viernes, 24 de octubre de 2014

PASAMOS

Y correspondía que pasasemos. Acá, el arquero de ellos sacó seis, nos llegaron dos veces y nos metieron una. Anoche, las más claras, no muchas, es verdad, fueron nuestras y ellos volvieron a llegar muy poco. Casi nada, por más que el inefable, inextinguible y perenne Niembro haya querido hacer creer lo contrario.
Sí es cierto que nos encarajinaron, nos metieron en un partido que no era el que pretendíamos. Boca fue un equipo largo, con amplios espacios entre líneas, atacantes muy separados de los mediocampistas porque Gago, para escaparle a la marca, se fue muy atrás. Capiatá lo puso a Escobar arriba para jugar de espaldas y costó tomarlo. Además, Velázquez, por la derecha, lo retuvo a Nico Colazo, que volvió a tener problemas de marca.
Algún inconveniente por los cosados tuvimos pero Orion no tuvo trabajo en el primer tiempo. El Vasco tomó la cuestionable decisión de hacer volver al Chiqui Pérez después de mucho tiempo y el Chiqui cumplió, aunque Escobar es mañero y difícil. Más problemas tuvo Magallán pero igual, atrás se aguantaba bien.
Juego, no habìa, porque con Gago tan lejos, no aparecían las sociedades. Tuvimos, en toda la etapa, el tiro de Meli en el palo y sobre el final, después de la primera acción colectiva bien armada, el cabezazo de Pachi Carrizo, con pique y elevación por sobre el travesaño.
Pachi entendió muy bien que había que ganar en el uno contra uno y no dudó nunca cuando tuvo que encarar. Pero para que se pueda ganar en el mano a mano se necesitan compañeros cercanos que hagan el trabajo de distracción y dispersen a los contrarios. Si no, el que encara puede pasar a uno pero lo espera otro y otro más.
Quedaba nada más que medio partido, había que ir y se fue. No de la mejor manera pero se fue. Se adelantó Gago, se soltó definitivamente el Chapa Fuenzalida, subió más Colazo, tuvo más participación el Negro Chávez. Lástima que el Negro andaba torcido para el arco, cero de cuatro en las que tuvo, no acertó a dirigirla hacia el espacio entre los palos nunca.
Cuando lo echaron a Velázquez, Capiatá se metió definitivamente tutti atriqui menos Escobar. Los cambios nuestros mucho no agregaron. El Burrito produjo poco desequilibrio, el petiso Acosta entró empecinado en pasar por donde no se podía y al Puma Gigliotti sus compañeros no lo encontraron.
El gol llegó justo a tiempo para que la impotencia no nos cegara y nos cerrara definitivamente todas las puertas, antes de la media hora. Fue buena, centro de Colazo, la bajó el Negro Chávez y apareció Calleri para meterla. Lejos estuvo de ser una gran producción la de Jony pero busca siempre, se mueve, no se enrega. Y así fue que se le dio, una vez. Lo imprescindible.
En el último segmento nos ilusionamos, por cómo estaban planteadas las cosas, con evitar los penales pero hay que ver que el desgaste ya era mucho, con la obligación de levantar un partido en una cancha dura y despareja, contra un rival mediocre pero mañoso.
Los penales sí que son siempre emocionantes pero uno se puede llegar a morir. Cuando erró el Chiqui, presunto especialista que se pasó de canchero, en el segundo turno, estábamos heridos de muerte. Ni que hablar de cuando Nico Colazo falló en el cuarto, muy mal pateado, después de haberlos emparejado. Hasta el sexto, hubo que ir y allí Orion dijo presente, de ida y de vuelta, de un lado y del otro del mostrador. Ahí suspiramos.
¿Era necesario sufrir tanto contra estos muchachos que ni se sabía cómo se llamaban? Y, el problema fue perder en La Bombonera. Son partidos que no se pueden dejar pasar. No ligamos, no, pero tampoco jugamos. En Paraguay, ya condicionados, porque así son estas series de 180 minutos que tanto nos atrapan, el juego apareció poco pero se pasó. Cerro Porteño es, en los papeles, mucho mas que Capiatá. ¡No regalemos más nada, muchachos!



EL BOLETÍN: ORION 8, FUENZALIDA 6, PEREZ 5, MAGALLÁN 4, COLAZO 4, GAGO 6, FORLÍN 4, MELI 5, CARRIZO 5, CALLERI 7, CHÁVEZ 5 (FI), MARTÍNEZ 5, ACOSTA 3, GIGLIOTTI 4.

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