“En
este mundo traidor/ nada es verdad ni es mentira/ todo es según el
color/ del cristal con que se mira”, dijo el amigo Campoamor.
Cierto. Veamos...
Cristal
transparente: Boca ganó, jugó bien, detentó el control del juego
casi desde el principio hasta el fin, dispuso de un jugador, Lodeiro,
que le dio sentido a la circulación de pelota en ataque y que encima
corrió como el que más, disfrutó del debut de un delantero,
Osvaldo, que marketing al margen pareció capaz de marcar un “salto
de calidad” en serio (araca, corazón, callate un poco, no nos
volvamos locos antes de tiempo).
Cristal
opaco: Boca ganó apenas por un gol, terminó sin haber asegurado el
partido ante un rival, Montevideo Wanderers, modestísimo, pasivo en
defensa, sin individualidades que se rescaten salvo el correcto
arquero Burián y hasta sin la suficiente rebeldía que se supone
propia de la “uruguayez”.
Salimos
muy acelerados, al compás de la gente que colmó La Bombonera no
para ver “el debut de Osvaldo”, como conjeturó temerariamente
TN. No, nenes. La Bombonera se llenaba igual, con Osvaldo o sin
Osvaldo porque Angelici and Company decidieron liberar la venta de
localidades para no socios, algo que ocurrió muy pocas veces en los
últimos veinte años. Por eso la conmovedora cola que comenzó de
madrugada y en la mañana del viernes, antes de que se abrieran las
boleterías, arrancaba en Villafañe, daba vuelta por Espinoza,
seguía por Espora y llegaba casi hasta Almirante Brown. Por eso, esa
intensidad única, inimitable para el aliento que fue marca
registrada de Boca desde el fondo de la historia pero que en los
tiempos modernos no es dable ver tan seguido, entre tanto turista y
tanto alto empresario caracterizado especialmente invitados a una
fiesta que les es ajena.
Cuando,
transcurridos unos cuantos minutos, el equipo empezó a jugar al
ritmo aconsejado, cuando logró aislarse del frenesí del entorno,
empezaron a aparecer las diferencias claras. Lodeiro bastonero. No
como enganche, que no lo es pero sí como eje, con amplio recorrido a
lo ancho y también a lo largo. Gago en un poco habitual segundo
plano pero bien, con su natural disposición para jugar la pelota
limpia.
El
Vasco eligió un equipo recontra ofensivo en los nombres y también
en el parado de cancha. Está bien, contra Wanderers de local no hay
por qué ser tímido. Debe saber, el Vasco, que si vamos contra un
rival más fuerte no va a ser fácil jugar con el Pichi Erbes solo
para aguantar el medio, por más que el Negro Chávez se mate para
cumplir con el ida y vuelta y por más que Gago y Lodeiro no
mezquinen esfuerzo ni kilómetros.
Acá
se plantea una disyuntiva porque este gil que escribe siempre ha
creído que la mejor fórmula es tener un equipo afiatado, los “once
de memoria” de que hablaba Basile, que los jugadores en primer
término sepan quién es titular y quién suplente. Que con esos once
y no otros vayamos a dónde fuere. Claro que jugar copa y campeonato
fuerza las rotaciones pero siempre es mejor que sea sobre una base.
Se acepta alguna excepción, como la de anoche pero cuidado.
Tenemos
una ventaja: el plantel es amplio, como desde hace mucho no ocurría
y en la mayoría de los casos no hay diferencias de nivel demasiado
marcadas entre el que entra y el que queda fuera (ventajas de año
electoral). Sin embargo, no vaya a ser que el entrenador se crea que
pone a cualquiera y es lo mismo. Le pasó al Toto Lorenzo y perdió
el Metro del 78. Le pasó a Bianchi y perdió el Clausura del 2004.
No
te desvíes más, boludo, volvé al partido. El gil que escribe
apuntó ocho llegadas de Boca en el primer tiempo contra una de
Wanderers. De las ocho, cinco fueron cabezazos limpios en área
rival, por cuatro autores distintos, dos de ellos goles. Aquì se
afirma ese concepto de la “pasividad” de Wanderers. Lodeiro
afuera, Torsiglieri afuera, Osvaldo afuera. Por abajo, esa plástica
volea de Osvaldo después de un centro del Negro Chávez (que en
general no engranó), lástima que salió a las manos del arquero.
El
primer gol, perfecto tiro libre pasado por Lodeiro desde la derecha
(por fin desde la salida de Román hemos vuelto a tener un pateador
de primera línea) e impecable cabezazo del pibe Komar para
presentarse en sociedad. Bien por Juancito. Entró de apuro a los 16
minutos por la lesión de Guille Burdisso, se paró de 2 y tuvo un
partido más que correcto. Le va a hacer bien. En su debut había
quedado medio chamuscado por aquel nefasto partido contra San Lorenzo
y en el verano el Vasco no tuvo mejor idea que ponerlo de 3 contra
Vélez. Entre tanto revoleo de centrales, que se fue el Chiqui, que
se fue Forlín, que se fue Echeverría, que Bravo fue un experimento
fallido, que el Cata está suspendido, que Rolín está rotín, que
se lesionó Burdisso y ahí, Juancito que dijo presente y nos sacó
del apuro y encima metió un gol. Linda historia.
Muchachos,
por lo que más quieran, no se queden festejando un gol después de
que el rival saca del medio. Cuarenta segundos y Wanderers se nos
puso 1-1. Los miramos. Zona de Marín y de Komar pero miramos todos.
Riolfo-Gastón Rodríguez-Riolfo desde el medio hasta el área, débil
respuesta a Orion, que descubrió su primer palo y vuelta a empezar.
Nos
dolió, sí que nos dolió. Movimiento sísmico, por primera y única
vez hubo un breve lapso en que la pelota pasaron a tenerla ellos.
Irnos al descanso con este partido empatado era algo que a un equipo
firme y consolidado no puede pasarle. Menos mal que llegó el
segundo.
Otra
jugada con participación de Lodeiro, que fabricó el espacio y la
abrió para Nico Colazo. El tiempo que tuvo Nico para pararla,
levantar la cabeza, elegir y mandar el centro (hasta podría haberse
secado la transpiración de la frente con un brazo) es poco usual en
el fútbol de hoy. El cabezazo de Osvaldo, hacia abajo y hacia un
palo, inmaculado. Para justificar todo el circo que se armó en su
derredor, responder a las expectativas y seguramente, sacarse un peso
de encima. Que las cámaras se vayan con su espléndida mujer no debe
ser asunto nuestro, lo que cuenta es que la adquisición más costosa
del año dio muestras de que puede aportarnos soluciones allí en el
“verde césped”, donde mueren las palabras y todo lo que no sea
fútbol.
Segundo
tiempo light, ojo. Jugamos solos. Wanderers apenas si amagó con
revolver un poquito el avispero cuando metió los dos primeros
cambios juntos pero fue todo de Boca. Por apurarnos, por demorarnos,
en algún caso por displiscencia pero sobre todo por relajamiento, no
metimos los goles que tendríamos que haber metido. Entró Pablo
Pérez por Chávez como para bajar la cortina pero Pablo otra vez
entró pasado de rosca, lo amonestaron de entrada y por poco no lo
echan. Después, metió un buen remate desde afuera, que se le fue
cerca y una buena asistencia para Palacios, que salvó el arquero
yendo a los pies del tucu.
Siete
partidos al hilo, buena serie. Viento en popa en campeonato y copa
(salió un lindo versito). Estamos bien, no nos distraigamos. Hicimos
el mejor de los cinco partidos oficiales (contando el desempate con
Vélez) en lo que va del año. Tan cierto como que tendríamos que
haber goleado pero no goleamos.
EL
BOLETÍN: ORION 4, MARÍN 5, BURDISSO NC, TORSIGLIERI 5, COLAZO 6,
GAGO 6, PICHI 6, LODEIRO 8, PALACIOS 6, OSVALDO 7, CHÁVEZ 5 (FI),
KOMAR 6, PÉREZ 4, CARRIZO NC.
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