Es
mediodía del jueves y el Vasco Arruabarrena parece tener definido
que el domingo, con Belgrano, va a jugar Bentancur, promesa de muy
buen jugador en lugar de Palacios, el goleador del equipo en lo que
va del campeonato y que por añadidura, mojó en los últimos dos
partidos.
Sigue
buscando, el Vasco y que le vamos a decir... Quiere posesión, quiere
mayor solidez en la contención del medio campo. Lleva diez meses y
veinticinco días en su cargo y nunca encontró el equipo.
Parecía
que había dejado de lado las “rotaciones” compulsivas del primer
semestre, que ahora sí quería tener once titulares pero no, vuelve
a las andadas, hasta va a mudar de sistema, aunque la importancia de
este último punto sea muy relativa.
Lo
preocupa, al Vasco, lo jodido que es Belgrano, su capacidad para
encarajinar los partidos, además de las dificultades históricas que
nos ha presentado Córdoba como plaza y el agregado de que Belgrano
viene bien, ganador.
Por
lo que respecta a este gil que escribe, lo que lo preocupa es que el
técnico de su Boca Junors querido siga formando su equipo en función
de los rivales, le preste excesiva atención al que va a tener
enfrente y opere en consecuencia. Por no subrayar la evidencia de que
Belgrano, al fin de cuentas, no el el Barcelona ni el Milan de Arrigo
Sacchi ni el Madrid de los Galácticos ni el Ajax de los noventa ni
el Santos de Pelé.
El
Vasco sacó a Torsiglieri, el jugador más regular del primer
semestre, justo en el partido con River, dejó en el banco a Osvaldo
y lo puso de titular al partido siguiente, ponía a Marín y a
Peruzzi una vez cada uno, no encontró la forma de reemplazar a Erbes
cuando le faltó.
Los
erráticos golpes de timón con los que parecía haberla cortado pero
que ahora vuelven a la palestra se anotan como signo de inseguridad
suyo. Y lo peor es que dicha inseguridad se la transfiere en forma
automática a sus jugadores.
Desde
la eliminación con River por la Libertadores, segunda en seis meses
ante el mismo rival, el Vasco, como técnico de Boca, es Karen
Kinlan, está en vida vegetativa, conectado a un aparato por el cual
respira y conserva algunos otros pocos signos vitales. Sigue en su
cargo porque en el fútbol todavía no se dio lo que se dio con
Karen, que al final el juez autorizó a desenchufarla y terminar con
la ficción de su supervivencia. Lo políticamente correcto era
dejarlo y lo dejaron.
Sigue
hablando de que con River no tuvimos la posibilidad de pelearla hasta
el final por razones extradeportivas y tiene razón pero desvía el
foco de la parte que le compete. Prestémosle atención a Román, que
de esto sabe: en 135 minutos con River pateamos al arco dos veces.
Podemos seguir chicaneando folklóricamente con el escritorio pero no
se lo ha escuchado admitir al técnico de Boca la paliza táctica
que nos dieron en los 45 minutos de La Bombonera. Si no la asumimos, peor para nosotros. Tal vez prefiera el Vasco guardárselo para él pero asusta la posibilidad de que no haya
tomado conciencia de esa realidad.
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