Vamos
a empezar por desmenuzar la acción clave que cambió el rumbo del
partido y fijar posiciones al respecto.
El
penal de Orion a Gamba es indiscutible, la infracción es evidente,
no se entiende que Baliño no la haya sancionado de inmediato y sin cavilaciones. Después, si es que el árbitro suplente la vio por
televisión y lo instó a sancionarla, por lo que a mí respecta, no
cambia nada. La regla que impide apoyarse en la televisión para
tomar una decisión trascendente en el curso del juego es anacrónica
e injusta. Cuando una normativa contraría el sentido común ni
siquiera hace falta su derogación expresa, se la va dejando de lado
hasta que cae natural y definitivamente en desuso.
La
expulsión de Orion es discutible pero en mi concepto, no
correspondía. Según mi observación, Orion ni siquiera tuvo
intención de cometer falta. La regla que pena con expulsión
automática la infracción que se comete para abortar una situación
de gol inminente, la que vulgarmente llamamos “último recurso”,
no se compadece con una infracción en que no hay intención. Tampoco
es que haya habido “violencia” premeditada ni “imprudencia”
extrema por parte de Orion, como dijo por radio del Plata el
indecente indeseable hijo de mil putas mala leche de Cima, cuya
animadversión hacia Boca es su marca registrada y, dada su falta de
profesionalismo, no logra disimularla, pobre. Hasta Fucks, que no se
caracteriza precisamente por la simpatía que pudiera tenernos, se
vio obligado a contradecirlo en el aire. Orion salió a la
desesperada a tratar de tapar como se pudiera pero quiso jugar, no
quiso voltear. Por otra parte, si la infracción no se producía, la
pelota se iba afuera, era saque de arco para Boca.
Listo,
pasemos al resto del juego.
Globalmente
considerada, la producción de Boca es de bajísimo nivel,
paupérrima, muy preocupante. Podríamos quedarnos con que la
circulación en ataque, durante los primeros veinte minutos, fue
fluida, la bola corrió por el piso, hubo asociaciones, versatilidad
y profundidad. Pero al fútbol se juega atacando y defendiendo. Para
que un equipo sea tal, en el cabal significado de la palabra, tienen
que conjugarse el funcionamiento ofensivo y el defensivo. Y la
función defensiva de Boca, desde el comienzo mismo, once contra
once, fue de catástrofe.
El
1-0 llegó muy rápido, seis minutos, el escenario siempre soñado. Y
fue muy bien concebido y ejecutado. Desequilibrio del Tucu Palacios
por derecha, centro mortal, Brítez que medio se resbala y la
devuelve forzado para adentro, formidable derechazo de Jony Calleri,
levantando la red. Pintaba para fiesta pero... Estando 1-0 hubo una
jugada que encendió el alerta, esa que el Cata rechazó mal y se lo
comió Zurbriggen muy cerca del arco. Nos perdonaron una vez, más no
podíamos pretender.
Otra
maniobra muy bien elaborada, con arranque incontenible y asistencia
magistral de Carlitos, fue esa que le quedó al Cabezón Meli
entrando por derecha, con el arquero desacomodado. ¿Por qué el
Cabezón eligió cruzarla para el otro lado en lugar de definir él,
como se imponía, como se caía de maduro, como estaba cantado? Y, no
es lo suyo, no está acostumbrado. Lo cierto es que nos poníamos 2 a
0 y quién sabe si se terminaba el partido, porque las fallas de
contención estaban pero sí íbamos a tener buena parte del camino
recorrido.
La
acción previa al penal de Orion es inexplicable, inexcusable,
imperdonable. Un pelotazo frontal de más de sesenta metros por parte
del arquero Fernández que nos pone a un tipo mano a mano con el
arquero nuestro. ¿En qué andaban los centrales, en qué estaban
pensando? Penal, expulsión de Orion, gol de Malcorra, partido
empatado y a remarla con uno menos con 67 minutos por delante. En
Córdoba habíamos aguantado muy bien no con uno sino con dos menos
pero bueno, la flauta no va a sonar a favor nuestro todos los días.
Jugar disminuido es un condicionamiento grave y por lo regular,
conduce a la derrota.
La
verdad, en el momento en que el Vasco sacó a Palacios, que había
empezado bien, para que entrara Sara, yo pensé que la mejor opción
era sacar a Calleri. Carlitos podía desdoblarse siendo media punta o
punta, moviéndose fuera del área o yendo adentro según las
circunstancias. Pero íbamos a necesitar alguien que fuera por una de
las bandas. Y con un hombre menos, no era de prever que pudiéramos
despegar a los laterales constantemente. Claro está que, al fin de
cuentas, Jony terminó jugando, en lo individual, un partido estupendo,
fue el mejor de los nuestros por lejos, metió dos goles y fue
partícipe fundamental en el otro, así que su permanencia en la
cancha quedó ampliamente justificada.
Cualquier
otra alternativa que analicemos no ofrecía garantía alguna. ¿Sacar
un volante? Gago es Gago (si lo sacamos, entre otras cosas, le damos
pasto a las fieras), Pichi Erbes es el que tiene que dar el
equilibrio (aunque jugó muy por debajo de los últimos partidos
anteriores) y Meli era el que podía darle una mano a Pichi. ¿Sacar
un lateral? Desarmar la línea de fondo cuando habíamos quedado con
diez no era aconsejable.
El
segundo gol de Unión fue consecuencia directa de una cagada
inaceptable por parte del Cata Díaz, que tuvo un día fatal,
inolvidable. Canchereó, hizo un enganchecito displicente, Martínez
se la afanó y se fue solo para definir ante Sara. Era un momento muy
delicado, estábamos sensibilizados, habíamos sentido el cimbronazo.
Para mí que el Cata quiso marcar presencia, dar una muestra de
seguridad y serenidad pero le salió al revés, la decisión errónea
que tomó fue un sígno de lo mal que estábamos. Julio Meléndez y
Juan Simón, los dos centrales más técnicos y lucidos que yo,
personalmente, haya tenido posibilidad de ver en Boca, jamás
corrieron riesgos innecesarios, jamás comprometieron al equipo por
exceso de suficiencia, jamás dudaron ni se les cayó ningún anillo
cuando la jugada exigía una resolución expeditiva.
Tuvimos
un guiño de la suerte, no había pasado ni un minuto del segundo
tiempo cuando empatamos. Lindo pase filtrado de Meli, Calleri quedó
muy encimado con el arquero y por eso no pudo definirla pero el
rebote le quedó a Carlitos y su disparo fue certero e inapelable.
Teníamos toda una etapa por delante para tranquilizarnos y
afianzarnos pero no ocurrió, habíamos perdido claridad y ya no
íbamos a recuperarla. Carlitos es un genio pero equivocó dos
definiciones que tuvo, puede suceder. Los cambios no nos sirvieron.
Jugamos por mucho tiempo metidos en campo rival, prevalecimos en
posesión, en ese sentido la desventaja numérica no se notó nunca
pero eso no significa que hayamos tenido el control del juego. Porque
no puede hablarse de “control del juego” si cualquier réplica
nos encuentra desarmados, mal parados, desarticulados.
El
tercer gol de Unión fue desesperante, flipper en el área, nadie que
atinara a sacarla, quedaba siempre adentro, mil rebotes hasta que
Brítez nos ajustició. Era como para pensar que ya no íbamos a remontarlo pero lo remontamos. Y ya muy cerca del final. Un centro
largo y a media altura de Gago y otra aparición fantasmal de Jony,
que anticipó con una palomita. Andaba con todas las luces prendidas,
Jony pero no iba a alcanzarnos ni para salvar un puntito.
El
cuarto de Unión, ya en el tiempo agregado, fue más desesperante que
el tercero. Malcorra la cruzó de izquierda a derecha, Affranchino la
devolvió de la derecha hacia el medio y llegó Gamba para meterla de
cabeza. Los nuestros corrían de un lado al otro sin encontrarla por
ningún lado. ¿Y Sara? En lugar de cortar camino e ir firme a
interrumpir el centro, como hubiera hecho el Tano Roma, persiguió la
pelota como para mirarla de cerca. Para eso, hubiese sido preferible
que se quedara debajo del travesaño, paseó por el área chica sin
rumbo determinado. No anduvo para nada bien, Sara, en su retorno.
Dos
apuntecitos, Cima, un par de mínimos detalles: previo al gol de
Brítez había un off side finito y previo al gol de Gamba hubo un
foulcito contra Gago (que se quedó protestando en lugar de seguir
con la jugada). Ya está, ya pasó, son jugadas que se comprueban en
las repeticiones de la tele, circunstancias del juego y nada más. No lloremos, no es lo nuestro. Para eso
siempre sobran entusiastas.
Créanme,
me invadió un cierto mal presagio cuando los de Unión salieron con
esa bandera en la que se leía “Bari, nunca te olvidaremos”. Al
plus que de por sí significa enfrentar a Boca se le iba a sumar otra
motivación muy especial y emotiva. Ahora bien, lo peor es que Unión
estuvo muy lejos de jugar su partido perfecto, cometió muchos
errores, nos dio un montón de oportunidades, no supo cómo
administrar la ventaja de un hombre, nos dejó levantarnos no una vez
sino dos. Pero perdimos igual. La peleamos pero fuimos
inconsistentes, no tuvimos estructura, no hubo respaldos de uno a
otro, no hubo tejido colectivo. Lo de Córdoba, una semana atrás,
nos esperanzó con que estábamos llegando al punto justo de madurez
y aplomo. Fue un espejismo. Unión nos volvió a la realidad, estamos
muy lejos de la madurez y la confiabilidad.
EL
BOLETÍN: ORION 5, FUENZALIDA 4, TOBIO 4, CATA 2, COLAZO 4, MELI 4,
ERBES 4, GAGO 5, TEVEZ 7, PALACIOS 6, CALLERI 8 (FI), SARA 3, CARRIZO
5, BENTANCUR 5.
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