros que miraban y jugadores de ellos que iban decididamente a buscarla. ¡Que venga el Cata Díaz o alguien, un central en serio! Una diferencia clave en el juego fue la solidez de la defensa de ellos (el regalito inaugural de Lequi no iba a reiterarse) en contraste con las debilidades a flor de piel en el fondo nuestro.

La jugada del gol nuestro, cuando nos pusimos 1-2, fue la única en que un mediocampista jugó con auténtico sentido ofensivo. Pablito Ledesma lo usó a Román como elemento de distracción, pasó él, fue a buscar y definió con ese zurdazo no perfecto pero positivo, que con la ayudita de un desvío terminó en la red. Ese es el Ledesma que necesitamos pero con una participación de esas cada dos partidos no alcanza. Inapropiado el gestito de Pablo, reclamando silencio. No sé qué le habrán dicho desde la platea pero… ¿qué querés que te digan, Pablo? Mientras ustedes jueguen así, la gente se va a enojar y los va a castigar, bancatelá, son las reglas del juego.

Durante unos poquitos minutos creímos que el empate estaba a tiro pero muy pronto llegó el tercero y a otra cosa. Nos fuimos de la Copa Argentina a tono con lo que ha sido todo el semestre. ¿Es que habrá un Boca nuevo a partir del 2 de julio? Los sueños, sueños son y la esperanza jamás se resigna pero seamos lógicos, realistas: son demasiadas las cosas -no sólo los nombres- que hay que cambiar y el tiempo es poco.

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