lunes, 17 de marzo de 2014

NOS EMPATAMOS SOLOS

   Argentinos, jugando como jugó frente a Boca, se va al descenso como por la caída de una montaña rusa. Fue un equipo sin ideas definidas sobre lo que debía hacer, sin convicciones, entregado a su suerte, sin rigor para defender ni fórmulas para atacar, sin fundamentos colectivos ni relieves individuales.
   Su jugador más rescatable, el arquero Nereo Fernández, nos obsequió un gol para ponernos 1-0 antes de que terminara el primer tiempo. Esa pelota que cruzó desde la izquierda Paquito Zárate, el bueno de Nereo la dejó pasar creyendo que se iba afuera. De la nada le surgió el petisito Acosta, que no la dio por perdida y se la sirvió al Puma Gigliotti para que en la boca del arco y sin oposición alguna nos diera la ventaja tranquilizadora. Pero ni así pudimos.
   Este partido se asocia con aquel que perdiéramos, también en La Bombonera, frente a Unión, en el torneo Final del año pasado. Los santafesinos llevaban como mil fechas sin ganar, se hundían inexorablemente en la B (donde hoy se encuentran) y Boca les regaló un tubito de oxígeno, de puro generoso. Resucitamos a un muerto, otra vez.
   Por supuesto que debiéramos haber ganado, como dice Bianchi. El punto es que no ganamos. La frustración de Bianchi es la de todos nosotros pero no nos confundamos: si creemos que Boca jugó bien, como sostiene Bianchi, estaremos definitivamente perdidos.
    Una cosa es que, a lo largo de los noventa minutos, hayamos dispuesto de siete acciones que puedan ser calificadas como oportunidades de gol. No son muchas si se contempla la debilidad del rival. Ante el Argentinos de ayer, un equipo con pretensiones debe forzar no menos de quince situaciones de gol para, sin ser particularmente efectivo, metre tres o cuatro y terminar con la historia. Pero jugar bien es otra cosa.      
   Sin oposición (rep: sin oposición), Boca fue un equipo laxo, relajado, falto de intensidad que en la primera media hora de juego (un tercio de partido) apenas se había procurado una jugada de riesgo para el arco rival y fue por una falla de ellos: el Pichi Erbes le ganó a Barissone una pelota que era de Barissone y así fue que pudo tocarla para la llegada de Román, quien de frente al arco la mandó por arriba.
   Después de la primera media hora, sí, tuvimos el cabezazo de Gigliotti que con mucha suerte salvó Nereo (muy buen centro de Sánchez Miño pero al Puma lo dejaron solo en el área chica) y un remate de Marín, no muy fuerte, después de una linda pared con Acosta, que atajó el arquero.
   Llegó el gol y teníamos más de la mitad del partido ganado. Pero en el segundo tiempo no salimos a liquidar, sino que salimos a hacer la plancha. Y debemos saber que no estamos para hacer la plancha, ni siquiera contra este Argentinos Juniors. Les dejamos la pelota, que como estrategia no está mal ante un rival tan anémico pero dice Bianchi que contamos con varias salidas en contra como para definir y esto no fue así. De hecho, la primera media hora del segundo tiempo transcurrió sin ninguna jugada digna de mención.
   Dice Bianchi que Acosta salió, a los 18 minutos del segundo tiempo, porque venía con un golpe. Seamos buenos, creámosle. De lo contrario, sería imposible de entender el reemplazo de un jugador que, aunque había perdido protagonismo durante el segundo tiempo a tono con la baja de tensión del equipo, había sido el más agresivo y directo a lo largo del primer tiempo. Supongamos que ese misterioso y persistente golpe de Acosta es la misma causa por la que había quedado en el banco ante Racing, para entrar recién en los últimos veinte, cuando el partido más se había complicado y alcanzar en esos pocos minutos que le dieron participación definitoria. Supongamos que las entradas y salidas de Acosta no obedecen al mero hecho de que es nada más que un pibe y los pibes, según los códigos del fútbol, no deben tener voz ni derecho al pataleo, porque los grandes son sabios y deben decidir por ellos.        
   Sin perjuicio de la explicación dada por Bianchi, es también legítimo sospechar que el entrenador pensó lo más fácil: “con Rivero les meto dos líneas de cuatro, que Román me aguante la pelota arriba, sostengo el 1-0 y a cantarle a Gardel”. No está mal. Con Estudiantes, cuando entró Román, la idea había sido la misma y salió. Claro que no siempre ocurre.
   La idea, de todos modos, carga una falla en su origen: este Román de hoy no está para que le tiremos la pelota a él y descansemos todos, como otrora. Permaneció los noventa minutos en la cancha, dato positivo y jugó sensiblemente mejor que con Racing. Algunas descargas suyas del primer tiempo tuvieron su sello inconfundible, verticales y sorprendentes. Apostemos a que siga ganando ritmo, roguemos para que no le duela nada o le duela lo menos posible pero asumamos definitivamente que no volverá a ser el de 1998 ni el de 2000 ni el de 2007.
   Para que Boca saliera de la siesta, fue necesario que les regaláramos una posibilidad de gol a un equipo que nunca se nos había acercado al arco. Iban ya 28 minutos del segundo tiempo cuando nos apareció por derecha Lenis (como acababa de entrar se ve que no lo habíamos registrado), nos movió la pelotita en zona de riesgo y menos mal que Sand, yendo hacia atrás, jugó de zaguero, lo anticipó a su compañero Pisculichi, que venía de frente para rompernos el arco.           
   Esa jugada obró como despertador y después sí, tuvimos la corrida de Zárate y más tarde la de Sánchez Miño, las dos salvadas por Nereo. ¿Hubo mala suerte en el gol de ellos? Quizá. Ramírez la metió de izquierda al medio sólo por sacársela de encima y de nuevo apareció el inefable Sanz, que procuró controlarla y no pudo pero ese imperfecto toquecito suyo sirvió para desacomodar a tres defensores nuestros que siguieron de largo. Así fue que le dejamos la pelota servida en el borde del área, justita para su zurda, al único jugador de ellos que desde ahí podía ser capaz de clavarnos en un ángulo ese sablazo inapelable, Pisculichi.
   Cinco breves apuntes finales: 1) Una lástima perderlo ahora a Leíto Marín, venía siendo importante, afirmándose; 2) Erbes y el Cata, dos que anduvieron bien, se hicieron amonestar (Bianchi dice que el Pichi no) para asegurar sus presencias con River pero no estamos para saltear partidos, no estaría mal que pensemos cómo carajo vamos a hacer para ganarle a Quilmes; 3) Mejor que otra veces el Yagui Bravo, con más presencia y más corte; 4) Preparémonos para absorber, en el curso de la semana, las operaciones de prensa respecto del no ingreso de Martínez, uno de los jugadores más intrascendentes de los últimos quince meses. 5) No vaya a ser que, ahora que va a volver Gago, se prolongue el misterioso dolor de Acosta y lo confinen de nuevo al banco.
   Quedamos a cuatro cuando bien pudimos haber quedado a dos. Dejamos escurrir dos puntos en un partido ganable. Ganable no sólo en la teoría, porque Argentinos es uno de los peores equipos de este oscuro fútbol nuestro actual, sino también ganable en la práctica, porque Argentinos siguió jugando tan mal como lo hace normalmente, tal vez hasta peor. Dos veces ganable, entonces. Claro que Bianchi nunca admitirá que dejamos escapar un partido “ganable”, en esos términos, porque esa palabra jamás formó parte de su vocabulario. En cincuenta años de fútbol, a lo largo de los cuales hasta resistió pronunciar la palabra “campeón” llevando diez puntos de ventaja a falta de cuatro fechas, a él siempre lo ha caracterizado un profundo respeto hacia todos los jugadores, hacia todos sus colegas, hacia todos los rivales, incluso los peores, los más malos. En ese sentido, a Bianchi todos lo conocemos de sobra. O casi todos, siempre queda algún gil.

   EL BOLETÍN: ORION 5, MARÍN 6, CATA 7, FORLÍN 6, ZÁRATE 5, ERBES 6, BRAVO 5, SÁNCHEZ MIÑO 6, ROMÁN 5, ACOSTA 7, GIGLIOTTI 6 (FI), GRANA 4, RIVERO 4, RIAÑO NC.            

      

1 comentario:

  1. Hoy me desperté a las 5:30 y no me pude volver a dormir. Cada vez que cerraba los ojos veía esa pelota rebotar contra el fondo de la red.

    ResponderEliminar