sábado, 15 de agosto de 2015

¿QUERÉS IRTE, VASCO?

El título de River en la Libertadores “fue justo, demostraron ser los mejores en las semifinales y la final. Me pone contento por el cuerpo técnico porque los conozco. Marcelo Gallardo ha demostrado en situaciones adversas que fue fiel a un estilo en contra de todo lo que se decía, bancó a sus jugadores”.
Repaso tus palabras, Vasco y lo primero que se me ocurre es sugerirte que pidas prestado a DXTV la grabación con la nota que le hicieron un día antes a Rolín, uno de tus jugadores. Para que aprendas a declarar. A él también lo buscaron (no se la iban a perder) con el tema de River y Gallardo, con la excusa de que la araña fue primero compañero y después entrenador del Negro en Nacional.
La verdad, no sé qué decir -Alexis-. Por algo le va como le va. Trato de cubrirme con lo que digo porque en el 'Mundo Boca' cualquier declaración puede ser vista de dos maneras. Trato de hablar poco porque me dijeron una vez que el que habla poco se equivoca menos”.
Perfecto. ¿Entendiste, Vasco? Te dio una lección un tipo que conoció Boca hace siete meses. Esa es una respuesta adecuada y no lo que dijiste vos, que te expone. Y es doblemente llamativo porque a cada rato te jactás de que “conocés el club”, repetís que “llegaste a los 13 años”, insistís con que “es un año político”. Y después decís lo que decís y uno se siente tentado a pensar: “Éste tiene 27 años adentro del club al absoluto pedo”.
¡Cómo que “te pone contento”, boludo! Ciertamente, lo que dijiste sólo puede ser explicado desde la profunda confusión en que estás inmerso y a la que muy probablemente no sobrevivas. Aunque, pensándolo bien, cabe una segunda interpretación. ¿No será que estás preparando el terreno para irte, no?
En fin, sea por una causa o por la otra, lo que queda claro es que este club nuestro que creés -o creías- conocer como nadie te superó. Dentro de pocos días vas a cumplir un año en la dirección técnica y nunca diste pie con bola. Ganaste muchos partidos pero perdiste todos los que no se podían perder. Te comiste dos eliminaciones con River en seis meses y de eso, Vasco, no se vuelve. Si es que sabés tanto como decís de Boca, debieras saberlo.
Tuviste a tu cargo planteles que muy pocos de tus colegas pueden darse el lujo de tener en la Argentina. Y resulta que jamás tuviste un equipo. Hoy no lo tenés. Nos volviste locos a todos (a tus jugadores en primer término y a los observadores después) con tus “rotaciones”. Tomaste decisiones incomprensibles y así te fue.
Te trajeron a Torsiglieri, Torsiglieri se convirtió en el jugador más regular y confiable de Boca y vos lo manoseaste. Lo dejaste afuera en el partido en que nos jugábamos la clasificación con River. Torsiglieri se fue a México porque le pusieron mucha guita pero yo creo, Vasco, que también se fue porque no te aguantaba más (aunque por buen gusto no lo haya dicho, hacé de cuenta que te la perdonó).
Te trajeron a una estrella, Osvaldo (cierto es que con desmesurado marketing) y también lo dejaste afuera en un partido clave, con River allá. Ni Osvaldo ni Calleri supieron nunca quién era titular y quién no y eso se paga, Vasco.
Lo colgaste primero y lo echaste después a Pablo Ledesma. Dijiste que por “razones futbolísticas, exclusivamente” y vos sabés que no te lo cree nadie. En ese partido con San Lorenzo en que presentaste un rejuntado Ledesma fue de lo más rescatable, opinión generalizada y hete aquí que fue el último partido de su muy valorable trayectoria en Boca.
Respondiste a los dirigentes que te trajeron, elegiste ser funcional a los que te pusieron al frente del plantel del mejor club del mundo sin que tuvieras curriculum suficiente y les diste un gusto. Creíste (ellos también creyeron) que con Ledesma eliminaban el últImo foco de “riquelmismo” en Boca pero no, Vasco. Al “riquelmismo” en Boca no se lo mata. ¿Eso tampoco lo sabés?
Como último esfuerzo supremo por remontar una carrera electoral muy dura, te trajeron a un crack sin vuelta de hoja, Carlitos Tevez. Debés haber sentido que con ese as de espadas se te iban a solucionar casi todos los problemas. Pero pasó, Vasco, que Carlitos vino, vio y encontró cosas que no le gustaron. Y lo hizo saber. Tiene una década de elite europea, entiende. Y se te fue de las manos, te pasa por arriba.
El último acto (por ahora) de tu drama fue la aparición inopinada y extraoficial de Roberti, después de tu conferencia, para hablar con un grupo de periodistas. Confesó, el tipo, palabras más, palabras menos, que Boca se le está haciendo una carga. ¿Sabés que a Roberti, en la intimidad de los entrenamientos, lo llamamos “Verdaguer”? Por esos monólogos que suelen consumir cuarenta minutos que debieran ser de trabajo, con el plantel en su derredor, en la cancha de Casa Amarilla y todos cagándose de risa y aplaudiendo. ¿Estás seguro de que eso boludeo fortalece el grupo? Carlitos parece que lo duda.
No voy a cuestionar desde mi ignorancia, Vasco, los métodos de un profesional universitario pero la verdad es que me llama mucho la atención la forma de trabajar de Roberti porque he visto a muchos profes y ninguno como él, que no haga correr a los jugadores. Pregunto: ¿cómo se les da fondo y resistencia a los jugadores si no corren?
Hablo de “último acto” porque no parece casual que alguien de tu extrema confianza, como Roberti, se haya prestado a decir lo que dijo. Por eso vuelvo a preguntarme si no estarás preparando el terreno para irte.
Querés parecer seguro de tus actos pero no lo lográs, Vasco. Ojalá no nos pase pero si nos llega a faltar un lateral durante el partido con Arsenal, vas a tener que hacer dibujos raros. Fuera de Peruzzi y hasta cierto punto Colazo, no tenés entre los 19 concentrados a nadie con oficio para cubrir esa posición. Si ponés a Meli de 4 o a Rolín o al Cata de 3 se tratará de experimentos muy riesgosos, con amplias posibilidades de que te salgan mal.
Estás confundido, Vasco y ya no tenés margen de error, los tiempos se nos acortan a todos. Una lástima, por lo que fuiste como jugador, un tipo que siempre nos cumplió y nos dio muchas cosas y también porque siempre te tuvimos por muy buena gente. Aunque en este último año comprobamos que mentís demasiado, más de lo que reconocés jocosamente. Y la mentira siempre tuvo patas cortas, Vasco.







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