lunes, 7 de octubre de 2013

HASTA LA PRÓXIMA VEZ


1)         Conjunto de partículas muy pequeñas que flotan en el aire o caen sobre los objetos formando una capa de suciedad.
2)         Conjunto de partes muy pequeñas que resultan de moler una sustancia sólida o de extraer toda el agua que contiene.
3)         Producto hecho de partículas muy pequeñas que sirve para maquillarse la cara.
4)        (Jerga) Droga en forma de partículas muy pequeñas, especialmente la heroína y la cocaína
5)        (Vulgarismo, argentinismo) Acto sexual.
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    Ganamos. Los clásicos se ganan y nada más, ¿no? Y los “superclásicos”, ¿se “superganan”?
   Que no haya habido hinchas, salvo privilegiados como el que escribe, por otra parte privados de expresarnos, no tiene mayor importancia porque al paso que vamos, esto va a seguir así para siempre cada dos partidos.
   Llegamos con seis jugadores tocados: Méndez (fatiga muscular por la que entrenó con normalidad sólo dos días), el Cata (desgarrado hace tres semanas), Paquito Zárate (fuerte golpe en la cabeza del peroné el viernes por la mañana), Gago (sólo kinesiología el martes y el miércoles por la mañana), Pichi Erbes (desgarrado hace dos semanas) y Román (sólo jueves y viernes se movió normal pero no mucho o mejor dicho, normal para el Román de hoy). Y les ganamos igual. Deben haber previsto una fiesta, les meamos el asado.
   Anoche mismo, alguien me recordó algo que este gil viene repitiendo desde hace mucho: “contra estos quiero jugar todos los domingos”. Empezó el partido y la tenían siempre ellos. En otras circunstancias, ante otro rival, hubiese sido preocupante pero contra estos, no.
   Es cierto que no había contención ni recuperación en el medio. De Pichi hay que valorar el inconmensurable esfuerzo pero estaba el treinta por  ciento, quizá menos. Gago, no mucho más. Tuvo muy poco contacto con la pelota. ¿Y qué es Fernando sin la pelota?
   Tuvieron el cabezazo de Mercado en el primer palo y el tiro del propio Mercado, rebote muy largo y frontal de Agustín, que la arregló yendo a los pies de Lanzini.
   Apareció una vez Gago, afanándole la bola a Rojas y tuvo que salvar dos veces Barovero ante Sánchez Miño primero y ante Gigliotti después (el Puma le dio sin elegir, si se tomaba una fracción de segundo más, tenía todo el arco para él).
   Apareció una vez Román, abriéndole muy bien la bocha al Burro, fondo, centro bajo y anticipo ofensivo feroz, fulmíneo, furibundo del Puma en el primer palo, dejándolos en bolas a Maidana y a Barovero. Gol. Gol de Boca. Gol de goleador. Gol de goleador de clásicos. A lo Martín, a lo Paulo, tal vez a lo Severino (no lo vi, a Severino, a veces odio ser tan joven).
   Seguían teniéndola mucho ellos pero ya se iba perfilando el Cata como dueño del clásico, con el Chiqui como muy buen asistente. Es cierto que nos cabecearon demasiadas veces (cuatro en total) en el área pero Boca, que no podía aguantar en el medio, aguantó firme en el fondo, con el Cata y el Chiqui más Orion cuando hizo falta.
   Los ímpetus se les agotaron en los primeros diez minutos del segundo tiempo. Después, Boca los llevó a donde quería, enfrió, cortó, planchó. Con Pichi ya metida la colita definitivamente entre los dos centrales. Se fue Román (se fue saludando afectuosamente a todos, al principio había saludado también al técnico de ellos, de puro educado que es). Después de un cruce con Ponzio no daba más, Román y ya con Gonzalito Escalante en la cancha les plantamos el 4-4. Entró medio desaforado, Gonzalito y le metieron una amarilla de entrada pero bueno, es un niño y no está mal que se saliera de la vaina.
    Pudo haber sido más fácil si el palo no devolvía el derechazo cruzado del Burro Martínez. No hay caso, no se le abre el arco pero fue fundamental, valiosísimo, el Burro. Empezó más que nada tapándolo a Vangioni pero tuvo dos protagónicos clave en el área, la del gol y la del palo. Ya en el segundo tiempo, más suelto, se corrió todo pero bien, con criterio.
   Pudo haber sido más fácil, también, si el Gordo Sánchez Miño, que en el segundo tiempo tenía una estancia enorme para él solo, le hubiese dado más sentido de profundidad, más determinación a alguna de sus participaciones.
   Igual, ya estábamos bastante tranquilos porque a ellos se les había agotado el repertorio. Agustín fue exigido con la de Lanzini, a poco de empezado el segundo tiempo y con la de Gutiérrez, ya en el tiempo agregado. Nada más. Fuera de esas dos, sólo cortó centros, usó bien los puños, mandó siempre de arriba. Al Cata y al Chiqui se les había sumado Méndez, que empezó con problemas pero tuvo un segundo tiempo impecable y hasta Paquito, que se veía que no pisaba bien pero aguantó los noventa, así, como nos gusta.
   No es que nos haya ayudado la suerte en la de Ponzio y la de Mora que pegaron en los palos. Si pegaron en los palos, es que le erraron al arco, como en la del Burro.
   Terminó el partido y muchos de ellos quisieron hacerse los fieles y consecuentes, trataron de cantar pero enseguida los tapó el “silencio atroz” del que alguna vez habló el gran Ahumada. Metieron violín en bolsa y se fueron, rapidito. Abrazado en el medio de la cancha, Boca cantaba el nuevo clásico: “River, decime que se siente… Haber jugado el Nacional”…
   Nunca la brecha en el historial fue tan amplia. De los últimos diez oficiales sólo nos embocaron en uno, aquel del Apertura 2010 con gol de un ex amigo, Jony Maidana. Lástima que el domingo que viene venga Central, que seguro va a ser mucho más difícil. Entonces será el momento de analizar que no podemos aguantar siempre tan atrás, que necesitamos mejor relación con la pelota.
    ¡Estuve! Como en aquel junio de 2004. Además de los pocos cocacoleros, vendedores de golosinas, periodistas de buen corazón (que los hay) que no se hayan despojado de la camiseta y algún otro infiltrado que pueda haber habido, como Mauro Bianchi, ¡yo también estuve! Entre muchas broncas, decepciones y resentimientos que me ha dejado adheridos mi profesión a lo largo de los años, algo tengo para agradecerle por siempre. A mí, todavía, no han podido echarme de la cancha.

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