Podríamos conjeturar que la prematura salida de Román fue un golpe imposible de asimilar, en lo emocional, para un equipo cuyas reservas en ese sentido, distan mucho de ser suficientes. Claro que, como también dijo Bianchi, no puede dependerse en tal medida de un solo jugador.
Vamos a tener que ir haciéndonos a la idea de que nos queda muy poco Román por ver. Con Godoy Cruz no pateó el penal porque se desgarraba. Con All Boys hizo un piquecito de quince metros para recuperar una pelota y se desgarró. Ahora vamos a esperanzarnos todos de nuevo con la siempre prometida pretemporada pero no nos engañemos, los músculos están gastados y esto no tiene retorno.
Tendría que haber jugado Gago de entrada. Si estaba para treinta minutos, mejor los primeros. Era un partido de “ahora o nunca” y los riesgos había que correrlos sin postergaciones. De última, pudo haber entrado cuando se fue Román. Pero no, entró cuando estaba ya todo el pescado vendido. Igual, para su caso vale el concepto anterior: no se puede depender en tal medida de uno solo.
Paredes era titular hasta el viernes a la mañana. Bianchi lo puso en la práctica hasta que se cansó (Bianchi) y lo hizo cambiar de equipo con el pibe Celeste. Una advertencia. Es un chico, Leandro pero ya pasó el tiempo, pasaron los partidos y no se define o peor aún, va definiéndose como un indolente, apático, frío. Ya, hay que plantearle el eslogan de Fox para las presentaciones de la Copa Sudamericana: “Gana o vete”.
No contamos, ante All Boys, con un solo jugador que agarrara la bandera. No es de extrañar porque, en general, así han transcurrido las cosas de mucho tiempo a esta aparte. En el primer tiempo hasta pudimos habernos ido ganando porque All Boys es nada, está tratando de escapar del descenso, estrenaba técnico porque su campaña es altamente insatisfactoria. Pero salvo esos últimos diez minutos antes del descanso, en que llegamos algunas veces, Boca nunca fue capaz de imponer condiciones.
Empezó el segundo tiempo, nos metieron un gol inadmisible (¿cómo un tipo va a cabecear con tanta comodidad a las puertas del arco en un corner?) y se acabó. El segundo, poco después, fue un moño. Ofrecimos un contraataque inmejorable, Espinoza hizo todo lo posible para desperdiciarlo (tardó en largarla, eligió mal, lo hizo poner en off side, no advertido, a Núñez). Pero fue gol igual porque Núñez, al fin, la recibió en el área sin marca, Orion se lo comió, penal, Matos y adentro. Después, no nos comimos una goleada por lo antedicho, porque ellos son malos.
Lo evidente es que, con el 0-2, los jugadores de Boca, con casi cuarenta minutos por jugar, lo que querían era que terminara el partido, irse, acabar de una vez con la tortura que se les imponía. Impropio de un equipo de Boca, de un jugador de Boca, por no hablar de simple condición profesional. Sí, “no estuvimos a la altura”.
Estamos a las puertas de 2014, sin copa, con la evidencia de que debiéramos arrancar de cero pero no vamos a poder. Se pueden traer nada más que dos jugadores nuevos y la realidad económica no da como para pensar en dos a los que se les tire la camiseta y por sola presencia cambien el curso de la historia. Vamos a traer, en el mejor de los casos, a dos figuritas con las que veremos qué pasa. Este gil se levantó temprano y fue a ver a la Reserva, que jugaba a las 9 en Casa Amarilla. Perdió también 2 a 0 y de ahí, seguro, no sacamos a nadie.
Bianchi agradeció la generosidad de la gente. Este gil se fue de la cancha sin en entender bien qué había pasado con el público o quizá no queriendo entenderlo. ¿Estos son los hinchas de Boca Siglo XXI? Perdemos como unos perros y no nos indignamos, sino que terminamos revoleando remeras y cantando, celebrando que River se fue al descenso hace dos años y medio. Nos bajamos penosamente de un campeonato que nos dio todas las oportunidades y La Bombonera parecía Festilindo.
Que las nuevas generaciones no se equivoquen, que no se dejen engañar. Por supuesto que “ganamos, perdemos, a Boca lo queremos” y el próximo partido vamos a estar todos de nuevo, cada uno en su lugar, como siempre. Pero esta no es, de ninguna manera, la predisposición que le dio identidad al mundialmente famoso “Jugador N° 12”, la que viene desde el fondo de la historia, la que se hizo leyenda. En otros tiempos, una decepción, una defraudación como esta se pagaba con abucheos, puteadas, por qué no alguna piedrita o monedita, silbatina estruendosa, inequívoca, inolvidable. Si nos vamos cantando y revoleando remeras, puede que contribuyamos a que en los jugadores se afirme esa sensación que vienen transmitiéndonos desde hace tiempo, la de que ganar o perder da lo mismo. ¿Eso es Boca?
Respecto al último párrafo, entiendo perfectamente lo que decís, pero en tiempos como éstos, donde la gente ha olvidado la forma de expresar civilizadamente su descontento, lo de ayer es me parece algo sano.
ResponderEliminar