En fin, el equipo es básicamente el mismo.
Además de ganar (que siempre vale) lo más prometedor fue lo de Cángele. ¿Cuánto
hacía que no teníamos un delantero externo que encarara y pasara? Franco lo
hizo en la del primer tiempo, previa al segundo gol y en la del segundo, que lo
volví a ver esta mañana (lunes) y para mí, fue penal. No tuvo mucha
participación pero eso sí que puede aceptarse por ser el primer partido y, por
otra parte, fue decisivo.
Jugó, Cangele, porque se le incendió la casa
al Burro Martínez. Carrera rara, la de Franco porque cuando apareció parecía
que estaba para grandes cosas. Se diluyó, pasó por Colón y por Independiente sin
mayor trascendencia y se fue al exterior. Dicen que en Turquía es Gardel, que
sólo un muy serio problema familiar lo obligó a volver al país y comerse seis
meses sin competencia. Lo cierto es que, ya maduro, está de nuevo con nosotros.
Vamos a ver qué pasa. No es uno de esos jugadores que uno trae con los ojos
cerrados en la confianza de que va a marcar diferencia. En la mejor versión
suya que recordamos, su aporte podría ser interesante.
Otro “nuevo” por así decirlo, que tampoco es
“nuevo” enteramente, fue Emanuel Insúa. La verdad es que, cuando llegó a la
primera de Boca, no destacaba pero creció mucho en Godoy Cruz, más de lo que
cabía esperar y por eso Bianchi dijo “tráiganmelo”. En La Plata anduvo bien,
pasó algunas veces con convicción y eso fue lo que más quedó, aunque tuvo
algunos problemas de marca y con la pelota.
Ganamos porque aprovechamos dos chambonadas
de ellos y no mucho más pero tuvimos poco tiempo la pelota, costó conservarla y
mucho más asociarse, crear juego de ataque. Lo mejor de Román fue que se movió
mucho, aguantó bien todo el partido pero pocas veces se hizo conductor, no tuvo
el contacto con la bola que siempre queremos que tenga.
Se reafirmó, por otra parte, que hay
arquero. Orion dio un rebote muy largo en el gol de Auzqui, después del remate
de Luna pero fuera de ésa, estuvo impecable y fueron varias las que le tocaron,
señal de que nos llegaron más de lo que quisiéramos.
Mientras esperamos por, al menos, un central
nuevo, que nos dé tranquilidad, Guille Burdisso se anotó con un gol. Vamos a
ver si le da confianza. Ellos marcaron mal en un corner, algo que no es de
esperar en Estudiantes. Llegó el envío pasado de Cángele y a Sánchez Miño no lo
marcó nadie. Después de que el Gordo la devolvió, rechazo forzado y defectuoso.
Allí estaba Guille para moverse rápido y engancharla con un giro. Fue la primera
llegada y ya estábamos 1-0, así da gusto.
Y la segunda fue el 2-0. Muy buena, ya se
apuntó, la que armó Cángele. Tras el remate y el desvío, el error de Rulli y la
aparición del Gordo para facturar. Dice Rulli que alguien le gritó “solo” y por
eso se confió. Parece que fue el propio Sánchez Miño, tan modosito, él. La
manito no parece que haya sido intencional. Tantas que nos sacó Rulli la vez
anterior que fuimos a La Plata, es bueno que nos haya hecho este regalito.
En definitiva, Cangele y Sánchez Miño
participaron de los dos goles. Dice Bianchi que al Gordo tiene que meterle en
la cabeza que no juegue de doble cinco, que vaya por afuera. Ahí es donde lo
vamos a necesitar, sobre todo para darle aire y salida a Román.
No hay mucho más para destacar. Bianchi remarcó
la importancia de que Pablito Ledesma haya hecho noventa minutos, después de un
primer semestre cargado de lesiones. A Pablo seguimos esperándolo. Ribair,
siempre bien ubicado pero no siempre prolijo para descargar. Leo Marín se
complicó en el segundo tiempo. Caruzzo discreto, poquito de Nico Blandi, que
tuvo una y no acertó. Otro “regresado” tras largo exilio, Méndez, entró un
ratito y casi marca ese que hubiese sido golazo por arriba de Rulli. Veremos si
alguna vez podemos encontrar al Méndez de Rosario Central.
Empezamos ganando. Seguimos a la espera de
algunos nuevos jugadores que nos laven la cara. Porque ojo, se fue Erviti, que
al fin y al cabo fue uno de los mejores en la primera parte del año y se fue
Somoza cuando por fin parecía que empezaba a acomodarse. No olvidemos que estos
que jugaron son, básicamente, los mismos muchachos que nos depositaron en un
decimonoveno puesto.
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