jueves, 23 de julio de 2015

KAREN KINLAN ARRUABARRENA

Es mediodía del jueves y el Vasco Arruabarrena parece tener definido que el domingo, con Belgrano, va a jugar Bentancur, promesa de muy buen jugador en lugar de Palacios, el goleador del equipo en lo que va del campeonato y que por añadidura, mojó en los últimos dos partidos.
Sigue buscando, el Vasco y que le vamos a decir... Quiere posesión, quiere mayor solidez en la contención del medio campo. Lleva diez meses y veinticinco días en su cargo y nunca encontró el equipo.
Parecía que había dejado de lado las “rotaciones” compulsivas del primer semestre, que ahora sí quería tener once titulares pero no, vuelve a las andadas, hasta va a mudar de sistema, aunque la importancia de este último punto sea muy relativa.
Lo preocupa, al Vasco, lo jodido que es Belgrano, su capacidad para encarajinar los partidos, además de las dificultades históricas que nos ha presentado Córdoba como plaza y el agregado de que Belgrano viene bien, ganador.
Por lo que respecta a este gil que escribe, lo que lo preocupa es que el técnico de su Boca Junors querido siga formando su equipo en función de los rivales, le preste excesiva atención al que va a tener enfrente y opere en consecuencia. Por no subrayar la evidencia de que Belgrano, al fin de cuentas, no el el Barcelona ni el Milan de Arrigo Sacchi ni el Madrid de los Galácticos ni el Ajax de los noventa ni el Santos de Pelé.
El Vasco sacó a Torsiglieri, el jugador más regular del primer semestre, justo en el partido con River, dejó en el banco a Osvaldo y lo puso de titular al partido siguiente, ponía a Marín y a Peruzzi una vez cada uno, no encontró la forma de reemplazar a Erbes cuando le faltó.
Los erráticos golpes de timón con los que parecía haberla cortado pero que ahora vuelven a la palestra se anotan como signo de inseguridad suyo. Y lo peor es que dicha inseguridad se la transfiere en forma automática a sus jugadores.
Desde la eliminación con River por la Libertadores, segunda en seis meses ante el mismo rival, el Vasco, como técnico de Boca, es Karen Kinlan, está en vida vegetativa, conectado a un aparato por el cual respira y conserva algunos otros pocos signos vitales. Sigue en su cargo porque en el fútbol todavía no se dio lo que se dio con Karen, que al final el juez autorizó a desenchufarla y terminar con la ficción de su supervivencia. Lo políticamente correcto era dejarlo y lo dejaron.


Sigue hablando de que con River no tuvimos la posibilidad de pelearla hasta el final por razones extradeportivas y tiene razón pero desvía el foco de la parte que le compete. Prestémosle atención a Román, que de esto sabe: en 135 minutos con River pateamos al arco dos veces. Podemos seguir chicaneando folklóricamente con el escritorio pero no se lo ha escuchado admitir al técnico de Boca la paliza táctica que nos dieron en los 45 minutos de La Bombonera. Si no la asumimos, peor para nosotros. Tal vez prefiera el Vasco guardárselo para él pero asusta la posibilidad de que no haya tomado conciencia de esa realidad.

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