El título precedente no es de la autoría de
este gil que escribe. Lo inauguró el gran Osvaldo Ardizzone allá por 1985,
cuando la Policía de la Provincia de Buenos Aires asesinó, en la cancha de
Independiente, a la vista de 30 mil personas, a un pibe de 14 años. Un tal
Adrián Scasserra de cuyo nombre ya nos cuesta acordarnos. Crimen no resuelto
por la “Justicia” (¡je!). Desde entonces, claro está, nada ha mejorado en cuanto
a la seguridad sino todo lo contrario. No particularmente en el fútbol sino en
todos los ámbitos de la sociedad.
Si nos ceñimos al fútbol, comenzamos por enfocar mal el
problema. Las soluciones, si es que alguna vez llegan, si es que alguna vez
alguien las produce, tendrán que abarcar al conjunto. El fútbol es apenas un
sector que está muy a la vista de todos, muy expuesto. Muertos por hechos de
violencia hay todos los días –todos los días-. Es tan común que, en la
generalidad de los casos, ni siquiera son tema de conversación. Si lo son
excepcionalmente, como por ejemplo cuando mueren con ocasión de un partido de
fútbol o en circunstancias relacionadas de alguna manera, directa o indirecta,
con el fútbol.
Conste que Angelici no es santo de mi
devoción pero tuvo toda la razón –toda- al salirle al cruce a Berni. Este gil
que escribe viene sosteniendo desde hace cuarenta años por lo menos que los
hechos de violencia en el fútbol son, en primer término, un tema de estado. Que
sólo el estado podría avanzar en la búsqueda de algún cambio positivo. A este
gil que escribe le toca laburar en un ámbito, el periodismo, en que la gran
mayoría le apunta primeramente a la dirigencia del fútbol. Muchos por boludos y
muchos más por hijos de puta.
Que todavía hoy se siga con la retahíla de
que “a los barras los crearon los dirigentes del fútbol” es tan cierto como
estúpido resulta repetirlo. Es evidente que desde tiempo ya casi inmemorial los
barras escaparon al control de los clubes. Gámez, el de Vélez, blanqueó una vez,
hace ya unos cuantos años: “sí, yo les doy entradas, yo les doy micros, yo les
doy plata. Es lo mejor que puedo hacer para tenerlos en cauce”.
Por supuesto. Cuando los dirigentes quieren
confrontar abiertamente con ellos, pierden. Pregúntenle a Cantero, el de
Independiente. Si nos remitimos a nuestro Boca, a la hija de Heller una vez
casi le sacan un ojo de un piedrazo. Alegre y Heller, cuando arrancaron,
querían combatirlos pero tuvieron que bajarse los lienzos con El Abuelo. Más
acá en el tiempo, una vez que Macri quiso ponerles un límite, los “bravos” respondieron
parándole un partido con Newell’s, en Rosario, desde fuera del estadio. Episodio
que terminó con un descuento de puntos a Boca del que ya nadie parece
acordarse, allá por 2002. Esto va para los boludos que suponen que la quita de
puntos es la solución y para los hijos de puta que saben que no lo es pero
igual rompen las pelotas con esa pavada.
Berni, con toda su pompa de Secretario de
Seguridad, sale a la palestra después de comerse el garrón, les tira la pelota
a los dirigentes de fútbol y anuncia que va a haber que jugar sin visitantes.
En cualquier momento van a disponer que se jueguen a puertas cerradas todos los
partidos, quitándole al fútbol uno de sus elementos fundamentales y
fundacionales (para eso que no se juegue). Siempre lo mismo y la violencia no
para, crece. Desde el diario más leído del país le avisaron que iba a haber un
problema y al parecer, Berni no se enteró hasta que fue demasiado tarde. ¿No es
causal suficiente para que, si tuviera un poco de vergüenza, renunciara, ese inútil? Se tiraron, según testigos, alrededor de ciento cincuenta tiros y hasta anoche (domingo) su policía tenía un solo detenido, don Berni.
El tipo (Berni) la juega de taquito para otro
lado, cambia de frente. Y Angelici le contestó bien: “El estado (Berni) los
conoce (o debiera). Tiene sus fotos, sus nombres y hasta sus domicilios”. En
este punto, seguramente, algún boludo y/o hijo de punta va a salir a retrucarle
a este gil que escribe que Angelici los apaña, hasta los subvenciona. Este gil
podría comenzar por responder que los políticos de todos los colores se sirven
de ellos más y mejor que nadie pero ni siquiera es ése el punto. La pregunta es: ¿el
estado (Berni) no cuenta con las herramientas suficientes como para meterlo
preso a Angelici o quien correspondiere?
¿Ah, no? Entonces, ¿en manos de quiénes estamos? ¿Para qué sirven estos
tipos? ¿Para dejar fuera de la cancha a los comunes mientras a los otros nadie
es capaz de tocarles el negocio? Así gobierna cualquiera, Berni.
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