El 0 a 0 entre Quilmes y Boca fue un horror.
No hay adjetivo que baste para describirlo. Ellos se supone que quieren
salvarse del descenso y lo primero que a uno se le ocurre es que, jugando así,
se van de cabeza pero quién sabe, hasta hay otros capaces de jugar igual o peor.
Nosotros se supone que queremos salir campeones pero bueno, para llegar a tal
puerto va a ser necesario que no perdamos la pelota cada vez que se intenta un
pase con algún sentido de profundidad.
Porque lo que se vio, sobre todo en los primeros
quince minutos y después, en los últimos quince, fue que los jugadores de Boca
se esforzaban por darle la pelota al compañero. No estará mal para empezar.
Paciencia, pases laterales, toques para atrás y vuelta a empezar. Pero la
constante, en los noventa minutos, fue que cuando se quería acelerar, cuando se
quería cambiar el ritmo, cuando se quería ser vertical, la perdíamos,
inexorablemente, irremediablemente.
En el medio, entre esos primeros quince
minutos y esos últimos quince, hubo una larga hora de juego en que Quilmes nos
dividió la bocha, nos enredó, lo rodeó a Gago para que no pudiera ser primer
pase limpio, lo alejó al chiquilín Acosta del área y lo encajonó al Puma
Gigliotti entre los centrales.
Lo de Román, en fin, digamos que no fue malo,
fue aceptable. Él fue, claramente, el jugador de Boca con mayor porcentaje de
entregas acertadas. Lo que pasa es que juega muy lejos del área y las
asociaciones, que las buscó siempre, rara vez prosperaron. Sólo hubo un par en
que Insúa lo entendió y le pasó por afuera, para llegar hasta el área. Cuando
Román se volcó para el otro lado, Grana no le pasó nunca. Grana, a modo de
anécdota, lo reventó de un pelotazo a Gago, que estaba a dos metros de él, que
uno no sabía si reírse o llorar. Fue una muestra del partido y de este Boca.
La cantidad de bolas que Gago les dio a los
contrarios no se entiende. No estuvo desaparecido, como contra Vélez pero si
él, con la buena técnica que se le reconoce, entrega tantas pelotas a los
rivales, qué queda para los demás. En cuanto a Sánchez Miño, que durante gran
parte del juego apareció extrañamente por la derecha, sobre todo en el primer
tiempo, perdió casi todas las que tocó. Eligió siempre mal, nunca clarificó
sino todo lo contrario.
Como jugada de ataque que pueda conceptuarse
bien elaborada, estuvo, única, ésa de los 5 minutos, buen pase recto de Acosta
para la diagonal del Puma que por esta vez se movió bien, fabricándose el
espacio pero después la terminó con un tirito de zurda que ni le hizo
cosquillas al arquero.
Acción que en serio haya exigido a Dulcich
(que hizo las inferiores con nosotros), una sola y nada menos que a los 42 del
segundo tiempo: el tiro de Román desde fuera del área que levantó con esfuerzo
al corner. Tiene que agarrar confianza Román para pegarle más seguido y más
fuerte, sin ese temor al desgarro que lo tiene él y lo tenemos todos. Cada vez
que patea, nos quedamos mirando, ansiosos, a ver si sale caminando normal o no.
No manejó bien las pelotas paradas, Román,
salvo una del final del primer tiempo, que se la puso en la cabeza a Bravo (el
Puma le llevó las marcas) pero el cabezazo del Yagui fue imperfecto. Hubo
algunas, en colaboración con Sánchez Miño, en que no se entendió cuál era la
idea.
Se consumía el partido y Bianchi no hacía
ningún cambio. El de Colazo por Sánchez Miño estaba cantado, a más tardar,
desde los 15 del segundo tiempo. Lo hizo a los 29. Nico entró con muchas ganas
y metió movilidad, dejó claro que tenía que estar desde antes. Por lo demás, es
verdad que uno mira al banco y no ve quién pueda salvarnos. No faltó, después
del partido, el que le preguntara a Bianchi por el Burro Martínez (Bianchi la
tiró afuera) pero tengamos claro que del Burro, por lo que ha mostrado en los
quince meses que lleva con nosotros, no cabe esperar mucho.
En fin, el hecho de jugar a puertas semi cerradas
(había como mil hinchas de Quilmes) contribuyó a agudizar la depresión. Daban
ganas de irse antes. Imposible que apareciera un gol por más que siguieran
jugando hasta el amanecer. Podríamos apuntar que la defensa aguantó bien, que
por segundo partido consecutivo a Orion prácticamente no le patearon pero sería
todo mentira porque Quilmes tampoco tiene noción precisa de cómo se ataca. La
única verdad es que con este Boca de anoche no puede pretenderse nada.
Viene River, que siempre es una historia
aparte. Nos enchufamos todos, es de esperar que también los jugadores. Si
ganamos, seguiremos a tiro en este penoso campeonato que puede llevarse
cualquiera. Que va a llevarse cualquiera. Claro que, para llevárselo, hay que
estar enchufado en todos los partidos. Si se permite que se escapen puntos en
partidos tan fáciles y con rivales tan rematadamente malos, casos Argentinos Juniors
y Quilmes, por ejemplo, no hay nada que hacer. ¿Es que no somos mejores que
Argentinos Juniors ni que Quilmes?
EL BOLETÍN: ORION 5, GRANA 3,
CHIQUI 5, FORLÍN 6, INSÚA 6, GAGO 3, BRAVO 4, SÁNCHEZ MIÑO 2, ROMÁN 6, ACOSTA
4, GIGLIOTTI 3 (FI), COLAZO 5, RIAÑO NC.
Che, no es mi favorito ni mucho menos, pero Bravo jugó bastante bien, entendiendo "bien" dentro del contexto de los que somos.
ResponderEliminarPero lo echan por pavo, venía de una amonestación y se regala para que le metan otra.
ResponderEliminarPecados de juventud...
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