domingo, 1 de febrero de 2015

DE VEZ EN CUANDO LA VIDA TE DA UN BESO EN LA BOCA

El que suscribe se toma el fútbol en serio. Siempre le ha gustado analizar el juego, descifrar sus claves, tamizar sus circunstancias, comprenderlo. Claro está, no obstante, que partidos como el de anoche, en Mendoza, no entran primero por la cabeza sino por el corazón, la piel y los sentidos. Se los disfruta, se los goza, se los vive, aún después de finalizados, antes de cualquier evaluación meditada.
Un 5-0 a los que te jedi es tan especial que no hay ningún otro en todo el historial desde 1908 a la fecha. Si hay un 6-0, 23 de diciembre de 1928 en La Bombonera de madera, dos de Mingo Tarasconi, dos de la Hormiga Kuko y dos del Toto Cherro. Fue irregular porque a los 25 minutos, cuando íbamos 1-0, dos de ellos, Giglio y Uriarte, en su desesperación por rechazar un corner se rompieron las cabezas entre sí, no pudieron seguir, no había cambios y quedaron nueve.
Esta vez no pueden decir mucho ya que cuando les empezaron a echar tipos, porque se pusieron loquitos, ya estábamos 3-0, partido definido y sólo se trataba de ver cuántos les metíamos.
La verdad es que, transcurridos más de diez minutos, nada hacía prever lo que sucedería. No hubo presión alta como en Mar del Plata, pelota dividida, prevenciones por los dos lados, un tiro de ellos desde afuera que Sara mandó al corner.
El primer gol los descuajeringó para siempre, porque quedó a la vista lo abiertos que quedaban el el fondo, consecuencia directa de la flojedad del medio ya que Kranevitter quedaba huérfano de apoyo y no sabía dónde pararse. Supremacía táctica, que le dicen.
Pocas cosas debe haber tan placenteras como reencontrarse con viejos amigos al cabo de mucho tiempo. Gratos momentos en que el corazón late más fuerte y se agolpan los lindos recuerdos. Así pasó esta vez. Después de seis años y medio, Jony Maidana volvió a jugar para nosotros. Salió corriendo de atrás en la foto de los tres primeros goles. Gallardo no le tuvo piedad y lo acostó en el entretiempo. Intuición de este gil que escribe, con sus 57 años de fútbol a cuestas: al bueno de Jony se le va a hacer muy difícil volver de esto, no se lo van a perdonar.
Tres veces llegamos en el primer tiempo y 3-0. Efectividad ciento por ciento. Los tres iguales, con un jugador de Boca llegando limpio para fusilar a Barovero y la defensa de ellos, bien, gracias.
Lo del pibe Cristaldo parece que es cosa seria porque les lleva metidos cinco en Inferiores, los abrochó en Mar del Plata y ahora, de nuevo. Y no es un volante que llegue tanto pero la definición fue inmaculada. No tuvo problemas de perfil, no titubeó en entrarle de zurda y le salió un cañonazo inapelable. La habían perdido ellos solitos, sin presión ni nada.
El segundo nace de un corner para ellos. Contraataque perfecto, de manual. Pablo Pérez que anticipa con un toquecito, el Negro Chávez que ve bien la cancha y la cambia de izquierda a derecha, el Tucu Palacios que llega, no se apura, elige bien y la cruza, lejos del arquero. El Tucu siempre fue un chico interesante aunque Bianchi parecía no tenerlo en mayor consideración. Ahora volvió y parecía que se iba de nuevo. Ojalá que después de esto se quede, se lo merece.
El tercero, ahora de derecha a izquierda, lo mejor del repertorio del Comandante Chávez, corrida demoledora por izquierda, con ellos otra vez muy mal parados y resolución certera ante Barovero, quen no es que haya tenido ninguna responsabilidad directa pero bueno, hermano, tuviste tres mano a mano y perdiste los tres sin vuelta de hoja.
Realmente, semejó un partido antiguo. Allá lejos y hace tiempo, un mano a mano entre un jugador con bola dominada, tiempo y espacio contra el arquero era, de diez veces, ocho goles. Hoy no es así. Cierto es que los arqueros se preparan de otra manera, dominan otros fundamentos pero no menos cierto es que se ha perdido técnica individual, que son menos que antes los jugadores con debido control de la pelota. Será tal vez porque ya no se juega en los adoquines desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche con la Pulpo, hay mucho celular, mucha play y otras porquerías.
Dieciséis minutos (de los 14 a los 30), 3-0 y a otra cosa, mariposa. Un Boca sólido, dominante, sin fisuras salvo, quizá el Puma Gigliotti. El Puma, cuando no mete un gol, es como si no jugara. Firme el bloque defensivo. Correcto Sara, da tranquilidad. El Cata por primera vez de 2 con el Vasco y bien, buen debut de Torsiglieri, aceptable regreso de Monzón aunque no pasó mucho y el Chapa Fuenzalida que cuando no lo aprietan por su sector y le dan lugar para salir, está a sus anchas. Base de operaciones, Gago, un muy buen Gago.
Definitivamente, el mejor Gago es 5, 5 él solo, con toda la cancha de frente, con campo para seleccionar él cuándo sube y cuándo baja, cuándo se corre para un costado y cuándo para el otro. Así jugaba con Basile, con Seba Battaglia o eventualmente Pablo Ledesma haciéndole el trabajo sucio. Desde que volvió, casi no lo hemos visto pararse ahí. En la selección, tampoco, porque el 5 es Mascherano. Mientras no tengamos un enganche, el Vasco parece sentirse más seguro con un 5 de contención y Gago de otra cosa pero después de esta prueba que hizo en Mendoza debe haber tomado nota de que es una variante muy seductora ponerlo a Fernando donde más le gusta.
Gallardo, para el segundo tiempo, rearmó el equipo sólo para que no le metieran más goles, apenas eso. Colgó a Maidana, colgó a Vangioni que tenía amarilla desde el principio (¿quién le va a poner el cascabel a esa basura? Necesitamos voluntarios), sacó a Mora y dejó a Gutiérrez solo arriba.
Ya en el primer tiempo se quedaron con diez y la verdad es que la expulsión de Mayada fue un exceso de Abal, el foul que hizo no era de segunda amarilla pero la culpa la tienen los periodistas. Rompen los cocos todo el tiempo pidiendo tarjeta por cualquier boludez e influyen, desgraciadamente influyen más de lo que debieran, en todos los órdenes. Después, lo que haya dicho Sánchez lo saben sólo Sánchez y Abal aunque a este gil que escribe, en general, no le gusta que se eche a jugadores por hablar. En cuanto a Gutiérrez, se echó solo con su patada a Gago, es un pendenciero pero pendenciero pelotudo, se expone como un pavo.
El Vasco estaba disgustado y este gil que escribe, también. Era la irrepetible ocasión de meterles diez, doce, quince. Y en vez de ir a fondo, toqueteamos. Cambió la cosa cuando entró Jony Calleri, porque Jony quería por lo menos un gol y lo tuvo.
Fue el cuarto, gran corrida del pibito Vadalá hasta el fondo, a toda velocidad pero con pelota dominada, el toque para atrás y la definición de Jony, impecable, mirando antes de cruzar la pelota al palo descubierto. Más tarde, el quinto, muy buen cabezazo del uruguayito Bentancur, otro que va pintando lindo y aprovechando los minutos que le dan.
Antes de jugar con River en Mar del Plata, algún dirigente trasnochado o etílico pensó que, si no se ganaba, había que irlo al Vasco. Es verdad aunque no se reconozca y aunque usted no lo crea. De estos dirigentes que tenemos cabe esperar cualquier cosa. Ocho días más tarde, tras la redonda serie River-Vélez-River, estamos todos en el mejor de los mundos y de a yapa, a los que te jedi los metimos en una crisis, aunque tampoco se reconozca. Dentro de dos semanas empezamos a jugar por los puntos y estamos bien. Si llegara Lodeiro, un volante de características que hoy no tenemos, cartón lleno. Que no nos pinchemos.
Insufrible 2014, ocho cruces contra los que te jedi y ninguna flor. Año nuevo, vida nueva, dos rounds y dos KO. Y esta vez, 5 a 0, mi amor, 5 a 0. ¡Cinco a cero!



EL BOLETÍN: SARA 6, FUENZALIDA 6, CATA 6, TORSIGLIERI 6, MONZÓN 5, PABLO PÉREZ 5, GAGO 8, CRISTALDO 7, PALACIOS 7, GIGLIOTTI 4, CHÁVEZ 7 (FI), BENTANCUR 6, VADALÁ 6, CASTELLANI 4, CALLERI 7.

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