lunes, 24 de junio de 2013

VACACIONES PARA MEDITAR

¿Descorchamos un Perignon bien frapé porque no fuimos últimos? ¿O revisamos seriamente qué es lo que nos está pasando? Porque esto no termina aquí. La vida sigue. La mayoría de los muchachos que deberán presentarse el 2 de julio en Casa Amarilla son los mismos que nos han depositado en este agobiante decimonoveno lugar, con toda la tabla encima.


Mendoza fue un capítulo más de la misma novela. Deseando todo el tiempo que se terminara de una vez porque la tenían siempre ellos. ¿Es psicológico? ¿Es físico? ¿Es actitud? ¿Es futbolístico? ¿Es táctico? ¿Por qué los contrarios corren más que nosotros? ¿Por qué llegan antes en cualquier lugar de la cancha? ¿Por qué la perdemos enseguida? ¿Bianchi, su cuerpo técnico y sus jugadores se harán las mismas preguntas que se hace este gil que escribe? Y si se las hacen, ¿serán capaces de encontrar las respuestas que hasta ahora no encontraron?

Orion (menos mal que estabas, Agustín) tuvo más de diez intervenciones de máximo o mediano compromiso. ¿Y el arquero de ellos? El cabezazo que le sacó a Román antes del gol del Narigón Viatri, otra a los pies de Román contra la raya, podrían agregarse un par de tiritos de Viatri desde afuera. Claro que esos no son los principios de los problemas sino las consecuencias. ¿Cómo vamos a llegar más nosotros si el control del juego lo tienen siempre ellos?

Pocos deben haber sido los partidos en que Román, en la hora que estuvo en cancha, haya tenido tan poca participación. Una primera lectura superficial nos dice que el tema es la recuperación. Ahora bien, de entre lo más rescatable puede señalarse el esfuerzo de Ribair, que metió y metió todo el partido y las buenas intenciones de Pablito Ledesma en el ida y vuelta y en su trato personal con la bola. Eso nos lleva a la conclusión de que la cosa no es individual, es colectiva. Fallan jugadores pero primero, falla el conjunto, el equipo. Cada jugador queda expuesto.

Nos lastimaron mucho por los dos costados y no es la primera vez, aunque cambien los nombres. Castillón empezó siendo una tortura para el pibe Zárate, que después se acomodó un poco mejor pero debe tenerse en cuenta que por la izquierda jugó Pichi Erbes, en un lugar que no es el suyo y que detrás de Zárate estaba Chiqui Pérez. ¡Hace cada cosa, el Chiqui! Esa en que le pegó para arriba y la pelota cayó como la manzana de Newton en el punto del penal fue escalofriante.

Del otro lado, de Leíto Marín, excepto su buen aporte en el gol, hay que decir que la pasó muy mal con el que fuera por allí, principalmente Fernández. Se comió caños, siguió de largo, salió mal con la bocha al pie. Aceptable lo de Magallán, correcto y eso tiene más valor si se toma en cuenta que estuvo mal rodeado.

La única que hicimos bien, la única que trabajamos adecuadamente, fue gol. Jugada simple, muy simple. Por eso llama más la atención que no podamos hacerla más seguido. Ledesma que aguanta la pelota, atrae rivales, fabrica espacio y espera que el lateral le pase para ponérsela. Marín que va con la decisión de llegar al fondo y sacar un centro a favor de los que atacan, no de frente o de costado para que la rechacen o la agarre el arquero, como tantas otras veces. Buen centro y Román que anticipó y cabeceó como si fuera Palermo, pocas veces lo hemos visto meter un frentazo de tal magnitud. El arquero sacó como pudo y el Narigón estaba donde tiene que estar un 9, presto a sacarle el jugo a lo que se le presente en el área.

A propósito de Martín, lindo momento el de los abrazos de él y del Pato con Bianchi, con Viatri, con Ledesma y también con Román, que siempre ha sido un caballero más allá de dimes y diretes. ¡Nos dieron tantas cosas, todos ellos!

Más o menos, Viatri, en su reaparición, quizá su despedida. Sabe, sabe que sabe, se tira bien atrás pero es parsimonioso, displicente, frío. En cuanto a Nico Blandi, es verdad que le llega poco y mal pero pareciera como si a él no lo rebelara la idea de estar mirando el partido desde adentro.

A Román le empezó a doler la rodilla de entrada. Se diría que fue riesgoso haberlo dejado por tanto tiempo. Todos estamos esperando que tenga una buena pretemporada, que lo pongan bien físicamente, que tenga un poco más de aire, de resto para que nos pueda dar lo que sólo él puede darnos.

No podemos quejarnos por el empate, en realidad tendríamos que haber perdido pero no es menos cierto que nos empatan con un penal que no fue. Pocas veces podrá quedar tan claro que una mano no es intencional, el Chiqui Pérez tenía desde mucho antes de que lo golpeara la pelota, antes de ese rebote corto en Orion, los dos bracitos recogidos en ese universal gesto que se lee igual aquí que en China y que significa “miren que yo no quiero tocarla, eh”. Pero Loustau nos cobró penal en contra, Crespi. ¡Crespi!

A Leíto Paredes le dieron media horita, se estacionó en la izquierda, hizo alguna demostración se su manejo y panorama pero no se enciende. Lo amonestan por un foul propio del que no está para marcar, llega tarde en un lugar de la cancha y en una situación incómodos para él, contra la raya y en función de recuperación. Después, pierde una pelota porque no va con la suficiente decisión, se da cuenta y pretende remediarlo con una infracción sin sentido. Segunda amarilla y afuera. ¡Lo que te vas a perder, pibe, si no terminás de entender de qué se trata esto!

Chau, apaguemos la luz, todos necesitamos unas vacaciones después de la peor campaña de la historia. Pero ojo, dentro de nueve días, aunque seamos los mismos, vamos a tener que ser distintos. Que vengan los que tengan que venir, que se vayan los que se tengan que ir pero no nos olvidemos de todo esto que hicimos y que no hicimos en este semestre angustiante que por suerte se acaba. Sólo así podremos empezar a remontar la cuesta.







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